¿Elecciones cada dos años?

Aunque pudiera parecer ocurrencia de un desquiciado —de esos que en los últimos años abundan por doquier—, la idea de llevar a cabo una reforma electoral que determine que cada dos años se lleven a cabo elecciones constitucionales para cargos ciertamente importantes pero intermedios en cuanto a las metas que acostumbran trazarse los políticos de todos los tiempos, pudiera parecer una idea no tan descabellada como en un principio nos imaginamos.

Me explico: ¿Saben ustedes cuánto nos cuesta a los mexicanos las llamadas “lagunas” de inactividad que acostumbran crear los políticos en turno durante al menos los primeros 18 meses de “administración” para esperar el tiempo adecuado para realizar algunas obras que bien podrían haber realizado prácticamente desde el inicio de sus gestiones, pero que prefieren postergarlas para que el inicio de las mismas o su conclusión coincida con los tiempos electorales?

Se trata de tiempo, dinero y esfuerzo inútilmente desperdiciado, que a final de cuentas adquiere un precio demasiado alto, empezando porque la falta de dichas obras provoca malestar, inconvenientes y daños a terceros, como por ejemplo: llantas ponchadas, rines quebrados, amortiguadores “tronados”, lentos desplazamientos y trastornos en la circulación que redundan de nueva cuenta en importantes pérdidas al contribuyente, al tener que gastar más combustible, contaminar aún más y dejar de producir por las miles de horas perdidas en los desplazamientos.

Y que conste que sólo nos estamos refiriendo a un problema “minúsculo”: no estamos hablando de la construcción de libramientos o de grandes e importantes presas, esto es de obras aparentemente faraónicas por su tamaño, espectacularidad y costo, pero necesarias para que el crecimiento transite a la oportunidad de alcanzar un desarrollo integral como sociedad.

Es por ello que si desde hace una década o posiblemente más tiempo se viene “masticando” la idea de reformar la Ley Electoral para dar paso a la tan suspirada oportunidad de la reelección en los cargos de presidente municipal y diputados (locales y federales), pues entonces se podría ajustar la reforma con la disminución del tiempo de gestión, a efecto de que entren en acción “a marchas forzadas”, si es que pretenden reelegirse en base a los resultados ofrecidos a la ciudadanía.

Esto sería perfectamente posible, bajo el supuesto de que los “suspirantes” a ocupar dichos cargos, se supone, o al menos así se presume, se encuentran profundamente “empapados” de la problemática existente en la superficie geográfica que pretenden representar, además —amén— de contar con la solución a tan tremenda problemática, merced al análisis y diagnósticos realizados, luego entonces, lo único que tendrían que hacer es “poner manos a la obra” pero…

Eso sólo puede suceder en el mundo utópico “del nunca jamás”, en donde se afirma que se encuentran realizando concienzudos estudios para determinar la conveniencia de periodos electorales lo más seguido posible, a efecto de que los políticos electoreros empiecen a rendir frutos a la ciudadanía.

En contrapartida, se debe decir que el gasto electoral aumentaría —¿más?—, pero de cualquier manera saldríamos ganando.

*CUAUHTÉMOC CISNEROS MADRID / Presidente de Comunicación Cultural, A.C., Asociación de Periodistas de Prensa, Radio y Televisión.

Correo electrónico: ccmadrid@att.net.mx
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