Mientras la gasolina sube, la “lana” baja

No por algo, en estos tiempos, los energéticos son las fuerzas fundamentales que mueven la acción, el quehacer económico en todas sus manifestaciones, de tal modo que sin electricidad ni petróleo prácticamente la sociedad moderna quedaría totalmente desquiciada.

Por consiguiente, el petróleo y sus muchos derivados y subproductos son objeto de un comportamiento especial en eso que se denomina las leyes del mercado, “la mano invisible” de Adam Smith, actuando sobre la oferta y la demanda de los precios, en este caso, de las gasolinas.

Y en estos días septembrinos, mientras el común de la gente está celebrando las Fiestas Patrias, a la chita callando el señor Gobierno, usando circunloquios desgastados, optó por subir el precio de las gasolinas de manera gradual, que dizque por la tendencia internacional de los precios y cotizaciones del petróleo, y éstos vaya que sí tienen efectos sobre la población, conformada en su inmensa mayoría por masas de pobres, empobrecidos y en grados de extrema pobreza. Y esto se refleja en encuestas realizadas recientemente por los medios informativos: 95% de personas encuestadas la semana pasada siente que tales incrementos —ya van 18 consecutivos— han afectado sensiblemente a su presupuesto familiar; 4% dijo que poco y sólo 1% expresó que nos les ha afectado en nada.

Encuesta más que elocuente, en donde los números hablan. Eso quiere decir que ese 1% son integrantes de la clase privilegiada, o sea los que tienen el poder económico y que lo detentan; es, vamos, la “gente bonita...”.

Afecta a unos, aun a aquellos que no tengan “coche”, como el bueno de René Avilés Fabila, porque automáticamente los costos y precios de todos los productos habidos y por haber se están elevando de modo arbitrario, “a la mexicana”, y sin control real.

En lo que va de este año, 37 semanas, los precios de los combustibles han aumentado ya 18 veces, es decir, cada 15 días. Ahora se incrementará cada siete, a razón de cuatro centavos por semana o 20 al mes, o un peso de aquí a mediados de febrero, o a 1.80 antes de las elecciones de julio.

Pero tras estos aumentos “patrióticos”, se oculta una gran verdad: ejercer presión sobre el pueblo, afectando su gasto familiar para propiciar un clima adecuado y llegar a la conclusión de que, si el Senado adopta las “reformas” propuestas por ya sabemos quién, las generosas transnacionales construirán en México modernas refinerías para ofrecer gasolinas no sólo de mejor calidad, sino a precios mucho más reducidos (¿¿??).

En suma, y como corolario de todo esto: En el transcurso de los próximos meses el pueblo mexicano pagará un aumento en el precio de esos combustibles indispensables en todos sentidos, de hasta 44% más de lo que se está pagando actualmente...

MANUEL LÓPEZ DE LA PARRA / Periodista.
Correo electrónico: loppra@economia.unam.mx
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