En noviembre de 2006, cuando se fueron a la Ciudad de México y dejaron el Gobierno del Estado encargado a Gerardo Octavio Solís Gómez, los integrantes del equipo cercano a Francisco Ramírez Acuña llevaban maletas para estar en la capital 12 años, que comenzarían a correr el primero de diciembre de 2006, cuando tomó posesión como secretario de Gobernación. Para nadie era un secreto que Paco y sus colaboradores iban con la mira puesta en la Presidencia de la República, por la que lucharían para las elecciones de 2012; eso se comentaba desde la campaña de 2000 por la gubernatura de Jalisco.
Pero las cosas se desacomodaron muy pronto en el gabinete presidencial de Felipe Calderón, y Ramírez Acuña se convirtió en un lastre para la operación política con los partidos y con el Congreso de la Unión. El 25 de septiembre de 2007, en su única comparecencia ante los diputados federales, la legisladora perredista Valentina Batres le espetó al entonces titular de Gobernación: “Mejor renuncie, porque el cargo le está quedando enorme”.
El 15 de enero corrió la versión del relevo en la Secretaría de Gobernación. Se tejieron rumores en el sentido de que a Ramírez Acuña le ofrecían una embajada para que tuviera una “salida digna” del gabinete presidencial. Todavía se hablaba de que aquel célebre “destape” de Calderón como aspirante a la Presidencia de la República, producido a finales de mayo de 2004 en un rancho de Abraham González Uyeda, era como un seguro de vida política para Paco.
No fue así. Con evidente molestia, el ex gobernador de Jalisco abandonó el equipo de Felipe y se refugió nuevamente en su terruño, en donde muy pronto mostró que seguiría una intensa vida política. Unos días después de su remoción ya estaba desayunando chilaquiles en el Palacio Municipal de Guadalajara, a donde fue convidado por el alcalde Alfonso Petersen, con el pretexto de mostrarle el proyecto de la Villa Panamericana.
En cuestión de días, los “paquistas” mostraron su espíritu de cuerpo y se anudaron en torno al recién cesado. Jorge Salinas, el alumno con porvenir más promisorio, a juicio de algunos observadores, salió a decir que “el equipo político del que formo parte, él (Paco)es el único líder que tenemos, y con él trabajaremos y saldremos adelante en las tareas que él encomiende”.
Del lado contrario, en el grupo del gobernador Emilio González se hizo notar el nerviosismo. No les resultó nada agradable saber que tendrían, a partir de ese momento, a un operador político de enorme peso que con un par de llamadas o reuniones podría marcarle la agenda al Estado. Emilio trató de disimular ante el despido de Ramírez Acuña: “No hay un jalisciense bien nacido que pueda festinar un hecho como éste, digo, he escuchado a líderes de otros partidos que lamentan que esto haya ocurrido, pues yo lo lamento más, además de mi calidad de jalisciense, de gobernador y de amigo de Paco”.
Hoy es un hecho que Paco va a una diputación federal en las elecciones de julio de 2009. De ahí, los que ya se habían regresado volverán a hacer maletas como para estar nueve años en la capital.
VÍCTOR E. WARIO / Periodista.
Correo electrónico: vwario@informador.com.mx
Pero las cosas se desacomodaron muy pronto en el gabinete presidencial de Felipe Calderón, y Ramírez Acuña se convirtió en un lastre para la operación política con los partidos y con el Congreso de la Unión. El 25 de septiembre de 2007, en su única comparecencia ante los diputados federales, la legisladora perredista Valentina Batres le espetó al entonces titular de Gobernación: “Mejor renuncie, porque el cargo le está quedando enorme”.
El 15 de enero corrió la versión del relevo en la Secretaría de Gobernación. Se tejieron rumores en el sentido de que a Ramírez Acuña le ofrecían una embajada para que tuviera una “salida digna” del gabinete presidencial. Todavía se hablaba de que aquel célebre “destape” de Calderón como aspirante a la Presidencia de la República, producido a finales de mayo de 2004 en un rancho de Abraham González Uyeda, era como un seguro de vida política para Paco.
No fue así. Con evidente molestia, el ex gobernador de Jalisco abandonó el equipo de Felipe y se refugió nuevamente en su terruño, en donde muy pronto mostró que seguiría una intensa vida política. Unos días después de su remoción ya estaba desayunando chilaquiles en el Palacio Municipal de Guadalajara, a donde fue convidado por el alcalde Alfonso Petersen, con el pretexto de mostrarle el proyecto de la Villa Panamericana.
En cuestión de días, los “paquistas” mostraron su espíritu de cuerpo y se anudaron en torno al recién cesado. Jorge Salinas, el alumno con porvenir más promisorio, a juicio de algunos observadores, salió a decir que “el equipo político del que formo parte, él (Paco)es el único líder que tenemos, y con él trabajaremos y saldremos adelante en las tareas que él encomiende”.
Del lado contrario, en el grupo del gobernador Emilio González se hizo notar el nerviosismo. No les resultó nada agradable saber que tendrían, a partir de ese momento, a un operador político de enorme peso que con un par de llamadas o reuniones podría marcarle la agenda al Estado. Emilio trató de disimular ante el despido de Ramírez Acuña: “No hay un jalisciense bien nacido que pueda festinar un hecho como éste, digo, he escuchado a líderes de otros partidos que lamentan que esto haya ocurrido, pues yo lo lamento más, además de mi calidad de jalisciense, de gobernador y de amigo de Paco”.
Hoy es un hecho que Paco va a una diputación federal en las elecciones de julio de 2009. De ahí, los que ya se habían regresado volverán a hacer maletas como para estar nueve años en la capital.
VÍCTOR E. WARIO / Periodista.
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