Entramos en un tema que puede suscitar interés entre quienes quisieran involucrarse en la producción agrícola de árboles frutales. La sustentación de concepto está en los buenos climas jaliscienses, y en el mercado potencial dado el crecimiento poblacional y los cambios por diversidad y máxima calidad de los productos que se ofrecen u ofertan al consumidor final.
Antecedentes
Si bien con conceptos y criterios muy a la usanza del pasado, con un costumbrismo apegado a las necesidades de las haciendas en su tiempo, después, muchas décadas después de los movimientos sociales que nos trajeron a encontrar el presente, fueron desapareciendo paulatinamente las huertas o huertos llamados “huerta de indios”. Con interés en la historia actualizada para primero entender o comprender esta fase de la producción de frutas, y después llevarla ante nuestros lectores de esta amable página de los domingos, hemos seguido como profesionales del campo la ruta de los orígenes de nuestra fruticultura jalisciense. El concepto económico de fruticultura estuvo pues ligado a los propietarios rurales, los cuales localizados en una geografía sin vértebras de comunicación y, con una transportación cuyo rotor principal era la arriería, se antoja casi normal que en los predios de hacienda, se encontraran conviviendo diversas especies vegetales en fruto de árbol. Suponemos que acaso con el mínimo del saber de la e
cología, simplemente se sembraban huesos o semillas, esperando con ello pasado algún tiempo, porque se presume que tampoco se conocían los ciclos biológicos de las diversas especies pues; así empaque y transporte propiciaban una calidad del producto muy disímbola. La sociedad consumidora de la época no hizo costumbre en cuanto a exposición de anaquel -porque no lo sabía- fue así que primero yendo a la huerta por producto y después exponiéndose esté a ras de suelo sobre petates, el comprador se acostumbró a la mercancía vendida a granel, metiendo mano en la pila o montón para escoger la mejor fruta; ésta, habida cuenta de un precio mayor. Vestigios de tal movimiento comercial o mercantil existen todavía en algunas zonas de nuestro Jalisco.
Necesidades sociales
Poco a poco hemos estado llegando al concepto de la calidad. Los criterios de nutrición y alimentación no van más allá en sus cambios, de las cuatro décadas, que fue entonces cuando medios comerciales propagandísticos “echaron sus campanas a vuelo”, para que el consumidor mexicano pudiera enterarse de que en su dieta, no nada más estaban el maíz y el frijol, los huevos y la leche, sino que había que incluir frutas y legumbres, de las que las primeras había que consumir más sin menos precio de las segundas; se vino el auge del uso de productos químicos para la mejora de las cosechas en sus rendimientos de campo y calidad, que ya empezaba a buscarse por el consumidor.
Los inversionistas entrones
Desprendiéendose pues de la sujeción tradicionalista propietarios particulares y, hasta los miembros de uno que otro ejido o comunidad, empezaron a invertir en árboles frutales. Pequeños huertos en diversas especies con necesidades distintas, conviven no obstante sus diversas necesidades agronómicas; por ello nos obliga a utilizar los variados y necesarios climas, en los cuales, inclusive, se puede cultivar el kiwi, así que nuestros representantes legislativos, o ignoran la climática de este fruto o deveras, quieren hacer turismo de erario, ya que con la Secretaría de las múltiples responsabilidades, es suficiente para obtener la información correspondiente. ¡Señores, Jalisco tiene clima para el cultivo del kiwi!
Las pequeñas superficies convertidas en pequeños huertos frutales, pareciera que van luchando corriente arriba; los fruticultores de estos predios requieren de la orientación técnica agronómica, así como de una constante de mercado que garantice la inversión y las fuentes de trabajo en las determinadas zonas o regiones. Sin embargo, tenemos verdaderos “garbanzos de a libra”, quienes arriesgando su inversión, persisten en su afán y decisión de aportar productos de nutrición, aunque éstos sean distintos en calidad y tal vez por ello, los precios no siempre estén a la altura de la justeza que se espera en la balanza del costo beneficio.
