Las reformas necesarias para aprovechar mejor lo que tenemos, el histórico fracaso de los monopolios estatales, la lucha por el poder, el análisis racional o eso que nunca se encuentra en el diccionario político, el deseo de mejorar los servicios, los compromisos políticos, todo esto y más, provocaron que la semana pasada se liquidara a la Compañía de Luz y Fuerza del Centro (LyFC) que, por ser el proveedor de energía principalmente de la Ciudad de México, puede ser que en Guadalajara estén ajenos a esta calamidad de la que somos víctimas en la capital del país.
No son sólo los apagones constantes —antes, en y después del tiempo de aguas— los que suceden al día sin razón alguna, hasta que uno de ellos logró descomponer todo lo que estaba conectado: televisión, “non-break” y el gigante de la refrigeración, tres aparatos que hubo que reponer sin poder chistar, ni demandar al monopolio como causante de los desperfectos, sino todo lo contrario.
La prepotencia de ese monopolio y su desorden administrativo resultaba en cuentas bimestrales que de pronto eran cinco veces mayor que la anterior y, con los recibos en mano, había que pasar la prueba kafkiana de perder la mañana sin poder lograr nada, por supuesto en colas interminables como la que había en una de las oficinas de esa compañía en donde, finalmente, nos amenazaron con ir a checar los contadores y si estaban bien, nos cobraría mil 500 pesos por haber ido, y si estaban mal, vaya usted a saber lo que harían. Nunca lo hicieron y recibimos recibos tachados y modificados a mano por una cantidad menor.
Hostigados por la prepotencia de los monopolios, ineficientes por definición, da gusto observar cómo el Gobierno federal los liquida para integrarlos a la Comisión Federal de Electricidad (CFE), y de esta manera acabar con la corrupción, decadencia, falta de actitud de servicio y abuso desmedido.
Como es sabido, el análisis objetivo no se conoce en la política, las fuerzas vivas y el protagonismo de “ya saben quien”, propusieron marchar por las calles porque “la Cia. no se apaga”, defendiendo esos territorios del abuso y del exceso de confianza, como si fueran intocables, que no sólo toman, sino arrebatan lo que pueden sin importarles la ineficiencia ni el subsidio millonario, al tiempo que se enriquecen sus líderes y se sigue aplicando el no me importa por el servicio como botones de muestra de una de esas empresas que por más que hacemos, sigue agobiando.
La decisión fue oportuna —sabadazo— para acabar con el corporativismo que durante 70 años recibió privilegios otorgados por los políticos de esa empresa; tenía para 2010 un presupuesto de 117 mil millones de pesos, de los cuales 91.5% es para gasto corriente, sin importarles un demonio las pérdidas de hasta 30% por los diablitos que permiten que existan sin control alguno, y todo esto, en contraste con una CFE que no requiere subsidio alguno.
Un estira y afloja de las fuerzas políticas con vista a corregir una de nuestras fallas históricas.
MARTÍN CASILLAS DE ALBA / Escritor y cronista.
Correo electrónico: malba99@yahoo.com
No son sólo los apagones constantes —antes, en y después del tiempo de aguas— los que suceden al día sin razón alguna, hasta que uno de ellos logró descomponer todo lo que estaba conectado: televisión, “non-break” y el gigante de la refrigeración, tres aparatos que hubo que reponer sin poder chistar, ni demandar al monopolio como causante de los desperfectos, sino todo lo contrario.
La prepotencia de ese monopolio y su desorden administrativo resultaba en cuentas bimestrales que de pronto eran cinco veces mayor que la anterior y, con los recibos en mano, había que pasar la prueba kafkiana de perder la mañana sin poder lograr nada, por supuesto en colas interminables como la que había en una de las oficinas de esa compañía en donde, finalmente, nos amenazaron con ir a checar los contadores y si estaban bien, nos cobraría mil 500 pesos por haber ido, y si estaban mal, vaya usted a saber lo que harían. Nunca lo hicieron y recibimos recibos tachados y modificados a mano por una cantidad menor.
Hostigados por la prepotencia de los monopolios, ineficientes por definición, da gusto observar cómo el Gobierno federal los liquida para integrarlos a la Comisión Federal de Electricidad (CFE), y de esta manera acabar con la corrupción, decadencia, falta de actitud de servicio y abuso desmedido.
Como es sabido, el análisis objetivo no se conoce en la política, las fuerzas vivas y el protagonismo de “ya saben quien”, propusieron marchar por las calles porque “la Cia. no se apaga”, defendiendo esos territorios del abuso y del exceso de confianza, como si fueran intocables, que no sólo toman, sino arrebatan lo que pueden sin importarles la ineficiencia ni el subsidio millonario, al tiempo que se enriquecen sus líderes y se sigue aplicando el no me importa por el servicio como botones de muestra de una de esas empresas que por más que hacemos, sigue agobiando.
La decisión fue oportuna —sabadazo— para acabar con el corporativismo que durante 70 años recibió privilegios otorgados por los políticos de esa empresa; tenía para 2010 un presupuesto de 117 mil millones de pesos, de los cuales 91.5% es para gasto corriente, sin importarles un demonio las pérdidas de hasta 30% por los diablitos que permiten que existan sin control alguno, y todo esto, en contraste con una CFE que no requiere subsidio alguno.
Un estira y afloja de las fuerzas políticas con vista a corregir una de nuestras fallas históricas.
MARTÍN CASILLAS DE ALBA / Escritor y cronista.
Correo electrónico: malba99@yahoo.com