De lo perdido, lo rescatado
Si es verdad aquello de que lo más que se puede perder en la vida es la vida misma, la vergüenza, la dignidad, la honradez y las ganas de luchar por las mejores causas, entonces salimos ganando, porque en contra de lo que pudiera haberse esperado, la protesta pública realizada en solidaridad con los deudos de los periodistas asesinados en todo el país, arrojó buenos dividendos.
Aunque ciertamente no podremos regresar la vida a los periodistas asesinados; ni podremos devolverle sus trabajos a los que han sido despedidos por ser críticos del Gobierno, y no obstante que resulta imposible financiar proyectos editoriales cuando la autoridad es la primera en cerrar las puertas, tampoco estamos en posibilidad de apoyar a todos los compañeros que dejaron sus mejores años de vida trabajando en pro de la liberta de expresión y hoy padecen de la falta de atención.
Sin embargo, estoy convencido de que nadie, o casi nadie se imaginó —ni sospechó— que de la propuesta de nuestros compañeros del Colegio de Periodistas podrían emanar una serie de situaciones de suyo importantes, y para ejemplo, tenemos varios botones de muestra:
a) La pena, temor, repudio y la impotencia experimentados ante los sucesos denunciados no se nos habrá de quitar, por el contrario, cada día hay más conciencia de lo que ello significa y ojalá no tuviéramos que sufrirla en carne propia.
b) La tradicional débil integración del gremio periodístico se vio disminuida con la asistencia de jóvenes que se inician en el periodismo, y con personajes a los cuales hay mucho que aprenderles, sobre todo porque les ha tocado vivir épocas buenas y etapas malas —verbigracia—.
c) Deja al descubierto que no sólo con balas se puede asesinar a las personas o a la libertad de expresión, sino que ahora se manifiestan “técnicas” más rudimentarias y perversas, como la inanición en contra de los críticos y/o de los que se resisten a ser cooptados.
d) Que pese a las tácticas utilizadas por los improvisados, aún persiste el periodismo crítico.
e) Ajonjolí de todos los moles, y de todas las causas, cada vez más, los periodistas se están dando cuenta de que a los compañeros en desgracia (tercera edad, jubilados, pensionados, desempleados, perseguidos, enfermos, sin acceso a servicios médicos, ni medicina) de nada les sirve ser considerados o auto denominarse “cuarto poder”, si ni siquiera pueden hacer valer sus propios derechos.
f) Por si ello fuera poco, nos dimos cuenta de que “ocupados en sus quehaceres cotidianos, los funcionarios públicos poco o nada de su tiempo dedican a la reflexión de temas tan profundos como la libertad de expresión, el dolor humano y la vida misma, luego entonces, ¿cómo harán para tomar sus decisiones?”.
En fin, el espacio es insuficiente para la sustentación de nuestro decir, pero hay más tiempo que vida para ello.
CUAUHTÉMOC CISNEROS MADRID / Presidente de Comunicación Cultural, A.C., Asociación de Periodistas de Prensa, Radio y Televisión.
Correo electrónico: ccmadrid@att.net.mx
Si es verdad aquello de que lo más que se puede perder en la vida es la vida misma, la vergüenza, la dignidad, la honradez y las ganas de luchar por las mejores causas, entonces salimos ganando, porque en contra de lo que pudiera haberse esperado, la protesta pública realizada en solidaridad con los deudos de los periodistas asesinados en todo el país, arrojó buenos dividendos.
Aunque ciertamente no podremos regresar la vida a los periodistas asesinados; ni podremos devolverle sus trabajos a los que han sido despedidos por ser críticos del Gobierno, y no obstante que resulta imposible financiar proyectos editoriales cuando la autoridad es la primera en cerrar las puertas, tampoco estamos en posibilidad de apoyar a todos los compañeros que dejaron sus mejores años de vida trabajando en pro de la liberta de expresión y hoy padecen de la falta de atención.
Sin embargo, estoy convencido de que nadie, o casi nadie se imaginó —ni sospechó— que de la propuesta de nuestros compañeros del Colegio de Periodistas podrían emanar una serie de situaciones de suyo importantes, y para ejemplo, tenemos varios botones de muestra:
a) La pena, temor, repudio y la impotencia experimentados ante los sucesos denunciados no se nos habrá de quitar, por el contrario, cada día hay más conciencia de lo que ello significa y ojalá no tuviéramos que sufrirla en carne propia.
b) La tradicional débil integración del gremio periodístico se vio disminuida con la asistencia de jóvenes que se inician en el periodismo, y con personajes a los cuales hay mucho que aprenderles, sobre todo porque les ha tocado vivir épocas buenas y etapas malas —verbigracia—.
c) Deja al descubierto que no sólo con balas se puede asesinar a las personas o a la libertad de expresión, sino que ahora se manifiestan “técnicas” más rudimentarias y perversas, como la inanición en contra de los críticos y/o de los que se resisten a ser cooptados.
d) Que pese a las tácticas utilizadas por los improvisados, aún persiste el periodismo crítico.
e) Ajonjolí de todos los moles, y de todas las causas, cada vez más, los periodistas se están dando cuenta de que a los compañeros en desgracia (tercera edad, jubilados, pensionados, desempleados, perseguidos, enfermos, sin acceso a servicios médicos, ni medicina) de nada les sirve ser considerados o auto denominarse “cuarto poder”, si ni siquiera pueden hacer valer sus propios derechos.
f) Por si ello fuera poco, nos dimos cuenta de que “ocupados en sus quehaceres cotidianos, los funcionarios públicos poco o nada de su tiempo dedican a la reflexión de temas tan profundos como la libertad de expresión, el dolor humano y la vida misma, luego entonces, ¿cómo harán para tomar sus decisiones?”.
En fin, el espacio es insuficiente para la sustentación de nuestro decir, pero hay más tiempo que vida para ello.
CUAUHTÉMOC CISNEROS MADRID / Presidente de Comunicación Cultural, A.C., Asociación de Periodistas de Prensa, Radio y Televisión.
Correo electrónico: ccmadrid@att.net.mx