Objetividad versus subjetividad


Leímos con especial interés un comentario con mucho gracejo por el columnista Javier Marías, en el suplemento dominical de “El País”, en el que intenta defender con ciertos argumentos convincentes ese concepto tan vago, tan abstracto y tan complejo que es la subjetividad, y en su defensa a ultranza Marías echa mano de ejemplos de la historia, verdaderamenente subjetivos, y así, de esa manera lograr explicar el significado de ese concepto más bien filosófico que gustan de usar a menudo los marxistas.

Pero, la cosa es que tanto objetividad como subjetividad vienen a ser conceptos fundamentales para explicar muchos aspectos no solamente de la realidad monda y lironda, es decir de la realidad empírica, sino de una conceptualización de tipo político que deviene en resultados necesarios para evitar confusiones que a la larga será difícil o imposible de esclarecer.

Desde este punto de vista, consideramos que ambos conceptos siempre van de la mano, es decir son concomitantes, pues se interrelacionan y se complementan de tal modo que es la forma en que se está en condiciones de entender el significado de la realidad, y es más el actuar del individuo en el contexto sociopolítico respectivo.

Así, las cosas, estos dos términos opuestos y complementarios nos indican respectivamente, una concepción de la historia y de la actividad que juzga preponderantemente los elementos objetivos sobre los subjetivos en una situación dada o, viceversa, los elementos subjetivos sobre los objetivos.

Así las cosas, podemos considerar que por elementos objetivos se entienden aquéllos que constituyen la realidad en torno al hombre y en la cual se desarrolla una acción; si estos elementos son aquéllos que constituyen el cuadro económico, social y político del momento histórico en que un partido desarrolla la propia actividad y toma las propias decisiones es fácil comprender que la cuestión objetivismo-subjetivismo asume instantáneamente un carácter muy distinto del teórico.

Por elementos subjetivos se entienden aquéllos que dependen de la actividad teórica y práctica, no ya de cada individuo -el sujeto personal- sino de un grupo político o de toda la clase. Y ya que ambos términos se utilizan de hecho con intenciones críticas o polémicas, subjetivismo querrá decir fe excesiva en las posibilidades de las iniciativas prácticas del grupo y abandono de las condiciones objetivas en que se toman las iniciativas; objetivismo, a su vez, querrá decir ningún crédito a las iniciativas prácticas del grupo o a las posibilidades de intervención de las clases sobre las cuales prevalecen condiciones objetivas que no permiten actuar de la manera debida.

Es evidente que encontrar el punto de convergencia justo entre la voluntad subjetiva de la intervención revolucionaria y la realidad objetiva en la cual y sobre la cual se desarrola la intervención no es nada fácil, por lo cual la polémica se encuentra siempre abierta.

A fin de cuentas, los ejemplos que cita Javier Marías en su nota de referencia, además de resultar oportunos, para que sean convincentes habría que analizarlos desde el punto de vista de esta concepción dual, objetividad-subjetividad; ambas merecen sendas defensas.

MANUEL LÓPEZ DE LA PARRA / Periodista.
Correo electrónico: loppra@economia.unam.mx
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