ENTRE VERAS Y BROMAS
Una fábula de Esopo, “La parte del León” refiere que el Rey de la Selva salió a cazar junto con otros animales, y a la hora de “repartir” la presa, abusando de su poder, se apoderó de ella y dejó a sus socios como al chinito del cuento: “Nomás milando”. La antigua conseja dio pie al vocablo “leonino”, que se utiliza para designar a un contrato o a cualquiera de sus cláusulas, cuando es ostensible, descarada, inmoral y desproporcionadamente ventajoso para alguna de las partes. Ejemplo de ello, las recientes reformas a la Constitución local, en materia electoral, y sus implicaciones inmediatas en el aspecto económico: el incremento, hasta de 500%, en las partidas que “en tiempos no electorales” otorga generosamente el Estado a los partidos políticos; es decir, a sus propias agencias de colocaciones.
-II-
Para esas asignaciones hay, en la lengua castellana, una etiqueta a la medida: “Impúdicas”; es decir, faltas de pudor y de honestidad. U otra, en su defecto: “Cínicas”; es decir, desvergonzadas en la práctica de acciones vituperables... Si los fondos públicos provienen de las contribuciones que los ciudadanos realizan por la vía de los impuestos, lo justo --como decían los panistas cuando esgrimían, con vehemencia encomiable, el principio de doctrina de que la ética debería ser un ingrediente consustancial de la política; es decir, cuando eran oposición y no experimentaban en carne propia cuán cierto es aquello de que “El poder corrompe”-- es aplicar esos fondos no en beneficio de los gobernantes sino de los gobernados: es decir, a favor de esa entelequia que aquellos mismos idealistas llamaban “el bien común”.
En el entendido, primero, de que esa pifia jurídica resultó escandalosa, máxime ahora que resplandecen las carencias del aparato oficial para dar respuesta a las justas exigencias de la sociedad en materia de seguridad (para no hablar, por ahora, de las otras dos básicas: educación y salud); segundo, de que sería recomendable sacar, al menos en parte, el choclo que merced a esa disposición se metió hasta la ingle; tercero, de que en el presupuesto de egresos para el año próximo esa partida no estaba inicialmente considerada, por lo que para concretarla habría que sacrificar otras; y cuarto, de que la crisis económica que se augura para el 2009 invitaría a tomar medidas de austeridad, el Gobierno de Jalisco invitó a los dirigentes de los partidos a replantear el punto...
-III-
Y aunque se abrió un paréntesis de una semana, para discutir de nuevo el asunto y evitarle a la sociedad el escandaloso espectáculo del desprecio al pueblo, en los hechos, de los parásitos sociales que medran a la sombra de los partidos políticos, y el desdén por los principios que en el discurso dicen defender, puede anticiparse que el final de la película “ya lo vimos”... Será inmoral; será injusto, pero como es legal, fastídiese una vez más el pueblo, que al cabo ya está acostumbrado... “A nosotros --proclamarán, a coro, los jerarcas de la ominosa partidocracia en que nos ha tocado vivir--, nuestros timbres”.
Una fábula de Esopo, “La parte del León” refiere que el Rey de la Selva salió a cazar junto con otros animales, y a la hora de “repartir” la presa, abusando de su poder, se apoderó de ella y dejó a sus socios como al chinito del cuento: “Nomás milando”. La antigua conseja dio pie al vocablo “leonino”, que se utiliza para designar a un contrato o a cualquiera de sus cláusulas, cuando es ostensible, descarada, inmoral y desproporcionadamente ventajoso para alguna de las partes. Ejemplo de ello, las recientes reformas a la Constitución local, en materia electoral, y sus implicaciones inmediatas en el aspecto económico: el incremento, hasta de 500%, en las partidas que “en tiempos no electorales” otorga generosamente el Estado a los partidos políticos; es decir, a sus propias agencias de colocaciones.
-II-
Para esas asignaciones hay, en la lengua castellana, una etiqueta a la medida: “Impúdicas”; es decir, faltas de pudor y de honestidad. U otra, en su defecto: “Cínicas”; es decir, desvergonzadas en la práctica de acciones vituperables... Si los fondos públicos provienen de las contribuciones que los ciudadanos realizan por la vía de los impuestos, lo justo --como decían los panistas cuando esgrimían, con vehemencia encomiable, el principio de doctrina de que la ética debería ser un ingrediente consustancial de la política; es decir, cuando eran oposición y no experimentaban en carne propia cuán cierto es aquello de que “El poder corrompe”-- es aplicar esos fondos no en beneficio de los gobernantes sino de los gobernados: es decir, a favor de esa entelequia que aquellos mismos idealistas llamaban “el bien común”.
En el entendido, primero, de que esa pifia jurídica resultó escandalosa, máxime ahora que resplandecen las carencias del aparato oficial para dar respuesta a las justas exigencias de la sociedad en materia de seguridad (para no hablar, por ahora, de las otras dos básicas: educación y salud); segundo, de que sería recomendable sacar, al menos en parte, el choclo que merced a esa disposición se metió hasta la ingle; tercero, de que en el presupuesto de egresos para el año próximo esa partida no estaba inicialmente considerada, por lo que para concretarla habría que sacrificar otras; y cuarto, de que la crisis económica que se augura para el 2009 invitaría a tomar medidas de austeridad, el Gobierno de Jalisco invitó a los dirigentes de los partidos a replantear el punto...
-III-
Y aunque se abrió un paréntesis de una semana, para discutir de nuevo el asunto y evitarle a la sociedad el escandaloso espectáculo del desprecio al pueblo, en los hechos, de los parásitos sociales que medran a la sombra de los partidos políticos, y el desdén por los principios que en el discurso dicen defender, puede anticiparse que el final de la película “ya lo vimos”... Será inmoral; será injusto, pero como es legal, fastídiese una vez más el pueblo, que al cabo ya está acostumbrado... “A nosotros --proclamarán, a coro, los jerarcas de la ominosa partidocracia en que nos ha tocado vivir--, nuestros timbres”.