En estos días se ha dado una peculiar historia en la que es coprotagonista uno de los científicos mexicanos más reconocidos, quien por cierto está invitado al I Coloquio de Cultura Científica que se celebrará los días 6 y 7 dentro de las actividades de la Feria Internacional del Libro.
Todo empezó en 1953, cuando Stanley Miller, químico de la Universidad de Chicago, diseñó un notable experimento –en realidad fueron tres, pero nada más reportó uno- que comprobó la teoría que sobre el origen de la vida había sustentado en 1924, el ruso Alexander Oparin, quien aseguraba que la vida se había originado por la evolución de la materia inerte.
Miller diseñó un aparato de laboratorio que simulaba las condiciones ambientales de la Tierra hace tres mil 500 millones de años. En ese aparato, Miller introdujo una mezcla de gases que pensaba que debían formar parte de la atmósfera primitiva: dióxido de carbono, metano y amoniaco. Previamente, extrajo todo el oxígeno del interior del dispositivo.
Stanley M. hizo circular vapor de agua por todo el aparato y produjo descargas eléctricas en el recipiente que contenía los gases. Al cabo de dos días aparecieron algunas de las sustancias que forman las proteínas y los ácidos nucleicos. Es decir, los aminoácidos.
El reporte del experimento se publicó en 1953 en la revista Science: “A Productions of Aminoacids Under Possible Primitive Earth Conditions”.
Desde los resultados del experimento, el área del conocimiento acerca del origen de la vida fue un estudio muy solicitado por las nuevas generaciones, entre las que se encontraba un mexicano, doctor en Biología, Antonio Lazcano, quien fue alumno de Oparin y durante años ha sido un profesor e investigador en la UNAM. Además de impartir conferencias en auditorios nacionales y extranjeros, escribir libros, artículos, ser asesor de la NASA y en la actualidad presidente de la International Society for the Study of Teh Origins of Life.
Lazcano, este año, en colaboración con Jeffrey Bada del Instituto Scripps de Oceanografía de California, repitieron el experimento clásico de Miller, ya que tenían sus notas, entre las que se encontraba la variante, que simulaba condiciones volcánicas, y lo volvieron a efectuar.
El resultado fue que encontraron nuevos aminoácidos. Empieza con esto una segunda etapa del estudio del origen de la vida y la ciencia mexicana en la persona de Lazcano y otros investigadores de ciencia, se adentra en los grandes circuitos internacionales de la investigación, cuyas aplicaciones prácticas tienen alcances que no se vislumbran todavía.
Con todo, y que Antonio Lazcano viaja con frecuencia a encontrarse con sus pares en el extranjero y que imparte cursos en diversas universidades del orbe, no ha dado la espalda a México, no se ha ido a realizar su trabajo en el extranjero, permanece en su laboratorio de la UNAM, enseñando a los jóvenes con su estilo ameno e interesante en que plantea los enigmas biológicos y sus posibles soluciones, descubriendo la vida cada día.
MARTHA GONZÁLEZ ESCOBAR / Divulgadora científica. UdeG.
Correo electrónico: marthaggonzalez@yahoo.com.mx