“Ilustres”

ENTRE VERAS Y BROMAS               

Hermenegildo Torres fue todo un personaje de la picaresca mexicana. A diferencia de Pito Pérez o “El Canillitas”, por ejemplos, cuyas aventuras hacen el paso de la muerte entre la biografía y el mito, y cuya “inmortalidad” se debe, en gran medida, a las plumas de José Rubén Romero y José Joaquín Fernández de Lizardi, respectivamente, Torres no le debe nada a nadie. El auge que tuvo su creación, la PUP (Por la Unificación de los “Perplejos”), celebérrima a mediados del siglo pasado, fue obra exclusivamente suya; el olvido en que ha caído, culpa, quizá, de “Fuenteovejuna”.

Presumía Hermenegildo Torres —regiomontano él— de que ya tenía un solar de 100 hectáreas para construir ahí el Salón de la Fama de la PUP, que almacenaría la efigie y una síntesis de las proezas de algunos “perplejos” prominentes en grado heroico. “Por supuesto —aclaraba—, el edificio será de dos pisos”.

—II—

Viene al caso la evocación porque ahora mismo hay versiones de que el número de los inquilinos de la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres tiende a crecer. Amén de nombres como los de Juan Rulfo (el más universal escritor de Jalisco) y Enrique González Camarena (inventor del principio de la televisión a colores), los grandes ausentes por excelencia, se considera inevitable la incorporación del poeta Alfredo R. Plascencia (el San Juan de la Cruz jalisciense) y del compositor Pepe Guízar, reputado como “el pintor musical de México”.

Además, según las malas lenguas, están en lista de espera, sin más méritos que tener poderosos padrinos de confirmación, Heliodoro Hernández Loza y Francisco Silva Romero, “líderes obreros” cuyo mérito consistió en consolidar, hasta donde buenamente se pudo, el corrupto esquema de poder del “ancien regime”.

—III—

En función del sistema “do ut des” (“hoy te firmo la canonización de Pancho y Heliodoro para que tú mañana me firmes las de Emilio y Bebeto...”), es previsible que la “carambola hecha” se consume más temprano que tarde.

De donde se desprende que en la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres, como en el Museo de la Fama de la PUP, la divisa tácita sólo puede ser una: “Ni están todos los que son..., ni son todos los que están”.
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