Ayer decíamos...
Blas Pascal sostenía que “todos los infortunios de los hombres derivan de no saber estarse tranquilos en sus casas”, lo cual hace evidente que no le gustaba viajar, en cambio hay personas a las que les encanta andar del tingo al tango, les vale gorro si comen o no, o dónde duermen, si lo hacen. Por lo general son jóvenes y no neurasténicos, que también los hay. Un amigo dice que conforme aumenta la edad debe aumentar el tamaño del lobby del hotel al que se llega, por aquello del paisaje movible.
De otra manera siempre que uno viaje debe preguntarse si le gusta viajar. Pregúntese si no tiene usted pavor a volar, aunque de cualquier manera hacerlo es cuando menos enfadoso; dice Hannibal Lecter que lo que dan en los aviones como comida por definición no lo es, y debía de ser, dados los precios que cobran, que por lo general siempre igualan el presupuesto que usted tenía para todo el viaje. Puede usted soñar con que le van a dar un boleto con kilómetros, y si usted es cliente premier de Aeroméxico, olvídelo; yo tengo, hace mucho, kilómetros suficientes para ir con mi domadora a conocer Europa, claro que quiero ir en clase premier, tomando en cuenta que tengo sentaderas de primera y bolsa de segunda, y desde luego sueño con que me van a cumplir lo prometido en su publicidad y de tiempo en tiempo voy a las oficinas de la compañía a solicitarlo y amablemente, porque hay que reconocer que azafatas y empleados de la aerolínea son muy amables, a pesar de lo cual, simplemente me mandan a lucas, me dicen que no
hay para el día que pido (sea el que sea), llegó a ser tanta mi desesperación que en varias ocasiones les he dicho que ellos fijen dentro del siguiente año la fecha que ellos quieran, dándome ocho o 10 días de estancia, y muy amables me dicen que no hay, no hay, no hay. No creo que me lo den, pero este sueño es parte del viaje. Yo no me explico cómo pueden perder las aerolíneas, si siempre van llenos los aviones y nada más falta que le toque adelante un gordo desparramado que crea que va sentado en un equipal de su rancho, lo que provocará que se pase usted todo el viaje soplándole la nuca en tanto usted siente la respiración del que va sentado detrás.
Por fortuna ya nuestros jerarcas terminaron con los trenes, en nuestro país ya no hay de pasajeros, por lo que de ellos ya no se deberá preocupar. A mi adorado tormento en cuanto le menciono la palabra viaje se marea, y si lo que mencioné fue barco, cae en cama, con lo que cualquier objeto que se mueva queda eliminado como opción.
Pero a la mejor a usted le gustan los países exóticos y le emociona sobremanera estar en la India y que usted esté hospedado en una choza regional, de carácter ecológico en lo más profundo de la selva de hikodistain territorio, donde caza tigres el rajá del mismo nombre y usted está desesperado por conseguir papel del baño, se encuentra con el administrador del chiringuito, claro que terminará usted a señas, pero para algunos resultará algo para recordar ir a un país donde ni usted entiende ni le entienden nada. Muy especial resultará en este caso la comida, en cuyo caso lo más sabio resultará pedir lo más barato, pidiendo al Creador que no vayan a darle algo incomible. A mi tío Guadalupe, una vez que andaba por Nueva Delhi y le preguntaron que qué desayunaría y pidió unos chilaquilitos con un huevo montado y frijolitos, alguien le recordó dónde estaban, por lo que inmediatamente corrigió y pidió una calabaza en tacha con su lechita. Yo sufro del síndrome del birote salado, muy parecido al síndrome del inolvi
dable “Jamaicón” Villegas, jugador de las cabras campeonísimas que extrañaba el picante, pues yo extraño el birote tan tapatío y lo hago desde que despega el avión.
Además, a los nacionales nos angustia separarnos de las maletas y las queremos llevar en la cabina —no sé si sea trauma de sentirnos robados—, pero me parece es simple adecuación de los tiempos. Nuestros abuelos viajaban en camión y llevaban en cabina los huacales con gallinas y ahora llevamos cajas escurriendo el suero de las panelas que llevamos para acompañar el Ollitas Orendain, infaltable en estas ocasiones. Aquella señora bigotona, vestida de negro con negra cabellera que viajaba muy bañada y arreglada, ahora lo hace con melena platinada, luciendo un modelo tipo Monsiváis, usando una sudadera de nosedonde y unos pants de deportista con sandalias de horcapollos (antiguamente conocidas como chanclas de joto de baño turco), en fin, reitero que sólo se trata de la adaptación derivada de la “modernida”, podríamos parafrasear a Chaplin con aquello de tiempos modernos.
Y qué decir de la apertura necesaria para aceptar y gustar de costumbres, olores y sabores diferentes, porque todos los ciudadanos de una región olemos de una manera particular y se extrañan los olores y sabores propios. Los gringos, tan prácticos inventaron MacDonalds que es malísima como comida, pero tiene la ventaja de que es igual en cualquier parte del mundo —mala, pero conocida—, y es que ellos viajan medio mundo para encontrar lo que dejaron en Falfurrias Texas. Nosotros, menos Paco mi sobrino que dice ser muy internacional, somos muy poco dados a andar buscando aventuras exóticas.
CARLOS ENRIGUE / Abogado.
