Este atlas es un libro de muy buenas proporciones, me han entregado el mundo entero, los cinco continentes, las islas cercanas y lejanas con sus nombres escritos en caracteres de todos los tamaños, indicadores de la importancia del lugar.
Ya con el uso acertado del intermet, se puede llegar a todas las partes de la Tierra y enterarnos de muchas de sus peculiaridades. Muy útil, muy práctico, pero no es lo mismo. Sobre las páginas de un atlas puedo poner mis manos e imaginar. He buscado los lugares que conozco y en algunos he pintado un punto azul para encontrar rápidamente Mérida, Toluca, Cuernavaca, Motul, Chichén Itzá, Escalona y tantos otros sitios más. Ese punto despierta mis recuerdos dormidos y las felices características de la excursión.
En mis tiempos de estudiante hacíamos los mapas de la tarea, nada de ir a la papelería y comprarlos hechos. Dibujábamos el contorno, los ríos, las montañas y ese ejercicio nos grababa muchos datos geográficos.
El atlas es muchas cosas más. Empecemos por aquel rey mitológico de Mauritania, llamado así. Atlas luchó contra los dioses de su mitología, perdió, y los vencedores lo castigaron a llevar sobre sus hombros a la Tierra. Una vez oí que nuestro planeta era su abuela.
En el bachillerato que yo estudié teníamos que usar un atlas muy completo. Sobre sus mapas dábamos la lección ante el profesor. Uno de mis primos me dio un atlas que tenía, debió de ser de su padre porque las fronteras de Europa allí pintadas no eran las que existían entonces, se trataba de un atlas de la Primera Guerra Mundial. Descifrar los países europeos del centro era como un acertijo muy complicado, el mundo político había cambiado. Así que no tuve más remedio que comprar el atlas que en ese momento estaba al día. ¡Qué diferencia! y cómo habían transformado las formas y dimensiones de muchos países.
Al caso que voy es que dichos países han vuelto a cambiar. Con la Segunda Guerra Mundial se corrieron muchas fronteras, y lugares que eran alemanes hoy son polacos, y muchos países que integraban la Unión Soviética son independientes, como en el atlas de mi bachillerato, más o menos.
Y ahora, al detenerme en el atlas que acaban de regalarme, encuentro nuevos cambios. ¡Cómo ha quedado la Yugoslavia, la de Tito!
Esto me hace pensar que la superficie de la Tierra es como una alfombra. De esa alfombra los hombres poderosos que ganan batallas cortan y pegan transformando el lienzo terrestre en las partículas que les conviene, sea justo o no, y con el revoltillo de razas e ideas se siembran nuevas luchas y nuevas fronteras.
Vean el mapa de África con sus nuevos países y nombres nacionales. Creo que debemos empezar a estudiar otra vez para saber dónde nos hallamos, dónde se hallan los demás.
GABRIEL PAZ / Escritora.
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