NUEVA YORK.- “¡Córtenle la cabeza! ¡Que lo maten! ¡Es un terrorista! ¡Es árabe! Yo no puedo confiar en Barack Obama, un riesgo demasiado alto para mi familia y para Estados Unidos. Me asusta la posibilidad de que gane la Presidencia”. En las últimas semanas, los actos de campaña de John McCain y de Sarah Palin han reflejado que la campaña negativa del candidato republicano en contra del demócrata ha cruzado una peligrosa línea.
Los estadounidenses, al igual que los mexicanos, están acostumbrados a las campañas negativas. Durante la campaña presidencial de 1963, los estrategas del entonces presidente Lyndon B Johnson lanzaron un spot en el que se veía en una escena a una niña deshojando una flor, seguida por una escena de una explosión nuclear con una voz en off que decía: “En esta elección lo que está en juego es demasiado alto, vota Johnson”. Más recientemente, el mensaje de la campaña para la reelección de Bush en 2004 era claro: “Un voto por John Kerry es un voto para vulnerar a Estados Unidos, en tiempos del combate al terrorismo”.
Hoy, la campaña presidencial de John McCain parece desesperada. Se hunde en las encuestas, sin poder definir aún un mensaje claro y seductor para el electorado. La inclusión de Sarah Palin como compañera de fórmula encendió los ánimos y robó la atención mediática por dos semanas, pero cuando faltan menos de 23 días para la elección, el efecto Palin se ha disipado. Hoy, McCain recurre a la fórmula conocida y probada no sólo en Estados Unidos, sino en otros países, como en México.
Los nuevos spots de McCain incitan al miedo. Llaman al votante a desconfiar de Obama, inyectan la duda sobre su historia personal y cuestionan sus amistades de hace más de 20 años. No solamente afirman que Obama “no está listo para dirigir al país”, sino además lo llaman “un peligro para Estados Unidos”, al tiempo que muestran imágenes de Obama yuxtapuestas con imágenes de Hugo Chávez o de Fidel Castro. ¿Suena familiar?
En uno de sus más recientes actos de campaña, el senador McCain tuvo que tratar de apagar los ánimos de sus simpatizantes. El republicano tuvo que quitarle el micrófono a una mujer que afirmó que Obama era árabe y McCain tuvo que morderse la lengua y decir: “Obama es un ciudadano decente, un hombre de familia y no hay razón para temer su arribo a la Casa Blanca”.
McCain no sólo enfrenta el riesgo de perder la elección, sino además está tirando por la ventana su impecable y largo historial como un político serio y responsable. La última esperanza que parece quedarle es que su campaña negativa funcione y que despierte las actitudes racistas del electorado estadounidense. El llamado efecto Bradley, según el cual los votantes blancos temen ser calificados de racistas y mienten a los encuestadores al decir que votarán por Obama el 4 de noviembre, pero que llegado ese día, una vez que emitan su voto sin nadie al lado, lo harán por el candidato blanco. McCain no merece ganar, y si Obama resulta el ganador, los estadounidenses le darán una gran lección al mundo y le darán una sacudida al manual de las campañas negativas.
GENARO LOZANO / Politólogo e Internacionalista.
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