La ciencia mexicana ante el aborto

La Academia Mexicana de Ciencias (AMC), que agrupa a destacados científicos de nuestro país, cumplió en 2009 sus primeros 50 años de vida. Para celebrarlo, editó las obras de Darwin en español, en colaboración con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Pero además consideró de vital importancia pronunciarse ante el aborto.

En el documento (Jornada 2010/01/19/) habla de su reflexión crítica acerca del país, y recorre la labor que la Academia ha realizado en pro de la ciencia durante esas cinco décadas en que ha trabajado para fortalecer la investigación y la educación científica en todos los campos del conocimiento, pero además para que esos saberes se apliquen a entender nuestra realidad y los problemas de nuestro presente y del futuro.

Más importante todavía, la AMC y la comunidad científica realizan permanentes esfuerzos y expresiones de alerta para señalar las posibles causas de que México continúe rezagándose respecto al resto del mundo, como lo muestran los indicadores internacionales de desarrollo económico, social, político y humano. Precisamente es en ese contexto que les preocupa el fenómeno regresivo de los recientes meses, que amenaza con retroceder a etapas superadas hace siglo y medio, es decir, las reformas a las constituciones políticas locales en 18 estados de la Federación, cuyos efectos son penalizar el aborto, convirtiendo en delincuentes a las mujeres que lo deciden por razones respetables, y en última instancia en uso de su legítimo derecho en cuestiones que atañen a su cuerpo y a su dignidad personal.

En razón de lo anterior, la AMC considera que en lo científico, esas modificaciones legales no son compatibles con el concepto complejo de lo que es un ser humano y solamente toman en cuenta la simplista, arbitraria y poco informada definición de la vida en que se basan las reformas indicadas. Sobre todo consideran los académicos que esas reformas pretenden establecer un método de legislar que no incluya los avances de la ciencia.

Esta postura es trascendente, porque en los 18 estados que reformaron su Constitución los legisladores estuvieron guiados por los ministros de la Iglesia Católica que hablan en nombre de la ciencia, sin ser científicos, sino los herederos de los que en la Edad Media y en el Renacimiento llevaron a la hoguera a quienes tuvieron avances en el conocimiento y obligaron a retractarse a Galileo de sus descubrimientos.

Habrá que reconocer quienes firman el comunicado de la AMC son y han sido representantes indiscutibles de la comunidad científica del país. Además de su actual presidenta, la doctora Rosaura Ruiz, suscriben estos planteamientos 16 ex presidentes de ese organismo: Entre los firmantes se encuentran dos galardonados con el Premio Príncipe de Asturias: Bolívar Zapata y Rudomín; dos ex rectores de la UNAM: Sarukhán y Soberón; el ex secretario de Salud; Martínez Palomo, quien preside el Comité de Bioética de la UNESCO y actualmente encabeza el Consejo Consultivo de Ciencias de la Presidencia de la República; Laclette, actual coordinador del Foro Consultivo Científico y Tecnológico, y Reséndiz, ex director del Consejo Nacional de Ciencia y tecnología. Cinco de los firmantes son miembros del Colegio Nacional, y más de la mitad han recibido el Premio Nacional de Ciencias. Y no, ellos no obedecen los lineamientos del Vaticano.

MARTHA GONZÁLEZ ESCOBAR / Divulgadora científica. UdeG.
Correo electrónico: marthaggonzalez@yahoo.com.mx
Sigue navegando