Otra vez, turistas electos

Otra vez repiten lo mismo. Y todavía rondan recuerdos de noticias que desde los años sesenta nos han venido anunciando las visitas a países extranjeros que hacen nuestros funcionarios y sus asesores para buscar allá soluciones a los problemas de ciudad que tenemos acá. Como si las respuestas se encontraran, así de fácil, mirando los ejemplos de cómo le hicieron los otros. Como si se tratara del mismo caso clínico de “el enfermo, la enfermedad y la medicina”, ignorando que las causas, condiciones y circunstancias de nuestras aflicciones son totalmente propias, inigualables. Ciertamente compartimos algunos síntomas, pero la naturaleza de cada ciudad es única y siempre cambiante. Ya sea el tema el agua, la seguridad, el transporte o la basura.

Ahora se anuncian, otra vez, preparativos para que nuestras ilustres autoridades electas emprendan sus viajes de estudio hacia las mecas latinoamericanas, cuyas historias de éxito en la solución de sus problemas de espacios y servicios de transporte públicos son la “non plus ultra” gran maravilla. Antes eran Europa, los Estados Unidos y Japón. Ahora son suplantados por otros destinos turísticos más de moda. Colombia y Brasil han surgido como alternativas tercermundistas más baratas a nuestro alcance hoy.

Lo que nos pasa es como el teatro del absurdo, donde todos los actores repiten vueltas a un punto o deseo fijo; en el que entran y salen, unos y otros, con cada telón-elección. Otra vez.

No es que esté mal aprender sobre el tema y las cosas del transporte público. Sin embargo, como el añejo secreto que se protege a sí mismo frente a quienes no están capacitados para entenderlo, los asuntos de Estado y Gobierno no están en las cosas ni los artefactos técnicos, sino en las instituciones. Es allí, en el diseño de instituciones, donde nos han rebasado quienes organizan y operan exitosos servicios de transporte público; ya sean los superbuses, trenes ligeros, tranvías o metros del mundo. Estas soluciones no se compran, se diseñan. En esto, los trajes o son a la medida o hacen el ridículo.

Curiosamente, aquí ya estuvimos a la vanguardia en estos temas hace mucho tiempo. Sólo un ejemplo: en Guadalajara ¡hace 100 años! los tranvías eléctricos operaban a lo largo de 60 kilómetros, comunicando a todas las colonias con el Centro de la ciudad y sus principales parques, zonas y paseos. La red, que consistía en 12 circuitos, alcanzaba hasta Zapopan, Tlaquepaque y Huentitán. Hoy, en los países avanzados, el tranvía eléctrico es considerado el futuro deseable; otra vez.

Tristemente, mientras nos abocamos por décadas al amorío con el coche, destruimos calles, barrios, parques y edificios para poder presumirnos modernos; construyéndonos así un embotellamiento atroz, cuya salida buscamos ansiosamente.

No se trata de fastidiar los festejos a quienes han ganado sus nuevos encargos. Que viajen. Pero que no olviden la advertencia eterna de los poetas épicos a sus héroes: quienes buscan estar a la altura de las ideas y conquistas de sus tiempos, finalmente encontrarán que en el conocimiento de la historia y naturaleza propia está la verdadera inspiración. La respuesta se esconde ya en la ciudad a la que han de regresar.

NORBERTO ÁLVAREZ ROMO / Presidente de Ecometrópolis, A.C.
Correo electrónico: nar@megared.net.mx
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