En estos días, 192 países de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) buscan, en la cumbre sobre el cambio climático en Copenhague, acordar una respuesta a la amenaza que representa el calentamiento global para encauzar a la Humanidad hacia un futuro “sostenible”. La meta, al parecer, es convencer a los países desarrollados para que, hacia el año 2020, reduzcan sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) entre 25% y 40% y limitar el alza de temperaturas en 2°C.
México pretende contribuir a los acuerdos emanados de esta cumbre internacional con la idea de crear un “Fondo Verde que busca ampliar la participación de todos los países que llevan a cabo acciones a favor de un desarrollo limpio, así como sustentar, financiera y tecnológicamente, las medidas de mitigación y adaptación al calentamiento global”. El argumento es que el sistema de financiamiento actual no basta para enfrentar un desafío global de la escala del cambio climático. Aunque ya se tiene una serie de “fondos ambientales”, se considera que éstos son insuficientes para ello. Y uno más es la solución.
La propuesta no está mal para orientar brevemente los reflectores mediáticos internacionales. Un halo de esperanza al tema que no cuaja desde hace varias décadas, especialmente ante la renuencia a cooperar de los países que más afectan, Estados Unidos y China. Sin embargo, pase lo que pase en Dinamarca, la agenda ambiental mexicana tiene sus propios pendientes locales, cuya atención apremia más allá de lo que ocurra en el escenario global.
¿Dónde, si no en nuestras propias casas, oficinas, escuelas, calles, colonias? En cosas tan elementales como la separación de la basura para facilitar su reciclaje; evitar el desperdicio de agua con la consecuente responsabilidad de evitar las fugas en los sistemas de distribución. También está el tema del ahorro energético en sus distintas formas, y el aprovechamiento de sistemas alternativos de energía, ya que nuestro petróleo se acaba.
Sigue el lamentable estado de la calidad del aire en las ciudades y la acumulación de basura doméstica; así como las toneladas de materia fecal que infectan los ríos y lagos debido al drenaje mal diseñado y mantenido que ocasiona desbordamientos, inundaciones y problemas sanitarios. Prácticamente todos los ríos y lagos del país están contaminados con desechos domésticos, agrícolas e industriales; incluyendo muchas playas y litorales.
La erosión de los cerros y de incontables parcelas agrícolas es otro problema grave, junto a la tala inmoderada de bosques y selvas cuyo comercio ilegal de madera ocurre diariamente a lado del tráfico de especies en peligro de extinción.
No se trata de aplanarse en la crítica pesimista. Otra vez, “son las cosas a veces de tal condición, que juzgarlas con sesgo optimista equivale a no haberse enterado de ellas”.
Baste recordar que en una de tantas investigaciones que se hacen para evaluar la percepción que se tiene sobre los distintos mercados turísticos del mundo, continuamente México ocupa dos primeros lugares muy significativos en las diferentes categorías evaluadas. Somos considerados el país más amistoso y el más basuriento, sucio. Prestos a tender una mano amiga, omisos en los quehaceres de casa.
Pensar globalmente y actuar localmente. No nos caería mal tomar el eslogan y asumirlo como un mandato sano a seguir. Ya lo advertía el pensativo Ortega y Gasset en su célebre texto sobre Las Meditaciones del Quijote: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”.
NORBERTO ÁLVAREZ ROMO/ Presidente de Ecometrópolis, A.C.
Correo electrónico: nar@megared.net.mx
México pretende contribuir a los acuerdos emanados de esta cumbre internacional con la idea de crear un “Fondo Verde que busca ampliar la participación de todos los países que llevan a cabo acciones a favor de un desarrollo limpio, así como sustentar, financiera y tecnológicamente, las medidas de mitigación y adaptación al calentamiento global”. El argumento es que el sistema de financiamiento actual no basta para enfrentar un desafío global de la escala del cambio climático. Aunque ya se tiene una serie de “fondos ambientales”, se considera que éstos son insuficientes para ello. Y uno más es la solución.
La propuesta no está mal para orientar brevemente los reflectores mediáticos internacionales. Un halo de esperanza al tema que no cuaja desde hace varias décadas, especialmente ante la renuencia a cooperar de los países que más afectan, Estados Unidos y China. Sin embargo, pase lo que pase en Dinamarca, la agenda ambiental mexicana tiene sus propios pendientes locales, cuya atención apremia más allá de lo que ocurra en el escenario global.
¿Dónde, si no en nuestras propias casas, oficinas, escuelas, calles, colonias? En cosas tan elementales como la separación de la basura para facilitar su reciclaje; evitar el desperdicio de agua con la consecuente responsabilidad de evitar las fugas en los sistemas de distribución. También está el tema del ahorro energético en sus distintas formas, y el aprovechamiento de sistemas alternativos de energía, ya que nuestro petróleo se acaba.
Sigue el lamentable estado de la calidad del aire en las ciudades y la acumulación de basura doméstica; así como las toneladas de materia fecal que infectan los ríos y lagos debido al drenaje mal diseñado y mantenido que ocasiona desbordamientos, inundaciones y problemas sanitarios. Prácticamente todos los ríos y lagos del país están contaminados con desechos domésticos, agrícolas e industriales; incluyendo muchas playas y litorales.
La erosión de los cerros y de incontables parcelas agrícolas es otro problema grave, junto a la tala inmoderada de bosques y selvas cuyo comercio ilegal de madera ocurre diariamente a lado del tráfico de especies en peligro de extinción.
No se trata de aplanarse en la crítica pesimista. Otra vez, “son las cosas a veces de tal condición, que juzgarlas con sesgo optimista equivale a no haberse enterado de ellas”.
Baste recordar que en una de tantas investigaciones que se hacen para evaluar la percepción que se tiene sobre los distintos mercados turísticos del mundo, continuamente México ocupa dos primeros lugares muy significativos en las diferentes categorías evaluadas. Somos considerados el país más amistoso y el más basuriento, sucio. Prestos a tender una mano amiga, omisos en los quehaceres de casa.
Pensar globalmente y actuar localmente. No nos caería mal tomar el eslogan y asumirlo como un mandato sano a seguir. Ya lo advertía el pensativo Ortega y Gasset en su célebre texto sobre Las Meditaciones del Quijote: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”.
NORBERTO ÁLVAREZ ROMO/ Presidente de Ecometrópolis, A.C.
Correo electrónico: nar@megared.net.mx