Etiología de las enfermedades: causa y origen


Son comunes en el ánimo del productor agrícola la sorpresa y la extrañeza, son presencias que, “de la noche a la mañana”, el cultivo está enfermo. Ciertamente están presentes la selección y lo específico; primero porque el insecto o el hongo patógeno pueden detectar la debilidad nutricional de la planta y segundo, porque es verdad que también distintos órganos del vegetal pueden representar un buen sustrato para el desarrollo del patógeno, y porque la suculencia de algunos tejidos es atractiva para la sobrevivencia del insecto. En ambos casos se presenta una gama diversa de insectos y hongos que dañan el cultivo, muchas veces con incidencia a lo largo del ciclo biológico del mismo.

Influencias directas

Las condiciones climáticas de calor, humedad y luz solar son con frecuencia grandes influencias para el desarrollo de la genética de la parasitosis que nos ocupa. No soslayamos la presencia de malezas cercanas a los terrenos en cultivo; es bien sabido que las malas hierbas en sus diferentes etapas de crecimiento ofrecen también un recurso de alimentación y protección, aunque nunca de la calidad de la planta en cultivo. Hongos y bacterias pueden vivir bajo el nivel del suelo y atacar al vegetal desde sus raíces, y luego continuar el daño hacia arriba, afectando tallo, ramas, hojas (los síntomas pueden aparecer en las diferentes partes de la lámina desde el pecíolo hasta el ápice, y los márgenes), flores y frutos, también éstos en diferentes tejidos. Vamos a desatender la influencia de los insectos vectores; nos hemos de atener, en la presente colaboración, a describir las enfermedades que, de hecho, se presentan: fisiológicas y patológicas, sin perjuicio de que en ambos casos puedan ser epidémicas o endémicas.

Información diversa
 
Hemos expuesto en esta misma página de colaboración dominical, ciertas necesidades de horas frío, horas calor y horas luz, que reclaman las diferentes especies que se ponen a cultivo. Respecto de lo anterior y por lo indefinido físicamente en nuestro territorio (excepción de los estados del Norte), es que podemos establecer algunos cultivos como de época de invierno, así como se llevan a cabo cosechas primavera-verano. Las bajas temperaturas le son benéficas al apio, lechuga, coliflor, betabel, col de Bruselas, sólo por citar un mínimo de la gran gama de especies en las que, sin duda alguna incluimos garbanzo, lenteja y haba, cultivos éstos que se desarrollan en condiciones de humedad residual.

Iniciemos

Hernia de la col.- Prácticamente todas las plantas de la familia vegetal a la que pertenecen repollos y coliflor y otros, así como también algunas plantas ornamentales de las crucíferas, tales como los alhelíes, amarillos y rojos; malas hierbas, igualmente de la familia de las crucíferas que incluyen mostaza y rábano silvestres, son afectadas por la hernia de la col cuyo nombre científico fue impuesto por el botánico Woron, como Plasmodiophora brassicae. Diversas plantas que no sean crucíferas pueden así mismo infectarse ligeramente, pero sin demasiadas consecuencias prácticas.

La enfermedad es provocada por un hongo que penetra en el sistema radicular de las plantas, a partir del suelo (recordemos que el desprendimiento de calor húmedo que proviene del suelo propicia en los primeros 10 centímetros condiciones para el desarrollo del patógeno). Sobre las raíces o en la base del tallo se desarrollan unos engrosamientos redondeados que pueden llegar a ser grandes e irregulares. Cuando en las prácticas de campo para efecto de diagnóstico realizamos un corte transversal, los síntomas mencionados presentan en el interior de la planta un aspecto abigarrado y eventualmente degeneran en unos fragmentos podridos de mal olor. Cuando se desintegran, se liberan en el suelo millares de esporas procedentes del hongo y que pueden permanecer vivas durante varios años. Por tanto, es recomendable a colegas, técnicos y agricultores de avanzada, mandar al laboratorio muestras de suelo para su conteo microbiológico; si esto parece engorroso y no está contemplado en la corrida de inversión, entonces podem
os recurrir a la aplicación de desinfectantes del suelo antes de dar el primer paso de rastra.

Las plántulas afectadas, si apenas se desarrollan. Si las plantas son atacadas en un estado más tardío, el efecto de achaparramiento no se detecta muy marcado, pero las plantas pueden marchitarse o aparecer como enfermizas, con las hojas decoloradas.

