Dádivas

ENTRE VERAS Y BROMAS            

“¡Corazones de piedra, conmovéos...!”, clamaba, arrebatado de santa indignación, desde el púlpito de la iglesia --y desde las páginas de “La Vida Inútil de Pito Pérez”--, el Padre Pureco. Lo decía en encomio de las tres virtudes cardinales: la fe (“Yo tengo fe --les decía-- en que mis feligreses me regalen una sotana nueva para el día de mi cumpleaños”), la esperanza (“Yo tengo la esperanza de que la generosidad de las ovejas de mi grey se manifieste regalándome la sotana nueva que tanto me hace falta el día de mi cumpleaños”) y la caridad (“¿Qué virtud más hermosa que la caridad, amados hermanos?... Su nombre mismo lo dice: ‘Caridad, dad, dad...’”.

-II-

Vienen al caso tanto la anécdota --José Rubén Romero, desde su tumba florida, sabrá disculpar si, referida de memoria, perdió la gracia de la literalidad-- como el emotivo exordio de la homilía del Padre Pureco por el conmovedor gesto que tuvo, la semana pasada, el gobernador del Estado, al anunciar que, como parte del programa “Vive la Navidad”, se tomaron 10 millones de pesos de las arcas públicas para facilitar que Santa Claus --o el Niñito Dios, como se prefiera-- hiciera felices a 10 mil familias jaliscienses, obsequiándoles mil pesos a cada una, para que acudan a “Soriana” y le den el destino que estimen pertinente: despensa, juguetes, pavo para la cena navideña...

“Dale un pescado a un hombre, y le quitarás el hambre un día; enséñalo a pescar, y no volverá a tener hambre”, reza el proverbio chino... Es lo de menos. Lo de más es que la medida implica discriminar a miles de familias más. (Algunas de ellas, por cierto, preferirían abonar los mil pesos a la cuenta que aún tienen en alguna agencia funeraria; o en algún hospital; o a la tarjeta de crédito...).

-III-

Por supuesto, maldito sea quien ose sospechar que la limosna gubernamental tiene alguna relación con las elecciones del año próximo. Y más maldito sea todavía quien recuerde a los panistas de antaño, que, en alusión a las dávidas de los gobiernos priistas --los “desayunos escolares”, por ejemplo--, afirmaban que es inmoral pasar por generosos, dando al pueblo, como regalo, lo que le correspondería como una mínima compensación por las injusticias sociales generadas por los malos gobiernos.
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