“¡Échenme al gato...!”

Cuando “la onda” eran las películas de vaqueros, los cinéfilos que gustaban de sentarse en las filas de adelante se refugiaban, para explicarse, en un chiste que, a fuerza de repetirse, había dejado de serlo:
—Salgo de cada función con las bolsas del pantalón llenas de casquillos.
—II—
El balance de la balacera de la noche del miércoles, a inmediaciones de Lagos de Moreno, incluía varios vehículos que quedaron como coladeras, cinco agentes policiacos muertos, dos civiles heridos... y más de mil casquillos de bala de rifles de alto poder, recogidos del piso.
Uno o dos días después, se supieron varias cosas con respecto al suministro de parque y al entrenamiento de los policías en Jalisco. Una, la dotación individual para el arma reglamentaria es de 37 balas. Dos, que los agentes tienen que pagar, de su bolsillo, las balas disparadas innecesariamente. (Para regresar a las películas de vaqueros, una analogía: “Si por cada bala disparada no entregas un indio muerto; se te cobra”). Y tres: que hay policías que en tres años no han tenido una sola práctica de uso del arma”.
Como anécdota: un día antes del ataque de supuestos “zetas” a policías estatales en Lagos, el gobernador del Estado, en un programa de televisión pregrabado en que se hablaba, precisamente, de temas de seguridad y de la posibilidad de que en Jalisco hubiera crímenes como el de Morelia la noche de El Grito y como en Tijuana casi todos los días, pidió licencia (según nota de “La Jornada” del viernes), para utilizar una expresión poco versallesca: “Vamos a partirle la m... a los narcos”.
—III—
Cuestiones semánticas aparte, fanfarronadas de ese calibre —el clásico “¡Échenme al gato...!”— resultan válidas cuando se tiene superioridad física y moral sobre el adversario. Física, por los recursos de que se dispone. Moral, por la confianza plena de la población en la autoridad... (Usted dirá, lector amable, si aquí se cubren ambas premisas).
Si no es así, resulta ejemplar el consejo del Inspector Clouseau, en “La Pantera Rosa”, tras el fallido ataque de Kato:
—La próxima vez que quieras sorprender a alguien, hazlo al revés: primero pega y después grita.
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