Lejos de los discursos aquellos en los que algunos militantes y dirigentes del Partido Acción Nacional en Jalisco reconocieron que por sus errores y distanciamiento de la sociedad sobre todo, perdieron las elecciones de 2009, ayer tuvimos una muestra de que la obsesión por el poder a través del control del Legislativo es tal, que no les importa violentar un acto democrático, aun a sabiendas de que el margen de maniobra es prácticamente nulo.
En un hecho sin precedente, los integrantes de la Mesa Directiva de la LVIII Legislatura del Congreso del Estado no se presentaron en el Palacio Legislativo para tomar la protesta de rigor a los diputados de la LIX Legislatura, que deberán entrar en funciones el próximo 1 de febrero.
Salvo el vicepresidente, del Partido de la Revolución Democrática, faltaron los legisladores panistas y Alfredo Zárate, del Partido del Trabajo, quien durante la gestión se caracterizó por votar en bloque junto con la bancada blanquiazul.
La Ley Orgánica del Congreso del Estado contempla qué hacer en estos casos, y seguramente se recurrirá a la opción de nombrar como decanos a algunos de los diputados electos, para que ellos mismos tomen y rindan protesta a los 39 legisladores.
El hecho, calificado así por uno de los diputados entrantes, es inédito, pero sobre todo deja en evidencia —según coinciden todas las fuerzas políticas afectadas— que el fin no justifica los medios, y la operación política desesperada de Acción Nacional para seguir negociando con los dos legisladores de Nueva Alianza y quitarle la mayoría al Partido Revolucionario Institucional.
Las omisiones son graves: el interés supremo de la sociedad jalisciense, su bienestar y la búsqueda de consensos y de acuerdos para sacar adelante los marcos legales que se requieren, algunos con urgencia.
Por la decisión tomada por la mayor parte de los miembros de la Mesa Directiva de la Legislatura saliente, es evidente que no honran el trabajo legislativo y mucho menos el sistema democrático al que, se supone, pertenecemos.
Esta noticia involucra no sólo a los diputados panistas salientes, sino al instituto político —del que es militante el gobernador del Estado— en su conjunto. Urge que rectifiquen.
En un hecho sin precedente, los integrantes de la Mesa Directiva de la LVIII Legislatura del Congreso del Estado no se presentaron en el Palacio Legislativo para tomar la protesta de rigor a los diputados de la LIX Legislatura, que deberán entrar en funciones el próximo 1 de febrero.
Salvo el vicepresidente, del Partido de la Revolución Democrática, faltaron los legisladores panistas y Alfredo Zárate, del Partido del Trabajo, quien durante la gestión se caracterizó por votar en bloque junto con la bancada blanquiazul.
La Ley Orgánica del Congreso del Estado contempla qué hacer en estos casos, y seguramente se recurrirá a la opción de nombrar como decanos a algunos de los diputados electos, para que ellos mismos tomen y rindan protesta a los 39 legisladores.
El hecho, calificado así por uno de los diputados entrantes, es inédito, pero sobre todo deja en evidencia —según coinciden todas las fuerzas políticas afectadas— que el fin no justifica los medios, y la operación política desesperada de Acción Nacional para seguir negociando con los dos legisladores de Nueva Alianza y quitarle la mayoría al Partido Revolucionario Institucional.
Las omisiones son graves: el interés supremo de la sociedad jalisciense, su bienestar y la búsqueda de consensos y de acuerdos para sacar adelante los marcos legales que se requieren, algunos con urgencia.
Por la decisión tomada por la mayor parte de los miembros de la Mesa Directiva de la Legislatura saliente, es evidente que no honran el trabajo legislativo y mucho menos el sistema democrático al que, se supone, pertenecemos.
Esta noticia involucra no sólo a los diputados panistas salientes, sino al instituto político —del que es militante el gobernador del Estado— en su conjunto. Urge que rectifiquen.