La dictadura del partido


En eso se convirtió el sueño marxista de una dictadura del proletariado. En su lugar entró el poderoso Partido Comunista, primero para representar al proletariado, y después para sustituirlo. De esta suerte el proletariado siguió siendo proletariado y los miembros del partido se convirtieron en la “odiosa burguesía” que habían pretendido abolir. Los mejores centros vacacionales, los mejores departamentos, el mejor caviar, vinos y tabaco de importación, vestuario de lujo, autos y jugosos ingresos, todo para que el proletariado tuviese su paraíso con el andar del tiempo, un tiempo y un paraíso que jamás llegaron, salvo para los miembros del partido, que supieron cobrar a muy buen precio la vendimia de los sueños.

Vivimos hoy algo semejante, una dictadura de partidos que dejaron de representar los intereses de la sociedad y acabaron por sustituirla; eso sí, adueñándose del dinero público y repartiéndoselo con base a leyes desfasadas que el mismo Congreso se niega a reformar, dado que está precisamente bajo el poder de los partidos, no de la ciudadanía.

Para defender los cuantiosos recursos que se han a sí mismos otorgado, hubo ya quien declarara que con ello se evita el que los candidatos se dejen comprar por empresarios o narcotraficantes, entonces, por pura lógica, los candidatos ahora se dejarán comprar por los partidos a fin de seguir defendiendo los intereses de sus nuevos compradores, no de la sociedad. En orden a esa misma lógica el declarante admite que los partidos proponen como servidores públicos a sujetos que efectivamente se venden al mejor postor, sea narco o empresario, ¿es entonces así como llegaron los actuales funcionarios a los puestos públicos que ocupan?  

Hay declaraciones pródigas que lejos de arreglar un problema lo magnifican; ahora sabemos por confesión de parte lo que ya sabíamos por simple observación, que los partidos cambiaron ideología por intereses, que su corrupción y decadencia es ya extrema, que se han convertido en los nuevos dictadores, que sus líderes tienen que pagar a muy alto precio, con dinero ajeno, las lealtades de sus propios miembros, que todos son sobornables y para evitar que lo sean de la competencia, el mismo partido los debe sobornar, jugoso soborno que por supuesto no evitará el que admitan otros, los candidatos siempre han sido hombres de “diálogo”.

Pero por encima del asunto, queda claro que todos esos millones están destinados a dos fines tan onerosos como inútiles, uno para seguir manteniendo a las catervas de achichincles que lucran en las campañas, otro para seguir llenando de basura visual y auditiva el ya dañado ambiente de pueblos y ciudades, con lemas, promesas, fotos glamorosas, frases huecas, si no es que dimes y diretes.

En realidad a ningún partido se le debería dar ni cinco centavos, y si tenemos la suficiente imaginación debemos admitir que sí puede haber democracia sin partidos políticos, y que nuestro país lograría un avance de enorme significación si lograra librarse del pesado lastre en que se han convertido dichos institutos.

ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO / Licenciado en Historia.
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