Pareciera que todo lo que los mexicanos hasta ahora habían conocido como público, está en la mira de privatización; ¿el argumento? la eficiencia y bajar costos, con lo que la población obtendría mejores servicios a más bajo precio. Pero este argumento resulta contradictorio a las luces de la realidad que se vive en áreas que han sido privatizadas. Para muestra: la banca en México que ya privada tiene de las más altas comisiones del mundo, además de que ha cancelado la inversión para la producción, cerrándose a ser banca de inversión al consumo, quizá porque la inversión en desarrollo requiere de profesionales de la banca y no sólo cobradores de interés sobre interés. Entonces, la privatización, per sé, no es la solución, por más que se empeñe en hacerlo ver así esta administración.
Otra de las áreas que ya ha demostrado que la privatización no es la solución, es Telmex. Todos hemos sufrido el costo de las tarifas, desde las de teléfono fijo hasta el móvil. Otra vez aquí, México tiene una de las más altas tarifas que se registran, aún con la competencia existente en los celulares. Porque lo que ocurre es una puesta de acuerdo, entre empresas, para igualar los precios y, entonces, dar paso a mayores ganancias de los nuevos dueños, pero no la mejora del servicio, menos bajar las tarifas.
En el caso de la telefonía fija, el consuelo es que la empresa es mexicana y ha respetado la contratación del personal con mejores condiciones de trabajo. Pero para efecto de un análisis entre un servicio privatizado y uno que otorga el Estado, este ejemplo tampoco sirve para apoyar la privatización.
Así, al igual que con la banca, la luz y el petróleo, áreas donde la privatizada no garantizaría mejores servicios, tampoco bajos precios, porque la privatización en sí misma no resuelve la falta de ética para con la población, mucho menos la habilidad para manejar estas áreas al servicio de los mexicanos.
Baste recordar que una de las empresas de Estado más redituables, con más bajos precios y mejores servicios, es Petrobras —la petrolera de Brasil—. Pero, claro, a esa empresa, el Estado brasileño no la usa como caja chica y sí, en cambio, le inyecta un alto porcentaje de sus ganancias.
Y llegamos a la educación… agua se les hace la boca a algunos, para mostrar que la educación a cargo del Estado mexicano es deficiente; y concluir que hay que privatizar más e invertir menos para que la población tenga una mejor educación…otra vez, una falacia como lo demuestran países como Suecia, Finlandia, Alemania, etc.
Entonces lo que hay de fondo en esta urgencia por la privatización no es el beneficio de la población, y sí, quizá, la ambición de algunos de hacerle gordo el ranchito a los allegados del Estado, a bajo precio y con los recursos del Estado… un negocio apetitoso que algunos desean, por lo menos en la Compañía Luz y Fuerza del Centro y en la Comisión Federal de Electricidad, sin mirar la problemática de fondo, mucho menos con ganas de encontrar verdaderas soluciones a favor de los mexicanos.
Otra de las áreas que ya ha demostrado que la privatización no es la solución, es Telmex. Todos hemos sufrido el costo de las tarifas, desde las de teléfono fijo hasta el móvil. Otra vez aquí, México tiene una de las más altas tarifas que se registran, aún con la competencia existente en los celulares. Porque lo que ocurre es una puesta de acuerdo, entre empresas, para igualar los precios y, entonces, dar paso a mayores ganancias de los nuevos dueños, pero no la mejora del servicio, menos bajar las tarifas.
En el caso de la telefonía fija, el consuelo es que la empresa es mexicana y ha respetado la contratación del personal con mejores condiciones de trabajo. Pero para efecto de un análisis entre un servicio privatizado y uno que otorga el Estado, este ejemplo tampoco sirve para apoyar la privatización.
Así, al igual que con la banca, la luz y el petróleo, áreas donde la privatizada no garantizaría mejores servicios, tampoco bajos precios, porque la privatización en sí misma no resuelve la falta de ética para con la población, mucho menos la habilidad para manejar estas áreas al servicio de los mexicanos.
Baste recordar que una de las empresas de Estado más redituables, con más bajos precios y mejores servicios, es Petrobras —la petrolera de Brasil—. Pero, claro, a esa empresa, el Estado brasileño no la usa como caja chica y sí, en cambio, le inyecta un alto porcentaje de sus ganancias.
Y llegamos a la educación… agua se les hace la boca a algunos, para mostrar que la educación a cargo del Estado mexicano es deficiente; y concluir que hay que privatizar más e invertir menos para que la población tenga una mejor educación…otra vez, una falacia como lo demuestran países como Suecia, Finlandia, Alemania, etc.
Entonces lo que hay de fondo en esta urgencia por la privatización no es el beneficio de la población, y sí, quizá, la ambición de algunos de hacerle gordo el ranchito a los allegados del Estado, a bajo precio y con los recursos del Estado… un negocio apetitoso que algunos desean, por lo menos en la Compañía Luz y Fuerza del Centro y en la Comisión Federal de Electricidad, sin mirar la problemática de fondo, mucho menos con ganas de encontrar verdaderas soluciones a favor de los mexicanos.