Según los evangelios de San Mateo y San Lucas, el 25 de diciembre conmemoramos el Nacimiento de Jesucristo en Belén. Pero como éstos no mencionan fechas, nunca ha sido seguro que naciera ese día. De acuerdo a otras referencias bíblicas, los académicos deducen que la fecha más probable de su Nacimiento sea dos años antes, entre agosto y septiembre. Por conveniencia política, el actual día de Navidad fue oficialmente decretado el año 345.
El ciclo regular del Sol es lo que marca a todos los pueblos su calendario anual. El día 22 de diciembre el Sol alcanza su mayor inclinación hacia el Hemisferio Sur. Los días 23 y 24 del mes el Sol parece estacionarse allí, inmóvil. Quienes viven por encima del paralelo 66.5 Norte, encuentran que a esas latitudes hasta desaparece por esos días. El día 25 de diciembre nace el nuevo año solar, otra vez, y empieza su trayectoria hacia el norte. Alcanza su máxima el 22 de junio, día del solsticio de verano cuando empieza, otra vez, a regresar.
Mirando al cielo celeste del amanecer navideño, si uno sigue la dirección que marcan las tres estrellas del cinturón de Orión, éstas apuntan hacia otra estrella llamada Sirius, la más brillante de todas las que se pueden ver al ojo desnudo. Se encuentra al Oriente, justo allí donde sale el Sol, el día 25. La historia de los tres Reyes Magos que por ella se orientan para festejar el Nacimiento, surge de este fenómeno natural para explicar una verdad astronómica a manera de cuento, que con el tiempo se convirtió en la base de la tradición cristiana.
La Iglesia primitiva absorbía los ritos paganos que ya celebraban el solsticio de invierno. La fiesta pagana más estrechamente asociada con la nueva Navidad era la Saturnalia romana. Del 17 al 24 de diciembre honoraban a Saturno, dios de la agricultura, celebrando una semana de diversiones, banquetes y regalos. Al mismo tiempo, se celebraba en el Norte de Europa una fiesta de invierno similar en la que se quemaban grandes troncos adornados con ramas y cintas en honor a los dioses para conseguir que el Sol brillara con más fuerza.
En la Edad Media se celebraba con la puesta del “Nacimiento”, los villancicos y las pastorelas. Hubo una conmoción en 1552 cuando en Gran Bretaña los puritanos prohibieron la Navidad. Aunque el homenaje regresó a Inglaterra en 1660 con Carlos II, sus rituales no reaparecieron hasta cuando se imprimió la primera tarjeta de Navidad en Londres en 1846. La moderna imagen de Santaclós con el trineo, los renos y las bolsas con juguetes fue una invención estadounidense inspirada en las alegres figuras legendarias de Papá Noel y San Nicolás, propias del espíritu navideño europeo.
La Navidad evoluciona con el tiempo, según las esperanzas de todos quienes participan de ella. En la era de la globalización, una de las características de lo que sucede a nivel mundial es que los pueblos tienden a parecerse mayormente entre sí. No hay otro ejemplo más claro de esto que las fiestas navideñas, en las que distintas tradiciones expresan un deseo común de alegría y buena voluntad hacia los demás, cada quien a su manera.
NORBERTO ÁLVAREZ ROMO / Presidente de Ecometrópolis, A.C.
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