De dar pena

ENTRE VERAS Y BROMAS              

Promover y promocionar: tales son, aplicados a Guadalajara, los verbos que se utilizan para tratar de justificar la inversión de 100 millones de pesos de las arcas públicas, en afanes orientados a atraer “grandes eventos” al Rancho Grande de las películas de Tito Guízar. Promocionar o promover, como se prefiera, implica vender a la ciudad y a sus alrededores en el aspecto turístico. Para el efecto, se supone que la tarea de los promotores consiste en subrayar, sin incurrir en falsedades declaradas, las bondades del producto, y en disimular, hasta donde sea posible, sus imperfecciones.

—II—

Pues bien: no hubo necesidad de ir demasiado lejos para que quedara demostrado, trágicamente, que la Guadalajara actual no está para que la promuevan... y sí, más bien, para que la internen, por una larga temporada, en la sala de terapia intensiva de un hospital para que le hagan de todo: desde baño con lejía y piedra poma, hasta cirugía reconstructiva y transplante de casi todos sus órganos vitales. Como quien dice, volverla a hacer.

No faltará quien diga que se trata, también en este caso, de “una anécdota”... aunque sea la enésima en un catálogo que ya va resultando excesivo. El caso es que ayer, en horas de la mañana, un automovilista que circulaba por el Periférico, entre Guadalupe y Tutelar, cayó en un bache, perdió el control de su vehículo, chocó contra otro coche y arrolló a varias personas que, paradas en la acera, esperaban el camión. Dos de ellas murieron casi inmediatamente. Una tercera, unas horas después.

—III—

La Guadalajara actual, para vergüenza de sus nativos, rubor de sus habitantes y oprobio de sus autoridades, es una ciudad despersonalizada, desordenada y desgobernada; es una ciudad sucia, ruidosa y ruinosa; es una ciudad anárquica; es una ciudad contaminada visual, auditiva y ambientalmente... Fue una ciudad de primera. Ya no lo es.

En suma, es una ciudad que está para esconderla. No para presumirla o tratar de venderla por medio de los “grandes eventos” que constituyen las más recientes iniciativas de quienes, a falta de ideas y de programas, pretenden gobernar a base de burdas y —vía de regla— lamentables ocurrencias.

¡Lástima de herencia...!
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