Diez años,sin divorcio


NUEVA YORK.- Los dos primeros años de una relación son los de la luna de miel. Todo amor y toda felicidad. En los siguientes cuatro empiezan los problemas. De repente vemos defectos donde antes veíamos perfección, de repente nos vemos presos de la monotonía y del aburrimiento. El séptimo año es el de la crisis. Un tercero entra en juego a conciliar en terapia de pareja. Si la terapia es exitosa, se asume que la prueba de fuego ha pasado y que la relación durará para toda la vida. Si no lo es, la relación puede verse condenada a la dinámica de la codependencia y atrapar a sus integrantes en un camino sin salida.

Y por muy tentador que sea hablar sobre Madonna y su divorcio a lo que me refiero es a los venezolanos y su relación con Hugo Chávez, que está pasando precisamente por su décimo año.

La organización Human Rights Watch (HRW) dio a conocer hace poco un informe especial titulado “Una década bajo Chávez. Intolerancia política y oportunidades perdidas para el avance de los derechos humanos en Venezuela”. En el recuento que hace la organización de estos 10 años se muestra precisamente cómo Chavez transitó de ser la promesa democrática que parecía para convertirse en la pesadilla de un regreso autoritario.

En 1998 Chávez sedujo al electorado con la promesa de terminar con la inequidad en la distribución del ingreso en su país, poniendo a los pobres primero y haciendo del avance democrático y de los derechos humanos el pilar de su Gobierno. Tras su arribo a la presidencia, en febrero de 1999, el entonces recién electo presidente parecía ir en el camino correcto.

En agosto de 1999, la propuesta de una nueva Constitución venezolana fue aprobada por un referéndum popular. Como menciona el reporte de HRW, la nueva Constitución significaba un avance respecto a los derechos humanos, ya que prometía educación y cobertura médica universal gratuita, así como derecho a un medio ambiente limpio y reconocimiento de derechos a los grupos minoritarios. Sin embargo, esta nueva Constitución también ensanchaba los poderes de la presidencia, al aumentar la duración del mandato a seis años, abrir el camino a la reelección inmediata y la facultad de disolver al nuevo Congreso unicameral en situaciones de emergencia. En resumen, este nuevo texto constitucional brindaba una esperanza en derechos socioeconómicos para los venezolanos, al alto costo de permitirle a Chávez una contradictoria conducción de la consolidación democrática.

A partir de ese momento el amor por Chávez empezó a disiparse. Cientos de miles de ciudadanos han salido año tras año a condenar los excesos del mandatario y en 2004 lograron activar el referéndum revocatorio, pero Chávez salió victorioso gracias a que el sector más desfavorecido de la población vive el engaño de una codependencia amorosa, gracias a los enormes recursos petroleros que controla Chávez y al diseño de una política social que muchos llaman populista.

Indiscutiblemente Chávez es un líder que ha sido electo bajo procedimientos democráticos en tres ocasiones, pero su caso, al igual que los de Fujimori, Menem, Morales, nos muestra que la democracia también puede traer su propia autodestrucción. Sin arreglos institucionales nuevos, la consolidación democrática en América Latina será imposible y países como Venezuela estarán condenados a soportar la voluntad de personajes como Chávez, sin posibilidad de divorcio…

GENARO LOZANO/ Politólogo e Internacionalista.
Comentarios: genarolozano@gmail.com
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