ENTRE VERAS Y BROMAS
La nota que dio ayer Carlos Briseño Torres, en su calidad de rector general de la Universidad de Guadalajara, sería, en términos de ajedrez, un jaque suicida...
—II—
Su inopinada declaración —“se acabó la era de Raúl Padilla López en la Universidad de Guadalajara”— sorprendió a propios y extraños. Falta ver si cumplirá con los propósitos que seguramente la inspiraron... Si pretendió epilogar la pugna intestina de las últimas semanas —la llamada “guerra de desplegados”—, todavía faltan las reacciones de los sectores de la universidad vinculados con Padilla López. Si pretendió poner la lápida al “maximato” ejercido por el aludido en las últimas dos décadas, aún falta que lo acepten, sumisos, los grupos de poder ostensiblemente afines al aludido.
Precisamente porque él mismo fue estrecho colaborador de Raúl, desde los ya lejanos tiempos de la Federación de Estudiantes de Guadalajara hasta los años en que éste fue rector de la casa de estudios, y porque sabe que su propia designación como rector general necesariamente requirió el “placet” de Padilla, Briseño dio al conflicto un giro inesperado: al margen de la sinceridad o insinceridad de su declaración previa, en el sentido de que no está tratando de utilizar su puesto actual como trampolín para buscar otras posiciones —el Gobierno del Estado, concretamente—, quebrantó las reglas del juego de la política al optar, no por el diálogo, sí por la declaración de guerra.
Además de la tronante frase medular de la declaración —“se acabó la era de Raúl Padilla López”—, están las referencias a las “empresas faraónicas” y a los proyectos relacionados con el “show business” —obvias alusiones a la Feria Internacional del Libro, la Muestra Internacional del Cine, el Teatro Diana, el Auditorio Telmex (antes Metropolitano), etc.— de las que Padilla ha sido promotor y sigue siendo cabeza visible..., y, sobre todo, al daño —ese vocablo utilizó— que el ex rector, según Briseño, ha causado a la Universidad de Guadalajara.
—III—
En las partidas amistosas de ajedrez, cuando un jugador, por torpeza o descuido, expone su rey al jaque, se le da, por cortesía, la oportunidad de que rectifique.
Pero como ésta no es una partida amistosa de ajedrez, pues...
La nota que dio ayer Carlos Briseño Torres, en su calidad de rector general de la Universidad de Guadalajara, sería, en términos de ajedrez, un jaque suicida...
—II—
Su inopinada declaración —“se acabó la era de Raúl Padilla López en la Universidad de Guadalajara”— sorprendió a propios y extraños. Falta ver si cumplirá con los propósitos que seguramente la inspiraron... Si pretendió epilogar la pugna intestina de las últimas semanas —la llamada “guerra de desplegados”—, todavía faltan las reacciones de los sectores de la universidad vinculados con Padilla López. Si pretendió poner la lápida al “maximato” ejercido por el aludido en las últimas dos décadas, aún falta que lo acepten, sumisos, los grupos de poder ostensiblemente afines al aludido.
Precisamente porque él mismo fue estrecho colaborador de Raúl, desde los ya lejanos tiempos de la Federación de Estudiantes de Guadalajara hasta los años en que éste fue rector de la casa de estudios, y porque sabe que su propia designación como rector general necesariamente requirió el “placet” de Padilla, Briseño dio al conflicto un giro inesperado: al margen de la sinceridad o insinceridad de su declaración previa, en el sentido de que no está tratando de utilizar su puesto actual como trampolín para buscar otras posiciones —el Gobierno del Estado, concretamente—, quebrantó las reglas del juego de la política al optar, no por el diálogo, sí por la declaración de guerra.
Además de la tronante frase medular de la declaración —“se acabó la era de Raúl Padilla López”—, están las referencias a las “empresas faraónicas” y a los proyectos relacionados con el “show business” —obvias alusiones a la Feria Internacional del Libro, la Muestra Internacional del Cine, el Teatro Diana, el Auditorio Telmex (antes Metropolitano), etc.— de las que Padilla ha sido promotor y sigue siendo cabeza visible..., y, sobre todo, al daño —ese vocablo utilizó— que el ex rector, según Briseño, ha causado a la Universidad de Guadalajara.
—III—
En las partidas amistosas de ajedrez, cuando un jugador, por torpeza o descuido, expone su rey al jaque, se le da, por cortesía, la oportunidad de que rectifique.
Pero como ésta no es una partida amistosa de ajedrez, pues...