El plato lleno de cada día



¿Es usted cocinera?

Vamos, que si tiene que ver con la cocina y pensar y preparar el plato lleno de cada día para cada uno de los miembros de la familia.

Pues sí. Todas las mujeres nacen con el nefasto sino cocinero, y así lo califico, porque es triste que esos 365 días del año los tenga que pasar atada a la estufa perdiéndose por caminos culinarios que pocas variaciones tienen —sota, caballo y rey— y luego no gustan a los comensales. Algunas hay que gozan dándole a la sartén, pero todas no. Algunos hay también que son genios de la cocina, pero son excepciones.

Arelita dice que no le gusta el frijol, Liosin lo huye, Lolita y Nino lo detestan. “Es comida de pobres”. Un plato de frijol con unas cucharadas de arroz es una delicia que a mí casi me mata ¡Pobre de mi intestino! Así que en casa de mi amiga Lupita se ha borrado este manjar.

Pues albóndigas. “Esas pelotas son vulgares”.

Pues papas.· “¿Otra vez? Ayer papas, hoy papas, mañana papas”.

Entonces pescado. “Huele a raro”.

Pienso en chuletas. “Están siempre duras”.

Gustan zanahorias, huevos duros, aceitunas, espárragos, camarones... una buena ensalada.

—Eso... eso... con bastantes canarines y de los más gordos.

—Y bien no comemos nada el resto de la semana, por lo caro.

Puede hacerse un plato diferente para cada familiar, no sólo saldrá costoso, sino, además, cansado. La persona que hace la comida no quiere, suele conformarse con las sobras de ayer, barato, y ha decidido hacer cada día lo que sea y el que tenga hambre que lo coma.

No sabe éste lo que pasan en tantos países africanos, ni lo que es vivir en tiempos de guerra cuando ni frijol ni arroz hay. Yo recuerdo haber comido cáscaras de habas, duras y tiesas, en un guiso improvisado, y camotes día y noche durante largas temporadas, experiencia que recuerdo cuando oigo hablar de la escasez de alimentos que nos espera. ¿Cuándo? Se han anunciado muchas calamidades que, al oírlas, creímoslas para una lejana fecha o nunca, y ya están aquí. ¿Cuántos mueren en repetidos terremotos, inundaciones, enfermedades nuevas e incendios? ¡Ah! y en asesinatos y de hambre.

Pues eso nos profetizan: va a haber escasez de alimentos porque somos muchos, porque no se produce lo que se necesita, porque el cemento aniquila las milpas y los trigales, porque se ofrecen productos artificiales ya sazonados con quién sabe en realidad con qué misteriosos componentes.

¿Qué comería yo ahora? Un buen plato lleno de garbanzos con chorizo, jamón, carne, pollo y tocino. Se me hace la boca agua, pero la debilidad de mi sistema digestivo me lo prohíbe, sólo me autoriza pollito y arroz... arroz y pollito. Cuando podía comer de todo no había de nada, y ahora que todavía hay de todo no debo comerlo.

En esto pienso cuando veo los banquetes que preparan para los políticos mundiales en sus inútiles cumbres. ¿Qué les ponen en sus platos? Por la edad que representan supongo que el que no tiene mal el estómago lo tiene el colon: “No, señor mesero, tráigame una sopita de fideos” .

GABRIEL PAZ / Escritora.
Correo electrónico: macachi809@hotmail.com
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