No es tiempo de lastimar a la universidad pública. No es tiempo de dar pretextos a quienes quieren la privatización de la educación pública en nuestro país. Muchos han sido los intentos de socavar a las universidades públicas del país, y siempre han conducido a mermar su vida académica, daño que ha costado años resarcir; en el caso de la UNAM se logró, pero no fue fácil.
La Universidad de Guadalajara tiene un sólido prestigio, ganado en décadas de trabajo; académicos, administrativos, personal de apoyo y estudiantes han contribuido a alcanzar niveles de excelencia en diversas áreas del conocimiento. Esta riqueza debe cuidarse más allá de otras consideraciones; y este cuidado tiene que ver con el manejo interno de las discrepancias; con el dirimir las diferencias dentro de la propia institución y a través de los órganos que para ello tiene la Universidad; cuidarla es no elegir a los medios de comunicación como arena de combate, porque de esta manera se niega el espíritu universitario, donde la controversia se trata en el marco de respeto, hoy, puesto en picota; terreno pantanoso que quienes han querido el debilitamiento de las universidades públicas estaban buscando y, si se apura, atizando.
Pero aún con lo anterior, las administraciones gubernamentales y sus dependencias deben permanecer al margen del conflicto. El respeto a la vida universitaria lo demanda y la vida pública merece saber que las autoridades sexenales conocen sus límites y, sobre todo, que respetan la vida propia de las instituciones, esta vez, de la Universidad de Guadalajara. Porque éste no es tiempo para que los gobiernos, federales y estatales, quieran echar las redes… no es tiempo para sacar partido, peligrosa tentación, de participar —aún bajo el agua— en un conflicto que es estrictamente de universitarios.
Ardua fue la tarea de lograr la universidad pública para el Estado de Jalisco; ha sido difícil su crecimiento, a veces, con duros embates de administraciones gubernamentales; pero calidad y reconocimiento, se han logrado. No es tiempo de quitarle a la Universidad de Guadalajara el respeto construido a lo largo de años de trabajo. Las decisiones de los universitarios deben seguir siendo de los universitarios, de nadie más.
En un México violentado y dividido y un Jalisco con enormes problemas, se necesita, hoy más que nunca, una universidad pública cuyo ejercicio esté basado en el cumplimiento de las necesidades sociales y de crecimiento de la población; espacio que posibilite la creación de soluciones y el encuentro de las distintas posturas de pensamiento y de formas de desarrollo social. Un espacio donde la libertad de expresión, la creación y la innovación puedan ser la cotidianeidad del trabajo que involucre la participación de todos los sectores sociales.
La universidad pública es una de las riquezas sociales que a este país y a este Estado les quedan. Su cuidado compete a todos. La ciudadanía, para ofrecer su respaldo; las autoridades, para ejercer respeto; los universitarios, para ir más allá de las diferencias y consolidar la Universidad que la sociedad requiere.
LOURDES BUENO / Investigadora de la UdeG.
Correo electrónico: lourdesbueno03@yahoo.com.mx
La Universidad de Guadalajara tiene un sólido prestigio, ganado en décadas de trabajo; académicos, administrativos, personal de apoyo y estudiantes han contribuido a alcanzar niveles de excelencia en diversas áreas del conocimiento. Esta riqueza debe cuidarse más allá de otras consideraciones; y este cuidado tiene que ver con el manejo interno de las discrepancias; con el dirimir las diferencias dentro de la propia institución y a través de los órganos que para ello tiene la Universidad; cuidarla es no elegir a los medios de comunicación como arena de combate, porque de esta manera se niega el espíritu universitario, donde la controversia se trata en el marco de respeto, hoy, puesto en picota; terreno pantanoso que quienes han querido el debilitamiento de las universidades públicas estaban buscando y, si se apura, atizando.
Pero aún con lo anterior, las administraciones gubernamentales y sus dependencias deben permanecer al margen del conflicto. El respeto a la vida universitaria lo demanda y la vida pública merece saber que las autoridades sexenales conocen sus límites y, sobre todo, que respetan la vida propia de las instituciones, esta vez, de la Universidad de Guadalajara. Porque éste no es tiempo para que los gobiernos, federales y estatales, quieran echar las redes… no es tiempo para sacar partido, peligrosa tentación, de participar —aún bajo el agua— en un conflicto que es estrictamente de universitarios.
Ardua fue la tarea de lograr la universidad pública para el Estado de Jalisco; ha sido difícil su crecimiento, a veces, con duros embates de administraciones gubernamentales; pero calidad y reconocimiento, se han logrado. No es tiempo de quitarle a la Universidad de Guadalajara el respeto construido a lo largo de años de trabajo. Las decisiones de los universitarios deben seguir siendo de los universitarios, de nadie más.
En un México violentado y dividido y un Jalisco con enormes problemas, se necesita, hoy más que nunca, una universidad pública cuyo ejercicio esté basado en el cumplimiento de las necesidades sociales y de crecimiento de la población; espacio que posibilite la creación de soluciones y el encuentro de las distintas posturas de pensamiento y de formas de desarrollo social. Un espacio donde la libertad de expresión, la creación y la innovación puedan ser la cotidianeidad del trabajo que involucre la participación de todos los sectores sociales.
La universidad pública es una de las riquezas sociales que a este país y a este Estado les quedan. Su cuidado compete a todos. La ciudadanía, para ofrecer su respaldo; las autoridades, para ejercer respeto; los universitarios, para ir más allá de las diferencias y consolidar la Universidad que la sociedad requiere.
LOURDES BUENO / Investigadora de la UdeG.
Correo electrónico: lourdesbueno03@yahoo.com.mx