Efectivamente, año con año, nos deseamos lo mejor en esta Navidad y el año nuevo. No puedo dejar de repetir que pido paz, mucha paz, que nos envuelva esta dicha en todas nuestras familias.
Siento una extraña experiencia de vivir en una guerra, pero que al mismo tiempo no parece suceder nada. Salgo a las calles y todo sigue en relativa tranquilidad, nuestras vidas cotidianas no padecen de los escándalos que abundan en los medios y que nos acaban abrumando con sus pesimistas noticias.
Quiero que cambiemos nuestra forma de vivir y que seamos más optimistas.
Sueño con una sociedad más justa y equitativa, pero que todos los hombres de buena voluntad se empeñen en poner su granito de arena para aligerar la carga de los más marginados y excluidos de nuestra sociedad. Duele la pobreza y la miseria en la que todavía vive tanta gente, y al mismo tiempo tener que soportar los insultantes sueldos que se recetan los diputados y funcionarios de las diversas esferas de gobierno. Y qué decir de las exageradas fortunas que hacen unos cuantos privilegiados y que no comparten con la comunidad. Ricachones empedernidos que no saben más que nutrir su codicia y vanidad.
Quiero ver rostros alegres y que encuentren el alivio de la sonrisa para seguir soportando las penas de esta vida. Que sepan reconocer que el dolor es inevitable; pero que el sufrimiento es opcional. Que detrás de toda experiencia difícil hay una lección más que aprender y un obstáculo más alto que enfrentar.
Me entusiasma ver el empeño y la devoción de los padres que se entregan a sus hijos con especial sacrificio. Pero deseo que los irresponsables e irreverentes retornen arrepentidos al seno de su hogar para abrazar a sus hijos y decirles que los aman.
Espero que la unidad familiar sea el trabajo cotidiano de sus miembros, que sepamos valorar el encanto de la armonía y el respeto entre los hermanos. Y si falta, que aprendamos a cultivarlo con especial esmero.
Aspiro ver a los jóvenes unidos para erradicar el exceso del consumo de alcohol y firmeza para decir no a las drogas. Que sean ellos mismos los que formen las brigadas que luchen contra la peor de las enfermedades que azota a nuestra sociedad: las adicciones de cualquier tipo.
Pido que las mujeres dejen de buscar argumentos para justificar el aborto y cultiven el amor a la vida y trasmitan que el vientre materno debe ser el lugar más seguro para crecer, y no la prisión y el cadalso de tantas víctimas inocentes.
Que esta Navidad sea una renovación de la fe y la disposición del alma para glorificar al Creador y cumplir cabalmente con la cultura del AMOR.
Te deseo a Ti, amable lector, lo mejor para toda tu familia y que sigas nutriendo tu espíritu para ser ejemplo ante los tuyos.
Hoy puedes cambiar, inicia el 2010, con más amor en tu corazón.
La verdadera lucha está en tu interior. Conquista primero la paz en ti, es tu mejor regalo.
GUILLERMO DELLAMARY / Filósofo y psicólogo.
Correo electrónico: dellamar@yahoo.com
Siento una extraña experiencia de vivir en una guerra, pero que al mismo tiempo no parece suceder nada. Salgo a las calles y todo sigue en relativa tranquilidad, nuestras vidas cotidianas no padecen de los escándalos que abundan en los medios y que nos acaban abrumando con sus pesimistas noticias.
Quiero que cambiemos nuestra forma de vivir y que seamos más optimistas.
Sueño con una sociedad más justa y equitativa, pero que todos los hombres de buena voluntad se empeñen en poner su granito de arena para aligerar la carga de los más marginados y excluidos de nuestra sociedad. Duele la pobreza y la miseria en la que todavía vive tanta gente, y al mismo tiempo tener que soportar los insultantes sueldos que se recetan los diputados y funcionarios de las diversas esferas de gobierno. Y qué decir de las exageradas fortunas que hacen unos cuantos privilegiados y que no comparten con la comunidad. Ricachones empedernidos que no saben más que nutrir su codicia y vanidad.
Quiero ver rostros alegres y que encuentren el alivio de la sonrisa para seguir soportando las penas de esta vida. Que sepan reconocer que el dolor es inevitable; pero que el sufrimiento es opcional. Que detrás de toda experiencia difícil hay una lección más que aprender y un obstáculo más alto que enfrentar.
Me entusiasma ver el empeño y la devoción de los padres que se entregan a sus hijos con especial sacrificio. Pero deseo que los irresponsables e irreverentes retornen arrepentidos al seno de su hogar para abrazar a sus hijos y decirles que los aman.
Espero que la unidad familiar sea el trabajo cotidiano de sus miembros, que sepamos valorar el encanto de la armonía y el respeto entre los hermanos. Y si falta, que aprendamos a cultivarlo con especial esmero.
Aspiro ver a los jóvenes unidos para erradicar el exceso del consumo de alcohol y firmeza para decir no a las drogas. Que sean ellos mismos los que formen las brigadas que luchen contra la peor de las enfermedades que azota a nuestra sociedad: las adicciones de cualquier tipo.
Pido que las mujeres dejen de buscar argumentos para justificar el aborto y cultiven el amor a la vida y trasmitan que el vientre materno debe ser el lugar más seguro para crecer, y no la prisión y el cadalso de tantas víctimas inocentes.
Que esta Navidad sea una renovación de la fe y la disposición del alma para glorificar al Creador y cumplir cabalmente con la cultura del AMOR.
Te deseo a Ti, amable lector, lo mejor para toda tu familia y que sigas nutriendo tu espíritu para ser ejemplo ante los tuyos.
Hoy puedes cambiar, inicia el 2010, con más amor en tu corazón.
La verdadera lucha está en tu interior. Conquista primero la paz en ti, es tu mejor regalo.
GUILLERMO DELLAMARY / Filósofo y psicólogo.
Correo electrónico: dellamar@yahoo.com