“Lucidez”

ENTRE VERAS Y BROMAS             

En “Ensayo sobre la lucidez”, José Saramago (Premio Nobel de Literatura 1998) plantea —menos mal que en plan de novelista y no de profeta—, de entrada, la anécdota de que en un lugar indeterminado se celebran elecciones. Al margen de la distribución de los votos válidos, lo extraordinario —el quid de la novela, pues— es el porcentaje de votos en blanco: 83% del gran total.

—II—

Desde la publicación de la novela (2004), en no pocos regímenes pretendidamente democráticos resurge, cíclicamente, un leve estremecimiento: ¿Y si, tomando en consideración que luego a la realidad le da por imitar a la teoría, llegara a suceder que a los niveles históricos de abstencionismo —nada despreciables en sociedades en que el ánimo de la ciudadanía con respecto a sus gobernantes fluctúa entre la frustración y el desencanto— se sumara una especie de complot para que la gran mayoría de los votos emitidos resultaran nulos...? Si el abstencionismo químicamente puro fuera de 40%, por ejemplo, y si —como en la novela de Saramago— sólo 17% de los votos son válidos, y el candidato mejor librado consigue a su vez 40% de ellos, ¿qué legitimidad podría tener un Gobierno elegido, en esta hipótesis, por 7% —en números redondos— de los ciudadanos empadronados y simplemente desdeñado o francamente rechazado por el 93% restante?...

—III—

“Ensayo sobre la lucidez” incluye un reproche de los gobernantes, que deciden marcharse, a los ciudadanos que votaron por la anarquía: “No podréis decir nunca que la culpa la tienen estos a quienes la voluntad popular, libremente expresada en sucesivas, pacíficas y leales disputas democráticas, confió los destinos de la nación... No os quejéis de nosotros; quejáos ante vosotros mismos (...). Tal vez penséis, ilusoriamente, que, entregados a vuestro albedrío y a vuestros libres caprichos, seréis capaces de organizaros mejor y mejor defender vuestras vidas de lo que a su favor hicieron los métodos antiguos y las antiguas leyes. Terrible equívoco el vuestro...”.

Aunque ha sido calificada apenas como “una tímida crítica a la democracia corrupta”, la novela de Saramago mereció este párrafo de Sergio Rodríguez Sánchez: “Es necesario considerar que esto puede pasar... para evitar que pase”.
Sigue navegando