La asociación civil “México unido contra la delincuencia” ha estado insistiendo y presionando desde hace 11 años para que en nuestro país prevalezca el Estado de derecho y se combata efectivamente a la delincuencia de todo tipo, especialmente a los secuestradores.
No ha pasado nada. En esos 11 años, precisamente, es decir, desde 1997, la incidencia de delitos de todos los fueros y de todos los niveles ha ido creciendo hasta llegar a los índices que se registran hoy, con cifras de muertos superiores a las de los países en guerra.
El miedo que no se sentía al caminar por las calles de una ciudad como Guadalajara, Aguascalientes o Mérida, es una constante ahora y hemos dejado de vivir en paz, hemos perdido los espacios públicos y la tranquilidad que antes nos permitía dar oportunidad a los hijos de salir a la calle a jugar, o de que se fueran a pie a la escuela; ya no, eso se acabó y todo parece indicar que para siempre, como un recurso no renovable agotado.
En esta semana —y todo México lo sabe— se desarrolló la XXIII sesión del Consejo Nacional de Seguridad, que al principio generó más expectativas por la asistencia o no, el encuentro o no, entre Felipe Calderón, Presidente de México, y Marcelo Ebrard, jefe de Gobierno del Distrito Federal.
Palabras, acuerdos, compromisos, señalamientos, reclamos, autocrítica, promesas y demás, se lanzaron al aire durante unas tres horas. Resulta muy difícil creer que ahora sí los acuerdos se cumplirán y seremos rescatados de la inseguridad y el miedo. Muy difícil en verdad. Año con año, elección tras elección, los actores políticos han minado la confianza y la credibilidad de la sociedad, con una constancia y una claridad en los objetivos, que ojalá actuaran de la misma manera para que fuera al revés.
Dudo también. No puedo creer que por una reunión, aun cuando fue convocada por la sociedad civil, las cosas vayan a cambiar realmente a nuestro favor. Pero sí creo que es la sociedad y sólo la sociedad la que puede impulsar, promover y empujar los cambios, sin ideologías.
Lo creo, porque además ahora exigiremos resultados y hay responsables visibles; y lo creo porque también depende de nosotros, de que nos molestemos en denunciar aun cuando sabemos lo que sabemos.
Estoy segura además de que no será mañana, pero sí que está en nuestras manos y de que avanzará tan rápido como nos involucremos. No podemos dejarlos hacer lo que les dé la gana, y menos cuando creen que saben lo que hacen en una actitud que raya en el delirio.
LAURA CASTRO GOLARTE / Periodista.
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