La difícil elección



Habrá que reflexionar en las implicaciones del ingreso de una familia de color como principal inquilina de la Casa Blanca. Recordemos que Estados Unidos nació como una República blanca y esclavista, y más de dos siglos después, los avances de las luchas por los derechos de los negros; el racismo y la exclusión de los diferentes, siguen siendo la marca de fábrica de la política doméstica e internacional, así como en las instituciones, es la cultura dominante en uno de los imperios más poderoso de la historia. Por eso tendría un extraordinario impacto moral y cultural que Barack Obama resultara electo presidente de Estados Unidos. Sería un símbolo que despertaría la esperanza y deseos de superación entre los que son marginados por orígenes raciales, sociales, ideas o creencias.

Apoyado en una compleja composición del electorado con quien tiene empatía y en su indudable inteligencia, Obama tendría ante sí la oportunidad de desmantelar el régimen de Gobierno más peligroso para la paz y la convivencia internacional en la historia estadounidense. Al contrario de sus oponentes republicanos que, parece, acentuarían una gigantesca debacle económica y social, el movimiento de Obama estimularía a los jóvenes, los inconformes, los progresistas y radicales, que han impulsado su candidatura, animados por el deseo de un cambio político profundo.

Esta fuerza social puede tomar impulso y ampliarse para exigir a Obama el cumplimiento de su agenda social, de sus promesas de privilegiar la diplomacia en política exterior y presionarlo para finalizar las guerras coloniales, contrarrestando las propuestas de la derecha republicana y de un sector de su propio partido, para la aceptación de una salida a la crisis que resulte favorable a las grandes corporaciones para continuar el rumbo bélico.

Él mismo ha dicho a sus partidarios que se siente siempre bajo presión de los conservadores y que: “Ustedes tienen que crear un viento político suficientemente fuerte para hacer volar la oposición (al cambio) y empujar a sus líderes electos a la izquierda”.

Gane quien gane, el próximo inquilino de la Casa Blanca gobernará un país en quiebra y con una deuda estratosférica, inserto en una honda y prolongada recesión que llevará a dudar por algunas décadas del american way of life y lo forzará a tomar enormes medidas de recaudación fiscal, en este momento de millones de desempleados. No podrá continuar con aventuras militares sin un costo social insoportable, aplicando una política doméstica más represiva que la de Bush y, por tanto, impopular. En esa circunstancia, aterra pensar en una presidencia de McCain, o de su posible relevo, Sarah Palin.

Es posible que la élite estadounidense trate de pasar la factura de la crisis a los demás, pero enfrentará una fuerte resistencia. En cambio, el posible resurgimiento de un movimiento progresista en Estados Unidos, propiciado por la victoria de Obama, hallaría aliados naturales en los de otros países.

La victoria de Barack Obama se antoja más deseable, aunque sus propuestas sean más bien tímidas y desee involucrarse más en Afganistán.

MARTHA GONZÁLEZ ESCOBAR / Divulgadora científica. UdeG.
Correo electrónico: marthaggonzalez@yahoo.com.mx
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