El tema de las mascotas extraviadas tiene en internet 12 mil 500 lugares. En la Ciudad de México, más de 10 millones de perros viven en la calle, lo cual está ligado a problemas de seguridad, salud y contaminación. Y según cifras proporcionadas por el jefe del Hospital Veterinario de especialidades de la UNAM, Luis Fernando de Juan Guzmán, se estima que hay 22 millones de canes en todo el país, de los cuales 30% tienen propietario; 30% son comunitarios, pero 40% deambulan por la calle. (12/09/09, El Universal).
Las consecuencias de ésta sobrepoblación tan descuidada, tiene impacto en el medio ambiente, pues a diario se recogen 696 toneladas de heces fecales, en la Ciudad de México, mismas que posibilitan enfermedades como la rabia y leptopirosis, entre otras, además de los accidentes automovilísticos causados por animalitos que cruzan la vía pública intempestivamente.
Por ello, la sociedad civil, con el respaldo de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM y la marca de un producto de alimentos para perros, impulsan una campaña para que en México todos los perros tengan un hogar con dueños cariñosos y responsables. Esta campaña tiene tres albergues en Guadalajara. Es posible que su funcionamiento no sea tan bueno, ya que, según la opinión de una experta en mascotas extraviadas a quien consulté, es preferible “dormir” al perro extraviado que dejarlo en un albergue.
En el estacionamiento subterráneo de la Basílica de Zapopan fue encontrado un precioso ejemplar de cocker espaniel color miel, por mi vecino que trabaja en una franquicia de vinos y licores a dos puertas de mi casa. La primera vez que lo miré se veía muy cuidado, cinco días después el perrito estaba demacrado y con signos evidentes de haber llorado por mucho tiempo. Me enteré que dormía a la intemperie y el señor no podía quedarse con él.
Lo recogí sin saber qué podría hacer y lo llevé a mi excelente veterinario, en donde fue bañado y limpiado a conciencia y le proporcionaron a precio de regalo un colchoncito para dormir y el complemento de su cadena de castigo, que era lo único que le quedó de su casa original, porque su chaleco también se lo habían quitado. En casa mis perros no fueron hostiles y pudo permanecer unos ocho días, con problemas porque lloraba mucho cuando yo me iba.
Con la generosa ayuda de Radio Metrópoli y el programa de Jack y Junior, de Muñoz Polit, pude implementar una campaña de difusión con la foto del perrito extraviado. Nadie lo había reclamado hasta la mañana en la que un gentil señor me dijo que quería quedarse con él porque le recordaba a un perro que había perdido. Lo dejé en su casa con jardines y árboles, el sueño dorado de cualquier perro.
Ahora en las madrugadas me reconforta recordar que el Terry —así lo bautizaron sus nuevos dueños— duerme protegido del hambre y del frío y cumpliendo con su trabajo de perro siguiendo a sus dueños para mostrarles su cariño y conseguir algunas caricias. Yo quise contarles, porque todavía hay historias con finales felices.
MARTHA GONZÁLEZ ESCOBAR / Divulgadora científica. UdeG.
Correo electrónico: marthaggonzalez@yahoo.com.mx
Las consecuencias de ésta sobrepoblación tan descuidada, tiene impacto en el medio ambiente, pues a diario se recogen 696 toneladas de heces fecales, en la Ciudad de México, mismas que posibilitan enfermedades como la rabia y leptopirosis, entre otras, además de los accidentes automovilísticos causados por animalitos que cruzan la vía pública intempestivamente.
Por ello, la sociedad civil, con el respaldo de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM y la marca de un producto de alimentos para perros, impulsan una campaña para que en México todos los perros tengan un hogar con dueños cariñosos y responsables. Esta campaña tiene tres albergues en Guadalajara. Es posible que su funcionamiento no sea tan bueno, ya que, según la opinión de una experta en mascotas extraviadas a quien consulté, es preferible “dormir” al perro extraviado que dejarlo en un albergue.
En el estacionamiento subterráneo de la Basílica de Zapopan fue encontrado un precioso ejemplar de cocker espaniel color miel, por mi vecino que trabaja en una franquicia de vinos y licores a dos puertas de mi casa. La primera vez que lo miré se veía muy cuidado, cinco días después el perrito estaba demacrado y con signos evidentes de haber llorado por mucho tiempo. Me enteré que dormía a la intemperie y el señor no podía quedarse con él.
Lo recogí sin saber qué podría hacer y lo llevé a mi excelente veterinario, en donde fue bañado y limpiado a conciencia y le proporcionaron a precio de regalo un colchoncito para dormir y el complemento de su cadena de castigo, que era lo único que le quedó de su casa original, porque su chaleco también se lo habían quitado. En casa mis perros no fueron hostiles y pudo permanecer unos ocho días, con problemas porque lloraba mucho cuando yo me iba.
Con la generosa ayuda de Radio Metrópoli y el programa de Jack y Junior, de Muñoz Polit, pude implementar una campaña de difusión con la foto del perrito extraviado. Nadie lo había reclamado hasta la mañana en la que un gentil señor me dijo que quería quedarse con él porque le recordaba a un perro que había perdido. Lo dejé en su casa con jardines y árboles, el sueño dorado de cualquier perro.
Ahora en las madrugadas me reconforta recordar que el Terry —así lo bautizaron sus nuevos dueños— duerme protegido del hambre y del frío y cumpliendo con su trabajo de perro siguiendo a sus dueños para mostrarles su cariño y conseguir algunas caricias. Yo quise contarles, porque todavía hay historias con finales felices.
MARTHA GONZÁLEZ ESCOBAR / Divulgadora científica. UdeG.
Correo electrónico: marthaggonzalez@yahoo.com.mx