Seguramente el oficio de escritor es de los más agradables. Se trata de un señor o señora que tienen algo que decir y no pueden guardárselo dentro. Hay cosas imteresantes en la vida de todos. Y todos deberíamos de contarlas.
El escritor ante un papel en blanco se emociona, quiere llenarlo de palabras y dejar en éstas su sentir. Es feliz escribiendo y pensando que lo leerán.
En esto de escribir hay modas según pasan los años. Surgen libros nuevos, libros de éxito, y aunque muchos son interesantes, no pueden compararse.
Cervantes escribía de una manera, Dickens de otra, Víctor Hugo con otro estilo y, sin embargo, todos sus libros gustan. Para contar lo que sentimos y nos nace en la imaginación, hay que saber hacerlo. También para leer debemos de saber esta provechosa tarea. La lectura da felicidad a quien la hace y a quien la recibe, y así como hay diferentes estilos y temas para el escritor, también para el lector existen diversos gustos.
Estamos viviendo una época de muchos libros expuestos a la venta (¡qué caros son para los que tienen que comer todos los días y no pueden!)
Bien, tengo en mi mesa de noche siempre un libro mío que he comprado o me han regalado, y me digo constantemente: ¡Cómo ha cambiado el gusto de la literatura! Qué lástima. Ahora los escritores suelen narrarnos crímenes horrendos, tragedias tremendas, fenómenos naturales que hieren a la Tierra. Es verdad que todo eso existe y nos agobia, pero yo trato de preguntarme si sienten placer los escritores narrando guerras, naufragios, inundaciones y terremotos. Han de sufrir, ¿o les da lo mismo hablar de una flor que de 100 protagonistas ahogados?
El lector toma el libro para descansar y disfrutar de un momento libre. Quiere pensar, disfrutar, reír, sentirse a gusto y si halla páginas en las que se sientan los castigos de las mujeres musulmanas, los niños abandonados, los cambios del mar azul en repugnante lodo... deja el libro y se dice: “No lo leeré más”.
Esto me ha sucedido a mi, el otro día me regalaron un libro titulado “Sálvame”, en el que contaban detalladamente el sacrificio aplicado a una adolescente drogadicta que anhelaba droga y no podía pagarla. Es verdad que esto existe en nuestro mundo, pero que nos lo presenten descarnadamente a la hora de descansar, es de mal gusto y llega al delito de no amar a quien mucho deben querer: el lector.
Escribo esto mientras el Sol de la tarde acaricia mi espalda y el cielo está azul, sólo una nube transita en todo lo alto y sus bordes me parecen de oro.
GABRIEL PAZ / Escritora.
Correo electrónico: macachi809@hotmail.com
El escritor ante un papel en blanco se emociona, quiere llenarlo de palabras y dejar en éstas su sentir. Es feliz escribiendo y pensando que lo leerán.
En esto de escribir hay modas según pasan los años. Surgen libros nuevos, libros de éxito, y aunque muchos son interesantes, no pueden compararse.
Cervantes escribía de una manera, Dickens de otra, Víctor Hugo con otro estilo y, sin embargo, todos sus libros gustan. Para contar lo que sentimos y nos nace en la imaginación, hay que saber hacerlo. También para leer debemos de saber esta provechosa tarea. La lectura da felicidad a quien la hace y a quien la recibe, y así como hay diferentes estilos y temas para el escritor, también para el lector existen diversos gustos.
Estamos viviendo una época de muchos libros expuestos a la venta (¡qué caros son para los que tienen que comer todos los días y no pueden!)
Bien, tengo en mi mesa de noche siempre un libro mío que he comprado o me han regalado, y me digo constantemente: ¡Cómo ha cambiado el gusto de la literatura! Qué lástima. Ahora los escritores suelen narrarnos crímenes horrendos, tragedias tremendas, fenómenos naturales que hieren a la Tierra. Es verdad que todo eso existe y nos agobia, pero yo trato de preguntarme si sienten placer los escritores narrando guerras, naufragios, inundaciones y terremotos. Han de sufrir, ¿o les da lo mismo hablar de una flor que de 100 protagonistas ahogados?
El lector toma el libro para descansar y disfrutar de un momento libre. Quiere pensar, disfrutar, reír, sentirse a gusto y si halla páginas en las que se sientan los castigos de las mujeres musulmanas, los niños abandonados, los cambios del mar azul en repugnante lodo... deja el libro y se dice: “No lo leeré más”.
Esto me ha sucedido a mi, el otro día me regalaron un libro titulado “Sálvame”, en el que contaban detalladamente el sacrificio aplicado a una adolescente drogadicta que anhelaba droga y no podía pagarla. Es verdad que esto existe en nuestro mundo, pero que nos lo presenten descarnadamente a la hora de descansar, es de mal gusto y llega al delito de no amar a quien mucho deben querer: el lector.
Escribo esto mientras el Sol de la tarde acaricia mi espalda y el cielo está azul, sólo una nube transita en todo lo alto y sus bordes me parecen de oro.
GABRIEL PAZ / Escritora.
Correo electrónico: macachi809@hotmail.com