En dos por tres
LUIS SANDOVAL GODOY
Duele. Ésta es una de esas cosas que no pueden verse de modo impasible.
Por más fría que sea una persona, por más que quiera decirse ajena a cuanto va o viene más allá de sus intereses, nadie puede sentir indiferencia ante un niño de labios blancos, de mirar cansado, de actitud macilenta, boca seca, estómago vacío, que no desayuna, que no tiene alimento indispensable.
Hay cifras dramáticas que cuentan el alto porcentaje de niños desnutridos, el número de familias en condición de miseria que no alcanzan a dar a sus hijos el alimento requerido en su normal desarrollo. Se señala que en Jalisco hay 80 mil pequeños que padecen desnutrición. Y a nivel nacional, se afirma que alcanza más de un millón el número de niños que crecen con hambre.
Medios adultos
Desde que el niño nace y hasta los cinco años de edad, corresponde el período condicionante para el porvenir de aquel pequeño, para que alcance un avance conveniente, en todas sus facultades físicas y mentales, si tuvo una alimentación adecuada; o el porvenir trágico de aquellos que van tener secuelas dolorosas en su vida adulta, si vivieron una infancia con hambre.
El niño que carece de una alimentación compuesta de nutrientes básicos, como la leche, será siempre enfermizo, tendrá dificultad para el aprendizaje escolar, irá siempre a la deriva de compañeros fogosos y fuertes, y en su palidez, en su condición disminuida, va a ofrecer la imagen lastimosa de un adulto a medias, que caminará siempre atrás con respecto de los demás.
Generoso empeño
No puede desconocerse el esfuerzo de instituciones públicas y privadas, al paso de este problema nacional. En especial, se ha de mencionar el noble esfuerzo mantenido ya en más de medio siglo, en una acción de particulares denominada Organismo de Nutrición Infantil, que otorga cada día alimentos a seis mil niños jaliscienses y a 500 huicholes.
Mediante una cuota simbólica de tres pesos diarios, entrega a las madres la porción de leche que requieren sus hijos, mientras que psicólogos y trabajadoras sociales destacados en zonas marginales, llevan registro de cada niño desnutrido, controlan su peso, su desarrollo, su estado de salud, para determinar aquellos casos que requieren de un tratamiento médico especial.
LUIS SANDOVAL GODOY / Escritor.
LUIS SANDOVAL GODOY
Duele. Ésta es una de esas cosas que no pueden verse de modo impasible.
Por más fría que sea una persona, por más que quiera decirse ajena a cuanto va o viene más allá de sus intereses, nadie puede sentir indiferencia ante un niño de labios blancos, de mirar cansado, de actitud macilenta, boca seca, estómago vacío, que no desayuna, que no tiene alimento indispensable.
Hay cifras dramáticas que cuentan el alto porcentaje de niños desnutridos, el número de familias en condición de miseria que no alcanzan a dar a sus hijos el alimento requerido en su normal desarrollo. Se señala que en Jalisco hay 80 mil pequeños que padecen desnutrición. Y a nivel nacional, se afirma que alcanza más de un millón el número de niños que crecen con hambre.
Medios adultos
Desde que el niño nace y hasta los cinco años de edad, corresponde el período condicionante para el porvenir de aquel pequeño, para que alcance un avance conveniente, en todas sus facultades físicas y mentales, si tuvo una alimentación adecuada; o el porvenir trágico de aquellos que van tener secuelas dolorosas en su vida adulta, si vivieron una infancia con hambre.
El niño que carece de una alimentación compuesta de nutrientes básicos, como la leche, será siempre enfermizo, tendrá dificultad para el aprendizaje escolar, irá siempre a la deriva de compañeros fogosos y fuertes, y en su palidez, en su condición disminuida, va a ofrecer la imagen lastimosa de un adulto a medias, que caminará siempre atrás con respecto de los demás.
Generoso empeño
No puede desconocerse el esfuerzo de instituciones públicas y privadas, al paso de este problema nacional. En especial, se ha de mencionar el noble esfuerzo mantenido ya en más de medio siglo, en una acción de particulares denominada Organismo de Nutrición Infantil, que otorga cada día alimentos a seis mil niños jaliscienses y a 500 huicholes.
Mediante una cuota simbólica de tres pesos diarios, entrega a las madres la porción de leche que requieren sus hijos, mientras que psicólogos y trabajadoras sociales destacados en zonas marginales, llevan registro de cada niño desnutrido, controlan su peso, su desarrollo, su estado de salud, para determinar aquellos casos que requieren de un tratamiento médico especial.
LUIS SANDOVAL GODOY / Escritor.