Todo tiempo pasado fue presente, con sus peculiares avatares, retos y oportunidades. La tecnología actual nos permite obtener una visión más precisa de los acontecimientos, diríamos que privilegiada, para contemplar el futuro en el presente.
El poder corrompe tanto como subyuga, ejerciendo un magnetismo difícilmente perceptible para los actores, que sólo la opinión pública en y a través de los medios de comunicación alcanzan a poseer influencia y convencimiento de fuerzas y debilidades por venir.
Los augurios para 2009 carecen del empalagoso y nocivo sabor de otros albores anuales. Hoy tenemos el cuestionable privilegio de saber las dificultades y con ello el atributo cierto de prever soluciones. No carecemos de las herramientas y sí estamos prevenidos para enfrentar dificultades. De todas formas, siempre han concurrido y también resuelto.
Lo que resulta inadmisible es el cáncer interno de la división, ahora propalada por los partidos políticos que al interior y al exterior ostenten fracturas propias de la ambición y la codicia.
Suficientemente grande es el germen de la recesión mundial, como para eludir la responsabilidad defensiva de aplicar las medidas internas que aminoren la crisis. De otra forma pareciera negarse el valor de la historia, aquélla que nos habla de liberales y conservadores finalmente benefactores de intereses ajenos.
2009 es un año difícil, particularmente para México por la elección federal en 300 distritos, la selección de 200 diputados plurinominales emergentes de los partidos y las elecciones estatales de gobernadores en seis estados y congresos locales. Significa que existe el caldo para cultivar inquietud, de la hasta ahora sufrida en materia de seguridad y carestía.
Sin caer en el pernicioso catastrofismo, sino en el terreno de la realidad, es idealmente comprensible, razonablemente y atendible la realización de un breve alto en el camino de la ambición particular o grupal, para que al margen de actitudes patrioteras y menos aún demagógicas, se lucre con la miseria, la carestía y la depresión económica que deambula en la sociedad depauperada y fácil de conducir por la desesperación, particularmente en este primer semestre de 2009.
Han transcurrido dos primeros años de Gobierno con diversos obstáculos; algunos salvables y otros fatales. Es considerable el imperativo de ingresar a una etapa definitiva y definitoria de las carencias y darles solución sin paternalismos engañosos, sino con las herramientas que exige la competencia internacional que, finalmente, es el régimen a que nos enfrenta la sociedad contemporánea globalizada.
La creatividad estratégica actual tiene carácter de alta sofisticación. Exige aportaciones técnicas con el sustento de la comparación, pero también aplicadas a la idiosincrasia y naturaleza de nuestros activos. Es imprescindible y urgente activar las neuronas de los jóvenes y la experiencia de los adultos en un plan sinérgico de programas convincentes, aglutinantes de sabiduría y tecnología aplicables a la población de México.
Dios nos guarde de la discordia.
CARLOS CORTÉS VÁZQUEZ / Consultor en comunicación.
Correo electrónico: sicpm@informador.com.mx.
El poder corrompe tanto como subyuga, ejerciendo un magnetismo difícilmente perceptible para los actores, que sólo la opinión pública en y a través de los medios de comunicación alcanzan a poseer influencia y convencimiento de fuerzas y debilidades por venir.
Los augurios para 2009 carecen del empalagoso y nocivo sabor de otros albores anuales. Hoy tenemos el cuestionable privilegio de saber las dificultades y con ello el atributo cierto de prever soluciones. No carecemos de las herramientas y sí estamos prevenidos para enfrentar dificultades. De todas formas, siempre han concurrido y también resuelto.
Lo que resulta inadmisible es el cáncer interno de la división, ahora propalada por los partidos políticos que al interior y al exterior ostenten fracturas propias de la ambición y la codicia.
Suficientemente grande es el germen de la recesión mundial, como para eludir la responsabilidad defensiva de aplicar las medidas internas que aminoren la crisis. De otra forma pareciera negarse el valor de la historia, aquélla que nos habla de liberales y conservadores finalmente benefactores de intereses ajenos.
2009 es un año difícil, particularmente para México por la elección federal en 300 distritos, la selección de 200 diputados plurinominales emergentes de los partidos y las elecciones estatales de gobernadores en seis estados y congresos locales. Significa que existe el caldo para cultivar inquietud, de la hasta ahora sufrida en materia de seguridad y carestía.
Sin caer en el pernicioso catastrofismo, sino en el terreno de la realidad, es idealmente comprensible, razonablemente y atendible la realización de un breve alto en el camino de la ambición particular o grupal, para que al margen de actitudes patrioteras y menos aún demagógicas, se lucre con la miseria, la carestía y la depresión económica que deambula en la sociedad depauperada y fácil de conducir por la desesperación, particularmente en este primer semestre de 2009.
Han transcurrido dos primeros años de Gobierno con diversos obstáculos; algunos salvables y otros fatales. Es considerable el imperativo de ingresar a una etapa definitiva y definitoria de las carencias y darles solución sin paternalismos engañosos, sino con las herramientas que exige la competencia internacional que, finalmente, es el régimen a que nos enfrenta la sociedad contemporánea globalizada.
La creatividad estratégica actual tiene carácter de alta sofisticación. Exige aportaciones técnicas con el sustento de la comparación, pero también aplicadas a la idiosincrasia y naturaleza de nuestros activos. Es imprescindible y urgente activar las neuronas de los jóvenes y la experiencia de los adultos en un plan sinérgico de programas convincentes, aglutinantes de sabiduría y tecnología aplicables a la población de México.
Dios nos guarde de la discordia.
CARLOS CORTÉS VÁZQUEZ / Consultor en comunicación.
Correo electrónico: sicpm@informador.com.mx.