La elección del próximo martes en los Estados Unidos será un parteaguas que tendrá consecuencias en la relación que mantiene nuestro país con aquella Nación.
Los escenarios probables son:
1.- Una victoria de Barack Obama por un margen reducido, de tal forma que no logre el control de ambas cámaras.
2.- Una victoria con el control de ambas cámaras, lo que le permitirá un mayor margen de acción.
3.- Una victoria arrolladora de los demócratas.
4.- Una sorpresiva victoria de los republicanos, con el control de las cámaras por los demócratas.
De todos estos escenarios, lo que parece más probable es una victoria de Obama con el control del Senado y de la Cámara de Representantes.
Si esto es así, México requiere de una muy intensa actividad y presencia en la capital de Estados Unidos en los próximos años, puesto que con una amplia mayoría demócrata en el Capitolio habrá cada vez más voces en contra del Tratado de Libre Comercio (TLC) con México y Canadá. Esto significa que puede haber un debate sobre las nuevas condiciones de integración económica.
Esto significa una oportunidad para replantear las relaciones, pero habrá que construir una plataforma de acción con los congresistas y con la opinión pública de Estados Unidos.
Los hechos de los que debe partirse son claros: México hoy está lejos de ser un tema prioritario, a no ser por las amenazas a la seguridad nacional. Los asuntos como la migración, el comercio, el medio ambiente y la energía, son temas que no están en el centro de la atención de la población norteamericana.
La crisis financiera se convierte cada día en una crisis de la economía real, y por ende la lucha por los empleos se recrudece, haciendo a un lado las oportunidades para los migrantes, generado una corriente de antipatía hacia la migración mexicana.
La acción de nuestra diplomacia es de vital importancia en este momento. Quizá por eso en los últimos días se han intensificado las acciones conjuntas en materia de seguridad, y quizá por eso también la siguiente reforma que se hará llegar al Congreso para su discusión serán los cambios a las normas de seguridad y justicia, muy en línea con un esquema de coordinación en información y sistemas de inteligencia.
Lo cierto es que habrá presiones políticas que requieren de preparación por nuestra parte, de parte de grupos de sindicatos, de algunas empresas, como de fuerzas políticas ya identificadas como adversarias de la integración comercial. También las habrá en contra de la migración y contra la debilidad institucional de México en materia de seguridad y justicia.
Si bien es cierto que la relación con México no fue un tema central en la campaña electoral, es necesario que los temas relacionados con nuestro país se introduzcan en la agenda política de nuestros vecinos, y para ello será necesario echar mano de una estrategia diplomática activa en diversos frentes: la nueva Presidencia, el nuevo Congreso, los nuevos actores que incidirán en la solución de la crisis financiera, así como con los diversos factores de poder económico y los medios de comunicación norteamericanos. Un gran reto para la cancillería, y para nuestro embajador, que seguramente requiere de muchos refuerzos. El Presidente no debe descuidar este momento crucial para fortalecer la presencia de México, luego de años de deterioro de nuestra imagen en el exterior. Es hora de trabajar con fuerza para incidir, dentro de nuestras capacidades, en los factores políticos de nuestros vecinos.
LUIS SALOMÓN /Doctor en Derecho.
Correo electrónico: lsalomon@iberlinks.com.mx
Los escenarios probables son:
1.- Una victoria de Barack Obama por un margen reducido, de tal forma que no logre el control de ambas cámaras.
2.- Una victoria con el control de ambas cámaras, lo que le permitirá un mayor margen de acción.
3.- Una victoria arrolladora de los demócratas.
4.- Una sorpresiva victoria de los republicanos, con el control de las cámaras por los demócratas.
De todos estos escenarios, lo que parece más probable es una victoria de Obama con el control del Senado y de la Cámara de Representantes.
Si esto es así, México requiere de una muy intensa actividad y presencia en la capital de Estados Unidos en los próximos años, puesto que con una amplia mayoría demócrata en el Capitolio habrá cada vez más voces en contra del Tratado de Libre Comercio (TLC) con México y Canadá. Esto significa que puede haber un debate sobre las nuevas condiciones de integración económica.
Esto significa una oportunidad para replantear las relaciones, pero habrá que construir una plataforma de acción con los congresistas y con la opinión pública de Estados Unidos.
Los hechos de los que debe partirse son claros: México hoy está lejos de ser un tema prioritario, a no ser por las amenazas a la seguridad nacional. Los asuntos como la migración, el comercio, el medio ambiente y la energía, son temas que no están en el centro de la atención de la población norteamericana.
La crisis financiera se convierte cada día en una crisis de la economía real, y por ende la lucha por los empleos se recrudece, haciendo a un lado las oportunidades para los migrantes, generado una corriente de antipatía hacia la migración mexicana.
La acción de nuestra diplomacia es de vital importancia en este momento. Quizá por eso en los últimos días se han intensificado las acciones conjuntas en materia de seguridad, y quizá por eso también la siguiente reforma que se hará llegar al Congreso para su discusión serán los cambios a las normas de seguridad y justicia, muy en línea con un esquema de coordinación en información y sistemas de inteligencia.
Lo cierto es que habrá presiones políticas que requieren de preparación por nuestra parte, de parte de grupos de sindicatos, de algunas empresas, como de fuerzas políticas ya identificadas como adversarias de la integración comercial. También las habrá en contra de la migración y contra la debilidad institucional de México en materia de seguridad y justicia.
Si bien es cierto que la relación con México no fue un tema central en la campaña electoral, es necesario que los temas relacionados con nuestro país se introduzcan en la agenda política de nuestros vecinos, y para ello será necesario echar mano de una estrategia diplomática activa en diversos frentes: la nueva Presidencia, el nuevo Congreso, los nuevos actores que incidirán en la solución de la crisis financiera, así como con los diversos factores de poder económico y los medios de comunicación norteamericanos. Un gran reto para la cancillería, y para nuestro embajador, que seguramente requiere de muchos refuerzos. El Presidente no debe descuidar este momento crucial para fortalecer la presencia de México, luego de años de deterioro de nuestra imagen en el exterior. Es hora de trabajar con fuerza para incidir, dentro de nuestras capacidades, en los factores políticos de nuestros vecinos.
LUIS SALOMÓN /Doctor en Derecho.
Correo electrónico: lsalomon@iberlinks.com.mx