Las agallas o hinchamientos producidos sobre las raíces y base del tallo por el “gorgojo del apio”, son en muchos casos confundidos con la hernia de la col, pero las podemos distinguir, cortándolos a través, ya que son huecos y normalmente contienen restos de tejidos secos que fueron del gorgojo. Además un considerable engrosamiento de los tallos y base de los mismos, con formación de agallas, puede estar provocado (mucho ojo compañeros) por la aplicación de herbicidas como el 2.4-D y MCPA.

Aunque también debemos decir que frecuentemente la enfermedad se halla asociada con una acidez del suelo, pues la hernia de la col se puede desarrollar en suelos fuertemente contaminados con un pH superior a 8.0, propicias a ello. Consideremos que las poblaciones de estos cultivos son densas; por ello la reacción del suelo cambia constantemente, para mantener el equilibrio de entre 6.5  y 7.2, se hace indispensable el uso de acidímetro, o medidor de pH.

Control

Normalmente se puede obtener un control satisfactorio recurriendo a la aplicación de cal al terreno. Este método tiene algunas variantes en beneficio de la reacción del suelo, para alcanzar el rango de pH acorde a las necesidades del vegetal a cultivo; la aplicación antiguamente la hacían nuestros abuelos campesinos utilizando la llamada cal viva, la reacción físico-química se refleja en la alta temperatura al entrar la cal en contacto con la humedad del suelo. Actualmente es más práctico utilizar la calhidra, el efecto de la presencia de calcio se traduce en un soporte a la estructura del terreno, disposición del elemento para la nutrición de la planta, e igualmente, un cambio brusco de reacción que obedece al encuentro o choque de las cadenas moleculares en los diversos organismos patógenos.

Ahora bien, algunos síntomas de deficiencias minerales sobre ciertos cultivos pueden estar inducidos por excesivas aplicaciones de cal; la recomendación práctica es que las dosis de calhidra al suelo debe ser de 20 gramos por metro cuadrado. Podemos recurrir a la piedra caliza, para lo que se utilizarían 40 gramos por metro cuadrado; no debemos desalentarnos, ya que pueden transcurrir de dos a tres años antes de que aparezcan sorprendentes efectos benéficos, como resultado de la aplicación de la cal. En aquellos lugares en donde la enfermedad es grave, es aconsejable aplicar inmediatamente la cal después de cosechar un cultivo afectado, y en el caso que se cultiven crucíferas (como constatamos con frecuencia en las cercanías de los cuatro municipios conurbados), a manera de monocultivo las aplicaciones deben hacerse durante varios años —no ciclos— inninterrumpidamente. Es un asunto muy importante incorporar perfectamente la cal hasta los 40 ó 60 centímetros inclusive.

Advertencia
 
Sin embargo, el encalado no es siempre eficaz para controlar la enfermedad, si el suelo se haya fuertemente contaminado y se encuentre favorecida por una humedad y temperatura del propio terreno. Por ello debemos tomar muy en cuenta el uso de productos químicos, tanto para la desinfección del suelo como para la protección de la planta en su anatomía toda.

Los criterios universales están acordes en que se hace necesario hacer las repeticiones frecuentes de rociados y espolvoreos, con el objetivo de romper los ciclos biológicos de bacterias y hongos patógenos.

Recomendaciones importantes

Cuando las plántulas se han creado en almácigos específicos y luego son transplantadas a su lugar permanente en el terreno, se hace indispensable tratarlas previamente con algún producto de los muchos que se ofrecen en el mercado de los agroquímicos y, si se cree necesario, aplicar algún producto estimulante-hormonal. Es lógico que se quiera preservar la salud de la planta en un medio similar al de su desarrollo inicial a partir de la semilla.

Como adición a estas medidas directas de la enfermedad, más genéricamente conocida como hernia de la col, existen otros métodos agronómicos importantes indirectos. Puesto que la enfermedad se propaga más rápidamente en las épocas húmedas y sobre suelos deficientemente drenados, hemos de poner especial atención en evitar la falta de drenaje. Así mismo debemos evitar fertilizantes ácidos, tales como súper fosfatos y el sulfato de amonio, y en su lugar incorporar escorias, tomas básicas, nitrato de sodio así como nitrato de calcio. Las plantas enfermas deberán ser recogidas y quemadas, y nunca dejadas en el terreno de cultivo o incorporadas a montones de estiércol. No olvidemos que las esporas del agente etiológico de la hernia de la col permanecen vivas en el suelo durante siete o más años; así que para reforzar el contexto nos permitiremos recurrir a la venia editorial para continuar exponiendo este serial.

ROBERTO SIERRA B. / Ingeniero agrónomo, asesor y consultor.
Correo electrónico: ing.sierra@yahoo.com
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