Maldición

ENTRE VERAS Y BROMAS                

Paradojas de este país surrealista en que quiso el destino que aterrizáramos: el mismo día en que regresan a clases millones de escolares, después de las vacaciones “largas”, la secretaria general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), Elba Esther Gordillo, se sacó de la chistera un conejo sorprendente: pidió al Presidente Felipe Calderón que desaparezcan las escuelas normales del país. Y explicó: “No es posible seguir formando docentes cuando no hay plazas para ellos”.

—II—

De entrada, se impone la salvedad: pudiera afirmarse que no es conveniente, que no es lo más práctico, que no es recomendable, que no tiene sentido y hasta que México no puede darse el lujo de seguir preparando mentores —o, al menos, de seguirles repartiendo títulos como antaño se repartían los programas de cine—, como si tal cosa, en las escuelas normales. Pero los hechos demuestran que ese atentado contra la lógica, esa tomadura de pelo a la sociedad, esa patraña con que se simula que la educación, en efecto, es una prioridad para el Gobierno —y al final de cuentas, esa burla sangrienta a la genuina vocación para la docencia de miles de mexicanos—, tan es perfectamente posible que se da sistemáticamente... Y no sólo: aún se llega al colmo de los colmos en las periódicas manifestaciones de los estudiantes de algunas escuelas normales —la de Atequiza, sin ir más lejos— y sus no por reiterativas menos insólitas exigencias: que no sea un requisito el 8 como calificación mínima en la Preparatoria para postular a
las escuelas normales, sino que los egresados de estas últimas tengan plaza automática en el sistema educativo.

—III—

En lo que la clase política y la sociedad en pleno digieren la audaz iniciativa de la lideresa del SNTE, el hecho consumado es que el acceso al vértice de la pirámide de la educación ha dejado de ser privativo de una absoluta minoría. En la actualidad, prácticamente cualquiera puede soñar con llegar a la cima y conseguir el correspondiente título profesional como testimonio. Lo cual, por desgracia, no lo exime de la maldición de las estadísticas: según cifras difundidas esta semana por “La Gaceta” de la Universidad de Guadalajara —insospechable de pretender maquillar los números—, “en México, del total de graduados de 2006, 80% no tiene trabajo”.
Sigue navegando