La inflación es el peor enemigo de una sociedad, ataca a la base de la pirámide y la deja, de la noche a la mañana, con pocas posibilidades de mantener el ritmo de vida y desanima por la pérdida de los ahorros que se hacen humo. La inflación es provocada por varias causas, una de ellas es el desabasto, como el que provocó la caída de Coriolano a principios de la República romana y que se repite, ahora que vemos la serie en TV que dirige Sofía Coppola sobre María Antonieta, antes de perder la cabeza, por no considerar el desabasto del trigo y pan en el pueblo de París.
Coriolano empieza con los ciudadanos amotinados, armados con palos y picas, y uno de ellos provocando a sus compañeros: “¡Escúchenme, antes de seguir, escúchenme! ¿Están dispuestos a morir que a pasar hambre?”, y cuando le contestan que sí, “entonces —les dice el ciudadano-líder— ,sepan que Cayo Marcio (después Coriolano) es el mayor enemigo del pueblo… matémosle y así tendremos el trigo al precio que queramos, ¿estamos?”.
Sí, acusaban al general de ser como son esos intermediarios que guardan el trigo —barato— en sus bodegas clandestinas, para tensar el arco con la oferta y la gran demanda esperando que suban los precios para hacer su agosto.
El líder se aprovecha de esa situación e intenta derrocar a quien cree es su enemigo, pues “nosotros —les dice en un discurso en aquel Zócalo de la Roma antigua— siempre hemos sido los pobres, y los patricios (los nobles), siempre han sido los ricos. Con lo que a ellos les sobra nosotros quedaríamos saciados… hasta con las sobras, antes de pudrirse. Pero piensan que ni siquiera eso nos merecemos, y el hambre que nos aflige y el espectáculo de nuestra miseria no es sino el catálogo de su abundancia… Los dioses son testigos de que yo digo esto por hambre de pan y no por sed de venganza… Nuestra causa la conoce el Senado… pues cuando los pobres claman, lo hacen con fuerza”. (Coriolano, 1.1. 1 a 45).
Pero el pueblo no estaba tan seguro de los argumentos de este ciudadano, pues Cayo Marcio era, por otro lado, un héroe que los había defendido del Ejército de los volscos, dirigidos por Tulo Aufidio, quien deseaba destruirlos y dominarlos.
Regresando de volada a nuestro siglo, el Gobierno decide abrir las fronteras para que el tenso arco del desabasto y la inflación reciba un golpe frontal y pueda desarmar a los intermediarios que buscan ganancias con altos precios, con lo que luego se destruye cualquier patrimonio y hace más pobres a los pobres.
Cuando se quiso acabar con ese dragón de las mil cabezas, a principios de los noventa, Pedro Aspe enfrentó el fantasma del desabasto, controlando las existencias para que hubiese suficientes productos para el consumidor. Años de fatigas, de pactos y alianzas, hasta que logró domar a la bestia de la inflación cortándole la cabeza.
MARTÍN CASILLAS DE ALBA / Escritor y cronista.
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