López Obrador se hizo chiquito


Las políticas populistas parten de una idea de “pueblo” como masa de “pobres de espíritu”, afligidos por la explotación de algún poder terrenal y maligno, del cual los líderes populistas ofrecen liberación. Esa oferta de salvación es una manipulación simbólica que pretende y logra varios resultados. Quienes se sienten desvalidos ante los retos de sobrevivencia, responden instintivamente siguiendo al líder populista como padre protector, lo vemos a diario en Andrés Manuel López Obrador. El deseo de que alguien o algo nos proteja de las desgracias de este mundo son emociones que quizá todos sentimos en algún momento.

El problema para un sociedad es si eso sucede permanentemente. Si las personas no llegan a alcanzar algún grado de confianza en sí mismos, para sobreponerse en base a su propio esfuerzo y así lograr lo que necesitan o desean, entonces continuarán siendo pobres de espíritu, dependientes y sometidos, resultando en una sociedad de mendigos y maleantes.

Para el líder, esto presenta un arma de doble filo: si realmente llegara a “salvar” al pueblo, así concebido, entonces éste ya no necesita su protección. Por eso le conviene hacer lo opuesto a su ofrecimiento; le conviene mantener al pueblo en situación desvalida y no salvarlo jamás, sino reforzar su pobreza material y espiritual. El populismo mal entendido resulta así en una sociedad de incapaces que no puede competir con los pueblos que tienen aspiraciones y se sienten capaces de satisfacerlas.

El pueblo, que realmente no es desvalido sino más bien cómodo y facilista, tarde o temprano se da cuenta del engaño y pierde confianza en el líder. Pero este líder siempre piensa que para cuando el pueblo se dé cuenta ya él estará seguro en el poder.

Por eso López Obrador quiere a toda costa tronar la Reforma Petrolera, porque lo que a él le conviene es reventar al sistema y que México no crezca.

¿Por qué López Obrador no se presentó a ningún debate en el Senado pese a que en repetidas ocasiones se le invitó a participar en ellas?

López Obrador se hizo chiquito, lo único que le interesaba era ganar tiempo. López Obrador nunca pensó en presentarse porque es muy inseguro y le tiene miedo a la civilización y a todo lo que se llame “progreso”. No resiste un debate informado, donde tenga que contestar preguntas, argumentar, desmontar con inteligencia las posturas de quienes no piensan como él. No está capacitado para un debate sin agresiones ni exabruptos, no tiene temple para encontrarse con un auditorio plural y con persona que lo cuestionen.

Así suelen ser los dictadores y los aspirantes a serlo. Lo suyo es estar en manifestaciones, encabezar mítines, movilizar gente con palabras incendiarias o vacías como las que suele usar: “madruguete”, “Presidente pelele” “privatización”, “saqueadores”, “usurpador”. Ahí se siente a sus anchas.

Ahora bien su “resistencia civil” tampoco va a tener mucho éxito, pues lo que se viene es una reforma mediocre, a la medida del PRI, donde se han impuesto los dinosaurios y los conservadores.

CARLOS CORVERA / Analista político.
Correo electrónico: corveracmx@hotmail.com
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