El principio pedagógico que promueve la filosofía olímpica es la lucha por ser mejor. Principalmente frente a sí mismo. Pero como es fundamental no caer en el subjetivismo, es decir en la creencia de ser el mejor, es necesario compararse con otros que piensan o creen lo mismo.
Si es importante competir, también es importante mostrar los avances que se hacen cada cuatro años por superarse.
En ese aspecto a México le falta mucho camino por recorrer.
Nos queda muy claro a todos que el método de apoyo, soporte y acompañamiento de atletas de alto rendimiento es perfectible. El que hasta ahora hemos llevado no es todavía el mejor. No ha producido mejores resultados que en Juegos Olímpicos anteriores.
No se trata de buscar culpables o que falta apoyo económico a los atletas. Lo que tenemos que hacer es plantearnos un análisis consciente y a fondo de que sí ha dado resultados y qué no.
Y qué mejor que los mismos atletas, ganadores de medallas, sus entrenadores y directivos, para que nos cuenten cómo tenemos que hacer las cosas para mejorar.
Lo que sí es indispensable comprender es que en la medida en que un pueblo practica más deporte, desde temprana edad, habrá muchas más posibilidades de reclutar y desarrollar talentos.
Si por dedicarnos a los atletas más brillantes descuidamos el deporte de masas y la promoción del deporte popular, estamos cometiendo un grave error, pues entre más extendida esté la práctica de muchos deportes, tendremos más personas aptas para dedicarse en cuerpo y alma a entrenar.
Otra evidente realidad es que si el sistema educativo no fomenta los deportes y la educación física en el sistema escolar, tendremos muchas dificultades para crear buenos hábitos y disciplina. Especialmente cuando las mismas autoridades educativas no facilitan la práctica deportiva a los chicos que ya tienen talento y deseos de entrenar.
La historia del joven Phelps nos muestra cuán importante es buscarles alternativas en el deporte a los niños que parecen tener problemas de atención, disciplina y desinterés por los estudios, en vez de expulsarlos y recetarles ritalin o concerta.
De igual manera es un dato de suma importancia el que los mismos atletas nos digan lo que necesitan para progresar. Tal y como lo ha dicho en su historia el mismo famoso nadador. Él resolvió mejor su problema que cualquier otra persona.
Tenemos que apoyarlos a ellos, no manipularlos, dirigirlos y hasta explotarlos.
Dejarlos en libertad y darles toda la motivación, es mucho más efectivo que tratarlos de controlar.
Tenemos cuatro años más para los próximos Juegos.
Mientras tanto, hagamos un gran esfuerzo conjunto para prepararnos lo mejor posible para los Panamericanos aquí en Jalisco.
GUILLERMO DELLAMARY / Filósofo y psicólogo.