¿No se olvida...?

ENTRE VERAS Y BROMAS               

Quien dijo que “No es lo mismo ‘Los Tres Mosqueteros’ que ‘Veinte Años Después’”, no tendrá inconveniente en permitir que se le cuelgue una especie de cola de papalote a su frase inmortal: “Y que cuarenta, mucho menos”.

—II—

Ayer que se conmemoraron 40 años de la masacre de Tlatelolco, hubo quienes entonaron otra vez, como quien desempolva un “long play” de aquella época y lo activa en una consola reacia a jubilarse, el estribillo consabido: “Dos de octubre no se olvida”. Los sobrevivientes de aquel episodio —consignado, sin más, como “graves incidentes” en las primeras ediciones de los libros de texto gratuitos (y oficiales, por tanto) de historia—, los deudos de algunas de las víctimas, los intelectuales que convirtieron la historia en literatura —barata, muchas veces...—, así como algunos honestos correligionarios ideológicos de los participantes en el movimiento estudiantil que en aquel tiempo demandaba “libertad a los presos políticos” y, en general, espacios más amplios para el ejercicio de una democracia propiamente dicha, retomaron las añejas demandas: la resurrección de los vetustos expedientes, la integración de una “fiscalía especial” —tan útiles que son...— que retome la causa, el enjuiciamiento de los responsables...
y, como corolario, la cárcel a quienes hubieran incurrido en lo que se insiste en calificar de “genocidio”.

La cíclica y cada vez más tenue reiteración (porque cada vez son más escasas —y, por razón natural, más débiles— las voces que retoman la añeja muletilla) en que se haga justicia, coincide con la publicación de un nuevo libro sobre el tema. En él, Luis Echeverría, quien fuera secretario de Gobernación durante el régimen de Gustavo Díaz Ordaz, esgrime las mismas justificaciones de antaño para la represión: so pretexto de la inminente inauguración —el día 12 del mismo mes— de los Juegos de la XIX Olimpiada, había una corriente interesada en desacreditar, primero, y desestabilizar, a continuación, a México. Se trataba de salvar al país, sostienen. Y eso —afirman—, aun a un costo muy alto, que duele aún, en vidas humanas, se consiguió.

—III—

“Dos de octubre no se olvida”, insiste la cantaleta. Y tiene razón: no se olvida... cada 2 de octubre.
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