La blancura del voto

Me da risa cuando oigo hablar de voto blanco.
Esforzándome por recordar otros de estos derechos ciudadanos, no viene a mi mente ningún caso en el que esas dos palabras sonaran como ahora.

Voto blanco. Voto limpio, esto es lo que entiendo, pero en las actuales circunstancias ¿es posible que un voto sea limpio totalmente? No, todos más o menos, están sucios y el afán porque todos votemos reside en la gran paga que reciben esos individuos: a más votos más diputados y “servidores públicos”, y más dinero para seguir subsistiendo a lo grande y engrosando el haber del partido.

Imaginemos que sólo votan los interesados, en tal caso el negocio de su política iría a la quiebra. Son muchos los que desde la pantalla de la televisión nos animan a votar: que es un derecho, que es parte importante de la democracia, que ellos hacen las leyes, ¿qué leyes? Las leyes se escriben en unos papeles y luego ¿quién las cumple?
Las cámaras donde se reúnen estos hacedores de leyes muchas veces parecen circos en los que importa lanzar el insulto más genial del partido contrario, en vez de unirse todos y acabar con los problemas que nos abruman: crímenes, narcotráfico, robos, secuestros... Como si en México no hubiera bastantes secuestradores, viene la guapa francesa Florence a aumentar la fila.

Todo esto, que va en aumento, hay que tenerlo en cuenta antes de votar. ¿Por quién?
El voto en blanco es pues, depositar en la urna la boleta sin marcar ningún nombre de candidato. Como siempre hay líos terminada la votación. algún interesado puede hacer una señal provechosa en las blancas boletas.
El que no sabe de algún candidato que merezca la pena y no desea regalar a nadie parte de la patria, no va a votar, pero ha de conocer el riesgo que corre al dejar su papeleta en blanco, más seguro es anular la boleta. Por ejemplo escribiendo: “Viva México sin delincuentes”.

Parecían aburridas estas elecciones, pues al principio de la campaña sólo oíamos frases sosas que no decían nada. Luego empezaron a animarse y a colgarnos cartelones con caras desconocidas: los nuevos candidatos ofreciéndonos el oro y el moro, como los anteriores, y pensando en la paga que este “trabajito” les va a proporcionar.
Comentan que hay desánimo entre los electores ¿qué quieren... que nos pongamos a bailar y cantar?
Tal vez no estaría mal para nuestra democracia que ha puesto en buen lugar la blancura del voto.

Aquellos tiempos y éstos

Muchas veces repetimos aquel verso de Jorge Manrique: “Cualquier tiempo pasado fue mejor”.
¿Mejor?... Igual.
Generalmente no nos satisface nuestro tiempo, pero ¿satisfizo el pasado al que le tocó vivirlo?
No sólo es un problema la situación económica de todos los tiempos: “Tu economía... mi economía”, hay mucho más. No alcanzaba ni alcanza el haber al gasto diario y a los impuestos. Así sucede ahora. Y antes como ahora cada uno tenía sus problemas particulares de amor, familiar, laboral que no le resultaba fácil resolver. ¿Arreglaban algo? La desigualdad y la pobreza aún son abundantes hoy en el mundo, en unos lugares más que en otros, pero en todos los horizontes hay.

La suerte me ha traído varios libros sobre la historia de México. Hay una editorial —”Tomo”— que se dedica a biografías. Son libros de bajo precio, se los digo a los que gustan de leer, y nos ofrece “grandes” de México y el mundo, tratados con amenidad y sencillez. Por ahí voy en mis ratitos de insomnio: ya han pasado por mi atención Diego Rivera, Carlota, Porfirio Díaz y, encuadrados en su tiempo, veo que antes igual que ahora, había descontento y explotación. No se entendían todos los mexicanos y empezaban los balazos y la crueldad de unos y otros. No había narcotraficantes feroces como ahora, pero no faltaban asesinos a sueldo que por cualquier causa usaban su oficio. Muy interesante y cultural esta lectura. Pero el lector se cansa de tanta guerra, la cual se repite en otros países creándose una historia mundial repelente.

GABRIEL PAZ / Escritora.
Correo electrónico: macachi809@hotmail.com
Sigue navegando