ENTRE VERAS Y BROMAS
Para los gobernantes, las masas, acríticas, son despreciables la mayor parte del tiempo. Empero, cada tres años hay un día en que esas masas son temibles: el día de las elecciones... Un político que ya ha aprendido de qué lado masca la iguana, no puede darse el lujo de gobernar de espalda al pueblo todo el tiempo. Sabe que cuando las elecciones se aproximan, tiene que colocar sobre su verdadero rostro, no necesariamente por convicción pero sí por conveniencia, la máscara del gobernante sensible, capaz de sacar, desde el fondo de su soberbia y su arrogancia, un gesto de bondad y conmiseración con las penurias de su pueblo.
—II—
No se necesita ser demasiado inteligente para advertir que el cálculo fue la motivación esencial de la salida “de pie de banco” con que el Gobierno del Estado resolvió la reciente crisis del transporte público. Haber autorizado un incremento a las tarifas, con cargo directo al bolsillo del usuario, hubiera equivalido a hacerse el hara-kiri. Así, aunque el pasajero sea el destinatario del “salva-vidas” del millón y medio de pesos —de dinero del pueblo—, diarios, para los camioneros, el beneficiario por excelencia de ese subsidio, en estricta lógica política, como entiende cualquiera que no se chupe el dedo, es el partido gobernante.
—III—
Eso explica por qué el desplegado del Gobierno de Jalisco “a los jaliscienses”, publicado ayer, señala que el “respaldo” (eufemismo por “subsidio”) en cuestión “estará vigente durante un período de al menos seis meses”... Lo cual indica tres cosas: primera, que después del 5 de julio —el día de las elecciones— volvemos a hablar; segunda, que casi seguramente el “macrobús” que comenzará a operar el próximo 15 de febrero, nacerá con la mancha del pecado original de una tarifa subsidiada; y tercero, que si, como expresa el tercer párrafo del comunicado, el Gobierno hace realidad que el famoso subsidio servirá “para garantizar la prestación y —¡ojo!— mejora de este servicio”, desde ahora convendrá ir promoviendo la canonización de quien hoy por hoy representa el papel de “El Muchacho de la Película”.
¡Muchos hay que, con milagros mucho menos notorios, alcanzaron ya la gloria de los altares!
Para los gobernantes, las masas, acríticas, son despreciables la mayor parte del tiempo. Empero, cada tres años hay un día en que esas masas son temibles: el día de las elecciones... Un político que ya ha aprendido de qué lado masca la iguana, no puede darse el lujo de gobernar de espalda al pueblo todo el tiempo. Sabe que cuando las elecciones se aproximan, tiene que colocar sobre su verdadero rostro, no necesariamente por convicción pero sí por conveniencia, la máscara del gobernante sensible, capaz de sacar, desde el fondo de su soberbia y su arrogancia, un gesto de bondad y conmiseración con las penurias de su pueblo.
—II—
No se necesita ser demasiado inteligente para advertir que el cálculo fue la motivación esencial de la salida “de pie de banco” con que el Gobierno del Estado resolvió la reciente crisis del transporte público. Haber autorizado un incremento a las tarifas, con cargo directo al bolsillo del usuario, hubiera equivalido a hacerse el hara-kiri. Así, aunque el pasajero sea el destinatario del “salva-vidas” del millón y medio de pesos —de dinero del pueblo—, diarios, para los camioneros, el beneficiario por excelencia de ese subsidio, en estricta lógica política, como entiende cualquiera que no se chupe el dedo, es el partido gobernante.
—III—
Eso explica por qué el desplegado del Gobierno de Jalisco “a los jaliscienses”, publicado ayer, señala que el “respaldo” (eufemismo por “subsidio”) en cuestión “estará vigente durante un período de al menos seis meses”... Lo cual indica tres cosas: primera, que después del 5 de julio —el día de las elecciones— volvemos a hablar; segunda, que casi seguramente el “macrobús” que comenzará a operar el próximo 15 de febrero, nacerá con la mancha del pecado original de una tarifa subsidiada; y tercero, que si, como expresa el tercer párrafo del comunicado, el Gobierno hace realidad que el famoso subsidio servirá “para garantizar la prestación y —¡ojo!— mejora de este servicio”, desde ahora convendrá ir promoviendo la canonización de quien hoy por hoy representa el papel de “El Muchacho de la Película”.
¡Muchos hay que, con milagros mucho menos notorios, alcanzaron ya la gloria de los altares!