Crisis institucional


La ola de crímenes que vivimos en México es una manifestación de una crisis profunda en el desempeño de las instituciones públicas. Los secuestros, robos, asaltos, extorsiones y muchos otros delitos han proliferado en todo el país como consecuencia de la ineficacia del sistema de justicia y seguridad del Estado mexicano. El deterioro se produce porque el nivel de rigor en la aplicación de la ley es muy laxo, es decir que tenemos normas duras que se aplican con poca eficacia en la realidad, por lo que el Estado de derecho es en muchos aspectos una simulación.

Durante mucho tiempo la sociedad mexicana ha desarrollado una especie de tolerancia a la informalidad, a la trampa, la corrupción, el ingenio que rompe y evade la ley; esta cultura se ha desarrollado al tal grado que muchos de los modelos sociales de la niñez y la juventud incorporan estas “habilidades”, lo que nos ha alejado del trabajo consistente y riguroso como ruta del bienestar, para dar paso a una admiración de los malabares ingeniosos de lo irregular. Tanto es así, que ahora el éxito en cualquier sentido es sospechoso de tener tras de sí algo ilegal, en lugar de convertirse en objeto de admiración y respeto social.

Mientras esta situación se mantuvo en términos manejables todos toleramos este hecho, pero ahora que los efectos están tocando a la mayor parte de las comunidades del país nos alarmamos. Hemos sido parte de una estructura que necesita sacudirse para hacerse más rigurosa. Este proceso lo han vivido muchas sociedades, entre ellas las naciones más industrializadas, en Europa como es el caso de Italia, Estados Unidos, Inglaterra o las mismas naciones emergentes de Asia, en donde la misma sociedad se convirtió en promotora del orden, apoyando el combate a la mafia y la delincuencia mediante una cultura de respeto a la ley.

Es hora de hacer una revolución para hacer respetar la ley a cabalidad, que implica la participación de la sociedad y la fuerza del Estado. Para esto se requiere mucha visión, valor, patriotismo y altura de miras que deje de lado las diferencias partidistas. En estos momentos es cuando se prueba la grandeza de los hombres y se distinguen los verdaderos liderazgos.

Por eso es especialmente decepcionante que ante el momento de indignación producido por los asesinatos y secuestros, las propuestas sean simplemente un aumento de penalidad, cuando todos sabemos que tenemos leyes inoperantes, autoridades coludidas y una sociedad tolerante. Salir a la opinión pública a decir que la situación no es tan grave es una ofensa a la dignidad de todos los ciudadanos, que muestra signos de incapacidad de los responsables para enfrentar un hecho ineludible: México y Jalisco enfrentan una crisis en la aplicación de la ley, y ya es hora de que cambiemos la tendencia de deterioro por un fortalecimiento de las instituciones.

El verdadero cambio que México necesita es una transformación de sus instituciones públicas para hacerlas eficientes, rigurosas, respetables, admiradas; mientras esto no suceda seguiremos en medio de una crisis de las instituciones que día a día se corroen más. El camino será largo y difícil, pero es la mejor herencia que podemos dejar a nuestros hijos.

LUIS SALOMÓN / Doctor en derecho.
Correo electrónico: lsalomon@iberlinks.com.mx
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