ENTRE VERAS Y BROMAS
Con todo el respeto que merece, la resolución del juez tercero de distrito en materia administrativa, Héctor Martínez López, fue un ejemplo perfecto de galimatías. (El “tumba-burros” define así ese bonito vocablo: “Galimatías: lenguaje oscuro por la impropiedad de la frase o por la confusión de las ideas”...).
—II—
Como es del conocimiento público, al señor juez le cayó entre las manos un chayote caliente: la tarea de desenmarañar el capítulo anticlimático —caricatura del conflicto de “Doña Flor y sus dos Maridos”, la estupenda novela de Jorge Amado que acabó en mediocre película— en que desembocó el más reciente conflicto en la Universidad de Guadalajara. La “suspensión provisional” a favor de Carlos Briseño Torres, quien fue depuesto como rector por el Consejo General Universitario (CGU), por una parte, y la resolución complementaria de “dejar las cosas como están”, con Marco Antonio Cortés Guardado, quien fue designado por el mismo CGU “rector sustituto”, por la otra, es una variante —muy común en los resbaladizos meandros del derecho, por lo demás— del consabido “no es redondo ni cuadrado, sino todo lo contrario”.
Puesto que la contradicción —salvo que se trate de uno de los gustados trucos de “Beto el Boticario”— es evidente, ese simple hecho anularía la resolución judicial, enviaría el litigio a la siguiente instancia... y dejaría el conflicto en el limbo jurídico por tiempo indefinido. De hecho —“piensa mal y acertarás”, aconsejaban, sentenciosas, las abuelas de antes—, pudiera tratarse de una artimaña del juzgador, en el papel de buen ladrón crucificado en medio de dos cristos, para no comprometerse: “Ni águila ni sol, señores —a eso equivale su ‘fallo’—...: aunque ni Ripley lo crea, damas y caballeros, la moneda cayó parada”.
—III—
El mundo del derecho es muy diferente al mundo de las matemáticas. En éste, dos y dos siempre han sido, son y serán cuatro. En aquél, a veces son cuatro, a veces 22... y a veces quién sabe. Por eso en ese mundo tan peculiar, pródigo en ejemplos a modo para optar por remedos de los fallos salomónicos, los jueces suelen refugiarse en una máxima punto menos que infalible: “En las claras, la que debe ser; en las dudosas..., la más cómoda”.
Con todo el respeto que merece, la resolución del juez tercero de distrito en materia administrativa, Héctor Martínez López, fue un ejemplo perfecto de galimatías. (El “tumba-burros” define así ese bonito vocablo: “Galimatías: lenguaje oscuro por la impropiedad de la frase o por la confusión de las ideas”...).
—II—
Como es del conocimiento público, al señor juez le cayó entre las manos un chayote caliente: la tarea de desenmarañar el capítulo anticlimático —caricatura del conflicto de “Doña Flor y sus dos Maridos”, la estupenda novela de Jorge Amado que acabó en mediocre película— en que desembocó el más reciente conflicto en la Universidad de Guadalajara. La “suspensión provisional” a favor de Carlos Briseño Torres, quien fue depuesto como rector por el Consejo General Universitario (CGU), por una parte, y la resolución complementaria de “dejar las cosas como están”, con Marco Antonio Cortés Guardado, quien fue designado por el mismo CGU “rector sustituto”, por la otra, es una variante —muy común en los resbaladizos meandros del derecho, por lo demás— del consabido “no es redondo ni cuadrado, sino todo lo contrario”.
Puesto que la contradicción —salvo que se trate de uno de los gustados trucos de “Beto el Boticario”— es evidente, ese simple hecho anularía la resolución judicial, enviaría el litigio a la siguiente instancia... y dejaría el conflicto en el limbo jurídico por tiempo indefinido. De hecho —“piensa mal y acertarás”, aconsejaban, sentenciosas, las abuelas de antes—, pudiera tratarse de una artimaña del juzgador, en el papel de buen ladrón crucificado en medio de dos cristos, para no comprometerse: “Ni águila ni sol, señores —a eso equivale su ‘fallo’—...: aunque ni Ripley lo crea, damas y caballeros, la moneda cayó parada”.
—III—
El mundo del derecho es muy diferente al mundo de las matemáticas. En éste, dos y dos siempre han sido, son y serán cuatro. En aquél, a veces son cuatro, a veces 22... y a veces quién sabe. Por eso en ese mundo tan peculiar, pródigo en ejemplos a modo para optar por remedos de los fallos salomónicos, los jueces suelen refugiarse en una máxima punto menos que infalible: “En las claras, la que debe ser; en las dudosas..., la más cómoda”.