En algunas pasadas colaboraciones en el espacio de esta misma página de los domingos, hemos expuesto, aunque de una manera somera, algunos aspectos que trascienden la economía de inversión, vía las enfermedades que suelen estar presentes en los diversos órganos de un vegetal bajo cultivo, durante el ciclo biológico del mismo; así que con la voz de la experiencia y la autoridad respaldada con lo académico en el rubro, exponemos ante nuestros amables amigos productores y lectores interesados en el tema parte (hasta donde amablemente lo permite el espacio de una colaboración), el flagelo que azota al inversionista.
Más cosechas se pierden por enfermedades que por insectos
A manera de divisa hemos establecido este criterio que tiene su fundamento en el aspecto negativo de los apoyos técnicos; negativo, porque acorde al vocablo se nos niega la presencia y asistencia técnica especializada, y, porque las informaciones en las etiquetas de venta son muy limitadas en el espacio de empaque y a la vez, tan generalizadas en sus recomendaciones que se vuelven inprácticas considerado esto en el concepto de eficacia y costo, además de que los múltiples ecosistemas y microclimas en el país, y en este caso Jalisco en particular, no permiten pues el éxito total.
Por otro lado el mínimo entendimiento de un problema de fitosanidad, si apenas es manejado con altos costos, sin que se llegue al objetivo deseado de producir una cosecha sana de amplia aceptación por el mercado del consumidor.
Los daños causados por insectos a las plantas en cultivo son especializados, como preferencias tiene el insecto en sus diversas fases de desarrollo, en tal o cual tejido en donde encuentra la manera de alimentarse. Específicos pues son los productos insecticidas los cuales, con las dosis indicadas cumplen su función, así sea ésta incipiente o mínima. Habida cuenta de que algunas familias de insectos que perviven en la planta, son a su vez también vectores; es decir que, penetrados y contaminados por hongos patógenos y bacterios, pueden y, de hecho lo hacen depositar el causal en el órgano o tejido correspondiente.
Dejamos la parte de entomología colateral a las enfermedades vegetales y, expondremos éstas, a partir del efecto del medio y de la nutrición sobre el desarrollo de la enfermedad.
Abrimos boca pues a manera de prólogo respectivo con la mención de la “escoba de brujas”, daño muy común en el árbol del mango; se observan tejidos necrosados en los brotes tiernos de las inflorescencias de las brácteas en las ramas. Este daño es causado en origen, por la falta o deficiencia total de boro en el complejo de nutrición del vegetal. Es así el inicio de una enfermedad fisiológica, que tiene su repercusión en lo patológico, por la presencia del hongo: Marasious pernisiosus, perteneciente a la familia de los Bacidiomicetos. Vemos cuán complejo, pero interesante es saber que detrás del patógeno hay una genética, disciplina que desde luego no esperamos del dominio del productor, aunque sí, de la misma, un mínimo de interés.
Las condiciones del tiempo y del suelo influyen en el desarrollo estacional o de época y en la distribución geográfica de las enfermedades de las plantas. Es éste uno de los principios válidos más elementales y generales de la patología vegetal o fitopatología. Esta generalización que hacemos es antigua, pero el análisis y la medida precisa de los factores efectivos es una referente siempre actual. De los datos acumulados sobre los efectos de los factores ambientales surge una nueva vertiente de la ciencia de la patología vegetal: la ecología de los fitopatógenos o, dicho con más amplitud lo que se maneja actualmente como la ecología de las enfermedades de las plantas. De la información referente a las razones básicas, relacionadas con las causas de ciertos efectos, se ha desarrollado y se viene manejando en concepto una rama estrechamente vinculada a la fitopatología, que consideramos como la fisiología de los patógenos o, dicho de otra manera la fisiología de las enfermedades de las plantas. Ya hemos visto
lo descrito en las “escobas de bruja”, sólo como ejemplo de la correlación medio ambiente-nutrición.
