Ayer... y hoy
Parece que fue ayer, y sin embargo hace ya un lustro que visité por primera vez China; conocí sus principales ciudades: Beijing o Pekín, Hong Kong, Shangai, Güilin, etc., recorrí sus zonas geográficas más hermosas, el Río Ligian donde vi, como hizo Marco Polo, “pescar con cormoranes”, me impresionó sobremanera sus manifestaciones arquitectónicas antiguas y modernas: La Gran Muralla, los palacios y museos de la Ciudad Prohibida, los siete mil soldados de terracota de tamaño natural que junto con sus caballos y carruajes custodian la tumba del emperador Qui-Shi-Huan, vi y disfruté lo que la intérprete llamó “El barrio chino de China” y recorrí fábricas y centros comerciales ubicados en los rascacielos que sobrepasan la altura de los edificios más altos de Estados Unidos.
En artículos publicados en esta columna “Ayer... y hoy”, di a conocer también algunas peculiaridades y costumbres chinas que me llamaron la atención, tales como que en Pekín no estaba permitido que circulara ningún automóvil, sólo bicicletas, lo que originaba que era una ciudad limpia, sin contaminación y menos auditiva y visual (durante mi permanencia), nunca llegué a escuchar ninguna sirena de ambulancia o patrulla, igualmente en Pekín estaba prohibido tener perros, pues decían que eran tantos los habitantes que “o comían los chinos o comían los perros”, vi un desfile donde se mostró el poderío militar del país por lo que comenté y escribí: “Aguas gringos, el tigre asiático se acerca”, y parece que no me equivoqué, pues en estos cinco años transcurridos China ha cambiado tanto que hoy está irreconocible por todos los avances que en todos los órdenes ha logrado, y si lo duda veamos algunos ejemplos:
Los puentes colgantes más grandes del mundo se encuentran en China; tiene el tren más rápido del planeta (alcanza los 430 kilómetros por hora); si comparáramos el aeropuerto de Guadalajara con el de Pekín, que es moderno y bello, por su atraso y fealdad el nuestro sería el de un pequeño pueblo bicicletero; como ya permiten que se tengan automóviles por las calles de Pekín, Shangai y Hong Kong, circulan miles de ellos, pues China ya los produce por millones, de los cuales un alto porcentaje son de lujo o importados, ya que el país tiene infinidad de millonarios y para darles gusto cuenta con los centros comerciales más grandes del mundo, donde se venden al por mayor artículos de lujo y vestidos a la última moda.
Pero con todos esos avances también llegaron los males de la civilización; al circular miles de automóviles Pekín actual es una ciudad de las más contaminadas, tanto que se piensa que será un problema para la realización de los Juegos Olímpicos próximos a realizarse; hoy, en sus parques y jardines ya no se ven ancianos, mujeres y niños haciendo ejercicios por las mañanas, sin ningún cuidado, los habitantes tiran basura y pasean sus perros que con sus desechos aumentan la contaminación; por lo anterior uno se pregunta: ¿Compensará ese progreso alcanzado el deterioro en la actual calidad de vida de los chinos?
ADOLFO MARTÍNEZ LÓPEZ / Escritor.
Parece que fue ayer, y sin embargo hace ya un lustro que visité por primera vez China; conocí sus principales ciudades: Beijing o Pekín, Hong Kong, Shangai, Güilin, etc., recorrí sus zonas geográficas más hermosas, el Río Ligian donde vi, como hizo Marco Polo, “pescar con cormoranes”, me impresionó sobremanera sus manifestaciones arquitectónicas antiguas y modernas: La Gran Muralla, los palacios y museos de la Ciudad Prohibida, los siete mil soldados de terracota de tamaño natural que junto con sus caballos y carruajes custodian la tumba del emperador Qui-Shi-Huan, vi y disfruté lo que la intérprete llamó “El barrio chino de China” y recorrí fábricas y centros comerciales ubicados en los rascacielos que sobrepasan la altura de los edificios más altos de Estados Unidos.
En artículos publicados en esta columna “Ayer... y hoy”, di a conocer también algunas peculiaridades y costumbres chinas que me llamaron la atención, tales como que en Pekín no estaba permitido que circulara ningún automóvil, sólo bicicletas, lo que originaba que era una ciudad limpia, sin contaminación y menos auditiva y visual (durante mi permanencia), nunca llegué a escuchar ninguna sirena de ambulancia o patrulla, igualmente en Pekín estaba prohibido tener perros, pues decían que eran tantos los habitantes que “o comían los chinos o comían los perros”, vi un desfile donde se mostró el poderío militar del país por lo que comenté y escribí: “Aguas gringos, el tigre asiático se acerca”, y parece que no me equivoqué, pues en estos cinco años transcurridos China ha cambiado tanto que hoy está irreconocible por todos los avances que en todos los órdenes ha logrado, y si lo duda veamos algunos ejemplos:
Los puentes colgantes más grandes del mundo se encuentran en China; tiene el tren más rápido del planeta (alcanza los 430 kilómetros por hora); si comparáramos el aeropuerto de Guadalajara con el de Pekín, que es moderno y bello, por su atraso y fealdad el nuestro sería el de un pequeño pueblo bicicletero; como ya permiten que se tengan automóviles por las calles de Pekín, Shangai y Hong Kong, circulan miles de ellos, pues China ya los produce por millones, de los cuales un alto porcentaje son de lujo o importados, ya que el país tiene infinidad de millonarios y para darles gusto cuenta con los centros comerciales más grandes del mundo, donde se venden al por mayor artículos de lujo y vestidos a la última moda.
Pero con todos esos avances también llegaron los males de la civilización; al circular miles de automóviles Pekín actual es una ciudad de las más contaminadas, tanto que se piensa que será un problema para la realización de los Juegos Olímpicos próximos a realizarse; hoy, en sus parques y jardines ya no se ven ancianos, mujeres y niños haciendo ejercicios por las mañanas, sin ningún cuidado, los habitantes tiran basura y pasean sus perros que con sus desechos aumentan la contaminación; por lo anterior uno se pregunta: ¿Compensará ese progreso alcanzado el deterioro en la actual calidad de vida de los chinos?
ADOLFO MARTÍNEZ LÓPEZ / Escritor.