México: alta tensión

Esta semana sí que dio choques. Es más, la alta tensión que estamos viviendo en el país sacó chispas en lo político, en lo económico y en lo social.

El Sindicato Mexicano de Electricistas no logró la huelga nacional con la que amenazaba; porque si bien sí que inmovilizó al Distrito Federal el miércoles 11 de noviembre, afortunadamente para todos —incluidos nosotros los chilangos— el DF no es México. Con todo, los sindicalistas enojados dieron toques con su movilización.

Un elemento nuevo, y algunos podrán considerar inquietante que asomó en la manifestación de esta semana, es la suma del Sindicato de Telefonistas a través del ahora diputado perredista; Francisco Hernández Juárez, al movimiento de protesta.

Hernández Juárez introdujo en el debate de la extinción de la compañía de Luz y Fuerza el asunto de la prestación del servicio de Triple Play —video, telefonía e Internet— por  el que tanto ha peleado el dueño de la empresa que contrata a la mayoría de los telefonistas. En solidaridad, han sumado, pues, el interés propio.

Aunque no es difícil, si no imposible revertir la extensión de la empresa como se vio esta semana, es un error minimizar las derivadas de este conflicto. No por nada cuatro presidentes antes que Felipe Calderón eludieron atajar a un sindicato rijoso y conectado orgánicamente a las estructuras clientelares de la izquierda.

El Presidente Calderón lo hizo y hay que reconocer la valentía política implícita en impulsar una medida de la cual existen documentos que demuestran que se había recomendado por estricta lógica de finanzas públicas desde nada menos que 1985.

El sector privado lo pedía una y otra vez aduciendo que simplemente las cuentas públicas no daban y que el mal servicio a la iniciativa privada tampoco justificaba el desembolso; con todo y eso el grado de tensión entre el jefe del poder Ejecutivo y el empresariado nacional es tan evidente que aun en el evento de la Cumbre de Negocios de Monterrey la IP le escatimó un aplauso.

Evento anual que refrenda la vocación visionaria del Estado de Nuevo León, la séptima Cumbre de Negocios esta semana hizo un ejercicio adicional: pensar cómo crecer el “fair share” el porcentaje de presencia en el mercado internacional que tienen las exportaciones mexicanas en el mercado internacional.

El dato duro es que los productos que tienen el sello de la marca México —la décimo tercera economía mundial, la quinta entre los mercados emergentes— representan el 1.7% del comercio internacional.

Un estudio realizado por analistas de la consultoría Accenture y del departamento de Inteligencia de la Revista Expansión propusieron cinco sectores de la economía nacional en los qué centrar la energía pública, privada y social para potencializar la marca México.

Turismo, automotriz y aeronáutica, agronegocios, tecnologías de la información y salud son los espacios en los que se piensa que hay fundamentos para si se aplican algunos viabilizadotes como por ejemplo aplicación de reglas claras y flexibilización laboral.

Ojo, el tema no es lograr el estado de los viabilizadotes, tampoco es lograr el estado de derecho o la reforma laboral, sino mucho mas acotado, es establecer mecanismos concretos para respetar contratos en esas secciones y promover que en estos sectores los empresarios puedan crear empleos con marcos específicos, que de ser aceptados por los empleadores, sean menos rígidos que los que actualmente se dan en las relaciones laborales.

En este año de definiciones se trata de capitalizar la crisis para hacer una introspección nacional y dejar de buscar las soluciones totales, las verdades reveladas de unas reformas estructurales siempre deseadas y hasta ahora no logradas.
Si se empieza a pensar cómo sí se pueden hacer las cosas en México en lugar de pensar porqué no se puede, habría un cambio cualitativo en la vida nacional.
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