La moda de la producción frutícola
Hacerse de unos árboles frutales, de determinada especie, sólo porque mi compadre o vecino lo han hecho, es arriesgar en gran parte, dinero y perspectivas. Veamos: de unos años, no muchos, a la fecha se están atendiendo, (que no cultivando), plántulas de membrillero, en la zona Atequiza–Atotonilquillo, producción de un fruto regular en su calidad que se ofrece a la venta a la orilla de la carretera; queremos pensar con nuestros mejores deseos que gran parte de esta producción vaya a venderse en Abastos. El membrillero hizo patronímico de un pueblo: “Ixtlahuacán de los Membrillos”; pero quien visite dicha localidad se dará cuenta de la poca población del árbol de membrillo, plantados en mínimas superficies como son los corrales; en contraste, vemos en la nueva zona membrillera, mayor número de plantaciones, aunque de una manera poco convencional, en cuanto a diseño y formación anatómica del arbolillo. Creemos de la mayor conveniencia que esta manera de generar economía sea respaldada financiera y técnicamente;
pues seguramente el contribuyente patrocina los emolumentos del personal especializado, así que el fruticultor de membrillo se entere si ha escogido bien el suelo y si las “corrientes” de horas frío, necesarias a este vegetal, son suficientes para el desarrollo del mismo. Por otro lado se tenga contemplado la inversión y posibilidades de una infraestructura de riego.
Parte agronómica
Seguramente en la mano de obra necesaria habrá disposición para aprender cómo hacer un trabajo eficiente; el suelo del membrillero requiere de una aireación constante y por tanto, hay que hacer la labor de removerlo; la cantidad de agua que se use para riego debe ser la suficiente para mantener un suelo fresco. También es necesario enterarse que, al membrillero como a todas las plantas en cultivo, lo atacan plagas y enfermedades; esto es, presencia de insectos tanto succionadores como masticadores que perjudican al vegetal en sus diferentes órganos, acorde al estadio y tipo de insecto, pues los hay en el suelo, en el tronco, en las ramas, hojas, flor y fruto. La presencia de esta gama de insectos puede ser del tipo epidémico (esto es que llegan, hacen el daño y se van), o bien del tipo endémico, queremos decir con ello, que la presencia y el daño son más o menos constantes. Hongos patógenos también hacen del membrillero un hábitat; en la valoración económica del cultivo, prevenir y combatir hasta su erradicac
ión un hongo patógeno, se hace más caro, pero necesario, y es que si un interesado fruticultor de membrillo, le da fitosanidad a sus árboles, no se puede estar seguro de que el vecino que también es productor del árbol, aplique el mismo concepto y criterio agronómicos para mantener la cooperación en la sanidad frutícola de la zona.
Cosecha y calidad
El membrillero es un arbusto-árbol, cuya más segura propagación se hace por estacas aunque, se puede recurrir siempre, a la propagación por acodo. Tiene una longevidad o duración de vida de hasta 50 años, siendo su mayor periodo de rendimiento de campo a los 26 años, aunque inicia fructificación de ensaye a los seis años, lo que no necesariamente significa que tal, no pueda este periodo ser de alguna manera manifestación de precocidad pues la experiencia asevera que el membrillero puede iniciar su vida económica, a los cuatro años.
Generalmente en los países donde este frutal ocupa grandes superficies del terreno (el vegetal se establece bien en suelos de tendencia alcalina y con muchas horas del periodo de luz), el diseño de plantación es de seis metros por lado. Un huerto de membrillero adecuadamente cultivado con normas agronómicas establecidas, tiene una producción individual o por árbol de hasta 250 kilos. La cosecha en países como el nuestro de escasos recursos tecnológicos, se hace a corte manual y por ello es necesaria numerosa mano de obra. Las experiencias más exitosas en este sentido se han tenido con la utilización de mano de obra femenina o bien adolescente y mixta.
Para estar acorde a las exigencias o normas de manejo de cosechas, dejan de utilizarse las “rejas de madera” y se da paso o recurre a los empaques modernos de cartón. Aunque el fruto puede madurar en el árbol plenamente, es recomendable el corte a 80-90 de estado de maduración. El inversionista fruticultor debe saber que hay, o se comercializan en el mercado nuestro tres variedades cuya coloración en madurez son fácilmente detectadas como verde esmeralda, amarillo-amarillo, y amarillo naranja. El fruto tiene su mayor utilización en la labor o industria de la conservería o bien dulce cristalizado, ya que como fruta fresca de mesa es reducido su movimiento mercantil.
Sitios deseables
Con infraestructura de riego, la región de Colotlán al Norte; y la de Tecolotlán-Tenamaxtlán, esperan la inversión para el cultivo del membrillero.
ROBERTO SIERRA B. / Ingeniero agrónomo, asesor y consultor.
Correo electrónico: ing.sierra@yahoo.com