ENTRE VERAS Y BROMAS

— “La Llevada”

¿Qué es la Romería: tradición, o devoción?... Aquélla es la costumbre conservada en un pueblo por transmisión de padres a hijos; ésta es una práctica religiosa no obligatoria. A partir de tales definiciones, el acontecimiento del día, “La Llevada” de la imagen de la Virgen de Zapopan a su santuario, mantenida —según los historiadores— a lo largo de 275 años, sin que mengüe la asistencia, sin que la costumbre dé señales de debilitarse o apunte indicios de que tienda a extinguirse, tiene tanto de una como de la otra... aunque, probablemente, más de la primera que de la segunda.

—II—

Los ritos y las devociones, desde antiguo, son inherentes al fenómeno religioso. Los primeros son universales: los reproducen sistemáticamente quienes comparten un esquema de creencias. Las segundas son locales: prácticas como la romería del 12 de octubre a Zapopan, como la “Caravana de la Fe” hacia San Juan de los Lagos, las peregrinaciones a Talpa o a “La Villa” (de Guadalupe), en México, como las “procesiones del Silencio” en Semana Santa o como “El Camino de Santiago”, en España, son, preferentemente, fenómenos regionales.

Sin perjuicio de que —como dijo el Papa Juan Pablo II en Zapopan, en ocasión de su primera visita a México, en enero de 1979— estas “manifestaciones de religiosidad popular” deberían ser ocasión para que los pastores de almas intentaran reorientar la fe hacia la esencia del mensaje evangélico, la experiencia parece demostrar que prevalece —fenómeno muy peculiar de la cultura mestiza, por lo demás— la devoción a la Virgen. (Del mexicano, por ejemplo, se ha dicho que podrá no ser cristiano, pero no por ello dejará de ser guadalupano).

—III—

Eso, en el mejor de los casos, porque aún faltaría demostrar que la “práctica religiosa” inherente a la devoción está por encima del folklore y ha sobrevivido a la contaminación creciente de la modernidad y la secularización: el paseo, desde la tarde y noche de la víspera hasta algunas horas  después del acontecimiento central, por el tianguis más largo del mundo (siete kilómetros, desde la catedral de Guadalajara hasta la basílica de Zapopan), entre puestos en que se expende todo tipo de chucherías y comestibles: un paseo en que el afán por robustecer las creencias religiosas o por llevar sus orientaciones a la práctica cotidiana, se limita a ser el telón de fondo de una rutinaria fiesta profana.
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