Correo electrónico: ayerdecíamos@hotmail.com
Blas Pascal sostenía que “todos los infortunios de los hombres derivan de no saber estarse tranquilos en sus casas”, lo cual hace evidente que no le gustaba viajar, en cambio hay personas a las que les encanta andar del tingo al tango, les vale gorro si comen o no, o dónde duermen, si lo hacen. Por lo general son jóvenes y no neurasténicos, que también los hay. Un amigo dice que conforme aumenta la edad debe aumentar el tamaño del lobby del hotel al que se llega, por aquello del paisaje movible.
De otra manera siempre que uno viaje debe preguntarse si le gusta viajar. Pregúntese si no tiene usted pavor a volar, aunque de cualquier manera hacerlo es cuando menos enfadoso; dice Hannibal Lecter que lo que dan en los aviones como comida por definición no lo es, y debía de ser, dados los precios que cobran, que por lo general siempre igualan el presupuesto que usted tenía para todo el viaje. Puede usted soñar con que le van a dar un boleto con kilómetros, y si usted es cliente premier de Aeroméxico, olvídelo; yo tengo, hace mucho, kilómetros suficientes para ir con mi domadora a conocer Europa, claro que quiero ir en clase premier, tomando en cuenta que tengo sentaderas de primera y bolsa de segunda, y desde luego sueño con que me van a cumplir lo prometido en su publicidad y de tiempo en tiempo voy a las oficinas de la compañía a solicitarlo y amablemente, porque hay que reconocer que azafatas y empleados de la aerolínea son muy amables, a pesar de lo cual, simplemente me mandan a lucas, me dicen que no
hay para el día que pido (sea el que sea), llegó a ser tanta mi desesperación que en varias ocasiones les he dicho que ellos fijen dentro del siguiente año la fecha que ellos quieran, dándome ocho o 10 días de estancia, y muy amables me dicen que no hay, no hay, no hay. No creo que me lo den, pero este sueño es parte del viaje. Yo no me explico cómo pueden perder las aerolíneas, si siempre van llenos los aviones y nada más falta que le toque adelante un gordo desparramado que crea que va sentado en un equipal de su rancho, lo que provocará que se pase usted todo el viaje soplándole la nuca en tanto usted siente la respiración del que va sentado detrás.
Por fortuna ya nuestros jerarcas terminaron con los trenes, en nuestro país ya no hay de pasajeros, por lo que de ellos ya no se deberá preocupar. A mi adorado tormento en cuanto le menciono la palabra viaje se marea, y si lo que mencioné fue barco, cae en cama, con lo que cualquier objeto que se mueva queda eliminado como opción.
Pero a la mejor a usted le gustan los países exóticos y le emociona sobremanera estar en la India y que usted esté hospedado en una choza regional, de carácter ecológico en lo más profundo de la selva de hikodistain territorio, donde caza tigres el rajá del mismo nombre y usted está desesperado por conseguir papel del baño, se encuentra con el administrador del chiringuito, claro que terminará usted a señas, pero para algunos resultará algo para recordar ir a un país donde ni usted entiende ni le entienden nada. Muy especial resultará en este caso la comida, en cuyo caso lo más sabio resultará pedir lo más barato, pidiendo al Creador que no vayan a darle algo incomible. A mi tío Guadalupe, una vez que andaba por Nueva Delhi y le preguntaron que qué desayunaría y pidió unos chilaquilitos con un huevo montado y frijolitos, alguien le recordó dónde estaban, por lo que inmediatamente corrigió y pidió una calabaza en tacha con su lechita. Yo sufro del síndrome del birote salado, muy parecido al síndrome del inolvi
dable “Jamaicón” Villegas, jugador de las cabras campeonísimas que extrañaba el picante, pues yo extraño el birote tan tapatío y lo hago desde que despega el avión.
Además, a los nacionales nos angustia separarnos de las maletas y las queremos llevar en la cabina —no sé si sea trauma de sentirnos robados—, pero me parece es simple adecuación de los tiempos. Nuestros abuelos viajaban en camión y llevaban en cabina los huacales con gallinas y ahora llevamos cajas escurriendo el suero de las panelas que llevamos para acompañar el Ollitas Orendain, infaltable en estas ocasiones. Aquella señora bigotona, vestida de negro con negra cabellera que viajaba muy bañada y arreglada, ahora lo hace con melena platinada, luciendo un modelo tipo Monsiváis, usando una sudadera de nosedonde y unos pants de deportista con sandalias de horcapollos (antiguamente conocidas como chanclas de joto de baño turco), en fin, reitero que sólo se trata de la adaptación derivada de la “modernida”, podríamos parafrasear a Chaplin con aquello de tiempos modernos.
Y qué decir de la apertura necesaria para aceptar y gustar de costumbres, olores y sabores diferentes, porque todos los ciudadanos de una región olemos de una manera particular y se extrañan los olores y sabores propios. Los gringos, tan prácticos inventaron MacDonalds que es malísima como comida, pero tiene la ventaja de que es igual en cualquier parte del mundo —mala, pero conocida—, y es que ellos viajan medio mundo para encontrar lo que dejaron en Falfurrias Texas. Nosotros, menos Paco mi sobrino que dice ser muy internacional, somos muy poco dados a andar buscando aventuras exóticas.
CARLOS ENRIGUE / Abogado.
Correo electrónico: ayerdecíamos@hotmail.com