Presencia y no presencia de los patógenos
Un ejemplo de la ecología de estos organismos y su presencia la tenemos en el mezcal tequilero que es atacado casi con endemia (presencia endémica) por el hongo Colletotrichum sp., que ocasiona la Antracnosis; otra enfermedad en la misma planta es la Cercospora, ocasionada por un hongo de los Ascomisetos. Así, una región en donde se producen determinados cultivos aparece dañada con la presencia de hongos patógenos y bacterios; mientras que alguna otra puede mantenerse sana. Observaciones hechas en campo sobre los efectos de la nutrición mineral, como en las royas del trigo, centeno y otras hicieron notar el amarillamiento de los repollos, esto junto con la acción de la temperatura del suelo como influencia, inicia una nueva era en los aspectos ecológicos de las enfermedades de las plantas, así también se hicieron estudios en los efectos fisiológicos.
Variantes en el desarrollo de las enfermedades
Una vez que la infección se ha producido, el grado y extensión del desarrollo de la enfermedad son característicos de cada combinación patógeno-hospedante-ambiente. Para cualquier factor ambiental determinado, como por ejemplo la temperatura, existe una mínima, una óptima y una máxima regularmente definidas, que influyen sobre el crecimiento del patógeno, pudiendo considerarse que aquél es normal cuando las desviaciones en más o en menos de la óptima no provocan un crecimiento marcadamente retardado o restringido del mismo.
Como ejemplo actual de época, si las malezas, sobre todo las de hoja ancha han sobrepasado la altura del cultivo, y las malas hierbas están en floración, significa que ya han acumulado suficiente cantidad de almidones; así, el patógeno desarrolla nueva generación dependiendo de las condiciones de la humedad del suelo, el calor desprendido a través de los estomas de los tallos de la maleza y, por supuesto la nutrición que está obteniendo en los tallos de la hierba indeseable. Esto se agrava si el cultivo ha sido establecido en suelo con tendencia alcalina. Por supuesto que los patógenos y bacterios encuentran asimismo hospederas u hospedantes del medio ácido, por ejemplo Asperguillus nigris, presente en muchos suelos de macetería.
Pero la temperatura y otros factores también afectan al hospedante y causan desviaciones de su susceptibilidad normal. Y los mismos afectan en forma diferente al patógeno y al hospedante, es decir, que pueden ser favorables para uno y perjudiciales para el otro. Debemos entender pues que es obvio, la posibilidad de que se produzca un desarrollo máximo de la enfermedad en un tiempo mínimo cuando todos los factores ambientales son favorables al patógeno y desfavorables al hospedante. Un ejemplo de época es el síntoma repentino que presenta el guayabo y el aguacatero; las condiciones adversas son una baja temperatura repentina en el interior de la planta que puede durar solamente unos minutos, tiempo y condiciones suficientes para que Xantomonas sp., cause el daño. Lo mismo sucede en cultivos como el melonero, la sandía y el pepino, cucurbitáceas éstas, que son dañadas por la aparición repentina de Pseudoperonospora cubensis.
Uno de los principales problemas a considerar en el efecto del ambiente sobre el curso de la enfermedad consiste en distinguir entre los que influyen sobre el patógeno y los que los hacen sobre el hospedante. Una enfermedad puede desarrollarse mejor en tiempo fresco y húmedo, aquí, los técnicos debemos preguntarnos si ello se debe a que el patógeno prospera especialmente en estas condiciones o a que se hallan debilitados la resistencia normal o el poder de recuperación del hospedante. Así mismo, nos preguntaremos si se acelera el desarrollo del patógeno o el hospedante está predispuesto. Ejemplo: el hospedante puede debilitarse poniendo en desequilibrio los elementos concurrentes y necesarios a su nutrición, cuando el cultivo sufre la carga lluviosa; en este sentido se estresa, por lo que es necesario aplicar fertilizantes foliares, a manera de correctores. El término predisposición -según Diccionario de la Lengua Española- se usa para describir una condición de extraordinaria susceptibilidad de la planta hos
pedante.
Evaluando el daño
La magnitud del daño causado por una enfermedad no siempre es una simple función de la susceptibilidad de los tejidos del hospedante, medida por el número y alcance de las infecciones; y como ejemplo citaremos a la planta de papa cuya afección puede ser simultánea y en diversos órganos vitales para su desarrollo, cuando aparecen “el tizón temprano” y “el tizón tardío”. Esto es Phitophtora infestans y Alternaria solanii.
Con el interés de continuar exponiendo el tema considerado de gran importancia en la economía, volveremos a tocarlo en colaboraciones posteriores.
ROBERTO SIERRA B. / Ingeniero agrónomo, asesor y consultor.
Correo electrónico: ing.sierra@yahoo.com